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Cómo amar la operación bikini

Foto: DARRIN ZAMMIT LUPI | Reuters

Muchos de quienes se desaniman antes de meterse de lleno en la operación bikini lo hacen después de imaginarse haciendo un ejercicio durísimo, adelgazando, o no, a costa de decenas de horas de entrenamiento. Sin embargo, un nuevo estudio publicado en la página web de BMC Public Health sugiere que podemos aprender a disfrutar de este trámite simplemente replanteándonos nuestras creencias y expectativas al respecto, ignorando esa imagen distorsionada del esfuerzo físico.

El estudio está liderado por Michelle Segar, directora del Centro de Investigación sobre Deporte, Salud y Actividad de la Universidad de Michigan, quien ha investigado durante años qué motiva a las personas a ponerse físicamente en forma. Esta vocación encontró su culminación en su libro No Sweat: How The Simple Science of Motivation Can Bring You a Lifetime of Fitness.  

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Una mujer corre junto a su perro sobre la nieve de Colorado, Estados Unidos. | Foto: Brennan Linsley/AP Photo

 

La investigadora, junto a su equipo, entrevistó a 40 mujeres de entre 22 y 49 años para conocer qué les hacía felices, cuáles eran sus motivaciones y qué reconocían como éxito. Luego utilizaron esta información para analizar cómo sus puntos de vista sobre el trabajo alimentaban o menoscababan esas reflexiones. Segar descubrió que todas las mujeres compartían aspiraciones, independientemente de si hacían deporte de manera regular o no. Entre ellas se encontraban tener relaciones sociales satisfactorias y cumplir con sus objetivos laborales y personales.

Con todo, la gran diferencia entre las entrevistadas, de acuerdo con los autores del estudio, residía en que aquellas mujeres que hacían menos deporte veían el ejercicio como un elemento contraproducente en la consecución de esas metas vitales. En este sentido, reconocían que no vinculaban el deporte a la tranquilidad, al confort, a una sensación real de descanso mental. Además, consideraban que el ejercicio les quitaba demasiado tiempo, les suponía demasiada presión y les obligaba a enfrentarse a la frustración de no cumplir con las expectativas, lo que les conducía a tirar la toalla incluso antes de plantearse el desafío.

Un buen punto de partida para estar en forma es hacer 150 minutos de ejercicio ligero por semana

En cambio, Segar descubrió que en las mujeres más habituadas a la actividad física el resultado era completamente distinto. Para ellas, el deporte formaba parte de sus aspiraciones sociales, intervenía como relajante en su tiempo libre y les hacía sentir mejor consigo mismas.

Este hecho hizo pensar a Segar que para conseguir que las mujeres más inactivas se lancen a hacer deporte debe producirse un cambio de mentalidad, una vuelta de tuerca que las conciencie de que el ejercicio les hará mejorar en todas las facetas de su día a día. Por ello, insiste en que el entrenamiento duro no es la única forma de ponernos en forma que vale la pena. “Eso ya no es cierto”, asegura. “Las nuevas recomendaciones sobre actividad física abren la puerta a ejercicios que se adaptan a cada persona”.

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Un grupo de mujeres, ejercitándose en una clase de fitness en Nueva York, Estados Unidos. | Foto: Seth Wenig/AP Photo

 

Así, el departamento de Salud y Servicios Sociales estadounidense defiende que se pueden conseguir “beneficios sustanciales en la salud” a partir de los 150 minutos semanales de ejercicio a una intensidad moderada, como dando largos paseos. Y es cierto que los beneficios adicionales se producen conforme se realiza más deporte, pero Segar considera que este punto de partida es más que suficiente para quienes están habituados a una vida sedentaria.

En lugar de plantearnos el ejercicio como una antítesis del ocio, como una forma de robarnos el tiempo libre, la investigadora recomienda cambiar la mentalidad, no tomárselo tan en serio. “Las mujeres deben aprender a utilizar la actividad física como una forma de relajarse, de pasar más tiempo entre amigos y familiares”, sostiene Segar. “Simplemente hay que hacerlo porque mantenerse activo mejora el estado de ánimo y nos ayuda a sentirnos bien”.

A fin de cuentas, cualquier actividad física es mejor que no hacer nada. Ya sea paseando en bicicleta, jugando con tu perro o apuntándote a clases de baile. El secreto reside, como dice la investigadora, en “apostar por el ejercicio cuando la oportunidad se produzca”.

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