Unas fotocopias olvidadas, un recorte de prensa o una pasión desmedida por los superhéroes, ¿cómo nacieron los guiones nominados al Goya? 
Foto: Sindicato de Guionistas ALMA

Cultura

Unas fotocopias olvidadas, un recorte de prensa o una pasión desmedida por los superhéroes, ¿cómo nacieron los guiones nominados al Goya? 

Este sábado se celebra en Málaga la 35º edición de los Premios Goya y, coincidiendo con la fiesta del cine, los guionistas de La boda de Rosa, Historias lamentables, Orígenes secretos, Ane y Los europeos compartieron algunas de las sorprendentes historias detrás de sus películas

por Fátima Elidrissi

Tres días antes de los premios Goya, que se entregan este sábado 6 de marzo en una gala adaptada a las limitaciones impuestas por el coronavirus, algunos de los guionistas nominados en las categorías de guion original y adaptado se han reunido en la Academia de Cine para hablar de sus historias. Cómo algunas estaban olvidadas en un cajón desde hace más de tres décadas y otras salieron de un recorte de periódico. De qué manera una adaptación es un segundo original. Por qué los guiones no solo pueden, sino que deben cambiar y crecer para terminar mostrando sus verdaderas intenciones. E incluso cómo engatusar al espectador, o en primera instancia al productor que pone en marcha la película, para que compre tu sueño. 

«La cruda realidad es que los españoles no demandan historias de superhéroes», afirmó David Galán Galindo, coguionista junto a Fernando Navarro de la película de Netflix Orígenes secretos y autor, a su vez, de la novela homónima en la que se basa la cinta. «Yo soy lector de cómics desde los seis años y para mí son mi vida, entonces mi sueño era escribir una gran historia de superhéroes con la conciencia de que jamás iba a poder hacer la película porque en España no se hacen superhéroes como los que yo leo», explicó el también director en un evento organizado por el Sindicato de Guionistas ALMA.

«Aquí siempre se enfocan desde un punto de vista paródico, tenemos esa cosa quijotesca de que utilizamos a los superhéroes para reírnos de ellos, para ridiculizarlos. Entonces me pregunté, ¿cómo consigo que ese niño se tome la medicina?», continuó explicando Galán. Y la respuesta fue disfrazar su historia del mismo modo que harían sus admirados personajes para ocultar su verdadera identidad.

«El thriller y la novela negra funciona muy bien, así que pensé en hacer una historia sobre un asesino en serie y luego meter a mis superhéroes», pues su psicópata mata imitando las primeras apariciones en los tebeos de los superhéroes más conocidos. «Es una especie de trampantojo», confesó Galán sobre su ardid, que primero vio la luz como libro y después como filme. «Yo intenté escribir la novela lo mejor posible, pero lo cierto es que la hice pensando en la película. De algún modo, el libro era un arma para poder levantar esta película porque yo tenía claro que mi gran batalla eran los despachos», remató. 

Frente a la insistencia de Galán en hacer realidad su proyecto, Javier Fesser, coguionista junto a Claro García de la película de Amazon Prime Video Historias lamentables, reconoció que él había olvidado completamente su existencia. «Si no me llego a encontrar con esas fotocopias en una mudanza no estaríamos aquí», aseguró el director sobre este proyecto de 1986, el primer guion de un largometraje que escribió. 

«De esa idea han quedado el título y el espíritu, la inocencia y la ingenuidad con que estaban escritas esas historias cuando piensas que todo es posible y no tienes miedo a equivocarte», dijo sobre la película completamente nueva que finalmente surgió en el proceso de escritura junto a García. Y que está formada por cuatro segmentos independientes, pero interconectados. «Las historias que elegimos claramente eran de la misma familia y los personajes que las habitan del mismo clan. Entonces al convertirlas en guion, aunque fueran autónomas y en mundos diferentes, teníamos presentes el resto. Para nosotros siempre ha sido una película y las historias tienen una relación total y completa», añadió el director.

