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Cómo los restos de tejidos se han convertido en la base de negocios sostenibles y millonarios

Foto: Fleur | Unsplash

Las telas que sobran y que normalmente acaban en la basura se han convertido en una alternativa creativa y sostenible no solo para los pequeños emprendedores, sino también para las grandes marcas, que han hecho de estos restos un gran negocio.

Lo que es una práctica habitual entre los estudiantes de moda, que buscan materiales baratos entre los restos de las fábricas y en mercadillos de segunda mano para poder desarrollar sus proyectos, ahora se está extendiendo entre los diseñadores e incluso ha sido el origen de negocios millonarios.

Grandes marcas creadas con restos

Hace años, hacer productos nuevos con los restos de otros o con artículos ya usados era propio de pequeñas marcas o tiendas y era casi impensable que se pudiera asociar al lujo y a los grandes negocios.

Sin embargo, la conciencia sobre el cambio climático y la necesidad de una moda más sostenible para tratar de ser respetuoso con el planeta ha cambiado la forma de ver esta práctica por parte de los diseñadores y los compradores, que cada vez se abren más a comprar este tipo de productos.

Un ejemplo de esto es la marca estadounidense Reformation, que comenzó recogiendo los restos de las fábricas y tiendas de Los Ángeles y ya tiene un valor de más de 100 millones de dólares. Ahora se ha convertido en una marca que hace de la sostenibilidad su principal atractivo y que, además de reutilizar tejidos que sobran y no usa carbón ni componentes que dañen los océanos, entre otras prácticas.

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Otro ejemplo de esto se la línea Reclaimed Vintage de Asos, que incluye entre sus productos algunos hechos con restos de tejidos o con otras prendas ya usadas.

La sostenibilidad gana premios

Las prácticas como el uso de tejidos que sobran y de prendas viejas para crear nuevas colecciones están empezando a ganar visibilidad gracias al apoyo de festivales y grandes marcas, que con sus premios dan un empujón a los nuevos diseñadores que quieren hacer de la sostenibilidad el centro de sus creaciones.

El festival Hyéres, de fotografía y moda, es un ejemplo de ello. El último ganador de este premio, Christoph Rumpf, asegura que “todo lo que tiene es de segunda mano” y que seguirá utilizando restos de tejidos cuando termine sus estudios.

La colección cápsula que Rumpf presentó al festival estaba hecha en un 90% con sobras de tejidos, muchos de ellos comprados en mercadillos.

También ha triunfado la sostenibilidad en los premios LVMH, dirigidos a jóvenes diseñadores, en los que la diseñadora Emily Bode se ha hecho con uno de los puestos de finalista después de lanzar una colección con restos de tejidos como trapos y fundas de colchón, entre otros.

Las dificultades de trabajar con restos

Utilizar restos de tejidos y prendas usadas para crear nuevas colecciones es muy sostenible y cada vez está mejor valorado, pero sigue generando problemas a la hora de elaborar prendas accesibles para todos los consumidores. Por eso, aunque se ahorra dinero a la hora de adquirir el material, los costes pueden elevarse durante el proceso de producción.

El principal obstáculo es que las sobras y los tejidos usados no se pueden encargar en grandes cantidades ni se sabe con certeza con cuáles nos vamos a encontrar. Por eso, en los últimos años han sido una buena elección para crear colecciones pequeñas y en ocasiones exclusivas.

Ahora, las marcas en crecimiento que basaron su negocio en este tipo de producción se encuentran con la dificultad de encontrar el material suficiente para cumplir con los pedidos de los minoristas, pues a menudo trabajan bajo demanda.

Para ello, están creando nuevas redes de contactos en las que incluyen a numerosas fábricas que les suministran restos en grandes cantidades. Además, acuden a menudo a ferias textiles, mercadillos de segunda mano y otros eventos en los que tienen posibilidades de encontrar algún tejido o prenda interesante para utilizar en sus creaciones.

Para salvar estos obstáculos es necesario también contar con la colaboración y la comprensión de los minoristas, que deben entender que, en ocasiones, la prenda pactada puede no ser exactamente igual al producto final debido a la dificultad para encontrar el material.

En este sentido, los diseñadores apuntan que tanto los minoristas como los consumidores se están adaptando y abriendo más a este concepto sostenible que cada vez se ve en más marcas.

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