Más pegadas a la realidad, en este caso a los recortes de prensa, suelen trabajar Iciar Bollaín y Alicia Luna, que en La boda de Rosa se inspiraron en una noticia encontrada en The Guardian sobre varias mujeres que se habían casado consigo mismas. «Empezamos a investigar y descubrimos a una mujer en Kioto que tenía una agencia de este estilo», así que cogieron un vuelo y se fueron para allá. «Pero resultó ser una agencia que organizaba sesiones de fotos para alimentar el ego, que no era lo que estábamos buscando», explicó Luna. Siguieron con la búsqueda hasta dar con May Serrano, una turolense afincada en Bilbao que lleva más de una década organizando las bodas que buscaban. 

«Reúne a mujeres y después de hacer una especie de terapia de grupo cierto día hacen esa especie de performance, algunas vestidas de novia y otras no. Reparten naranjas enteras entre la gente, porque se consideran naranjas enteras y no medias naranjas, y van al espacio que el ayuntamiento les haya cedido para celebrar la boda», narró Luna. «Todo el mundo acaba llorando con los votos, incluso los que no entienden nada o no lo comparten, porque las personas que se casan acaban fortalecidas y cambia su vida, como decimos los guionistas, tienen un punto de giro», remató. 

Tratando de buscar similitudes, Fernando Navarro aseguró que por muy distintas que parezcan estas películas «las tres dialogan porque van en contra de la realidad, el villano es España o las cosas que se supone que no deberían poder pasar». A este respecto, y hablando de la verosimilitud, Fesser aseguró que por muy rocambolescas o esperpénticas que puedan parecer sus películas, siempre son un reflejo de esa realidad.  «Cuántas veces me habrán dicho, ¿de dónde sacas esos personajes? Y yo respondo, ¿pero, tú sales a la calle, coges el metro, te miras en el espejo? Los personajes raros son los de los anuncios de Danone». 

A continuación, David P. Sañudo y Marina Parés contaron cómo Ane, una película sobre la relación de una madre y una hija en la Vitoria de 2009, nació en París después de los atentados de Bataclan y Charlie Hebdó. «Los dos vivíamos allí y veíamos que la situación política condicionaba nuestro día a día, como ir a la biblioteca y que te registraran el bolso, que en mi caso, como soy blanca, era algo rutinario, pero con una amiga árabe era mucho más concienzudo. Esa situación va creando un malestar a muchos niveles y pensamos en aplicar esas sensaciones a lo que estábamos escribiendo», explicó Parés. Y Sañudo le dio la razón diciendo: «siempre intentamos ser honestos con esa idea de fracturas, cómo se establece o se atraviesa esa frontera entre lo sociológico y lo íntimo, lo que ocurre fuera y el interior de una casa». 

Para rematar, Bernardo Sánchez aseguró que fue la propia novela de Rafael Azcona, Los europeos, el que de alguna manera les pidió convertirse en una película. «Estábamos en casa de Víctor García León», el director, «y de pronto, en la biblioteca, sobresalía el lomo de ese libro. Y yo dije esto es lo que tenemos que hacer, se nos va a caer encima», comentó con una sonrisa. «Pensamos aquí hay una historia de un país no contada en un tono que no está contado. Empezamos a trabajar y desde entonces cuatro años largos. Pero nunca perdimos ni la confianza ni la ilusión por contar esta historia», añadió sobre la adaptación, que realizó junto a la coguionista Marta Castillo.

Tanto en el caso de Ane como en el de Los europeos, todos los guionistas insistieron en que una parte muy de su labor consiste en no agarrarse a sus primeras ideas, estar dispuestos a modificarlas, adaptarlas o incluso eliminarlas ciertas escenas según las necesidades de la historia. «Al principio comenzábamos con toda la parte de Madrid, que al final cortamos. Pensamos, ¿esto no está ya hecho y se llama El pisito y El cochecito? Vamos a lanzarlos directamente a Ibiza al naufragio», explicó Sánchez sobre el viaje de estos dos solteros treintañeros a finales de los años 50, destacando, asimismo, la influencia de Raúl Arévalo y Juan Diego Botto como protagonistas. «Los actores participaron mucho. De, hecho, yo empecé a escribir con ellos en la cabeza, escuchando sus voces, viendo sus rostros. Pero el último guion y la última escritura es el montaje», remató.

Fátima Elidrissi

Periodista freelance. Colabora con El Mundo y The Objective. Sus pasiones son la televisión, el cine, la literatura y el teatro.