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El último concierto de Lori Meyers y la manía de querer 20 años más

Foto: J.P.GANDUL | EFE

“Todo esto es culpa de la gente”, gritaba la gente. Eran 12.000 personas enfervorecidas, que se habían metido en un WiZink Center lleno hasta arriba para ver a un grupo de granaínos que ha pisado ya casi todos los escenarios españoles. Lori Meyers no querían hacer del sábado nada estrambótico, sino lo que llevan haciendo dos décadas. Lo avisó Noni al principio del concierto: iba a haber poca cháchara y mucha música.

Con puntualidad más inglesa que de Loja, los Lori arrancaron con Vértigo. Después de Planilandia, Luces de Neón terminó de asentar a un público que se despide del grupo hasta 2020. “Gracias porque sin vosotros llegar hasta la veintena no hubiera sido posible”, dijo Noni, en una de las pocas intervenciones sin música. Los de Granada se van a tomar en 2019 un año de respiro de los directos que llevan encadenando tantos años para preparar un nuevo disco. Para firmar a lo grande este punto y aparte, dos horas y media de repaso acompañados de luces infinitas, pantallas múltiples y grafismos cuidadísimos, diseñados al detalle para cada canción.

Una combinación de performance que funcionó a la perfección en Tokio ya no nos quiere, cuando el rojo tiñó cada “si te quieres venir, ahora ya no hay vuelta atrás”. Sobraron luces preparadas en Luciérnagas y mariposas, cuando miles de fans sacaron sus linternas en un efecto que hubiera funcionado mucho mejor si el WiZink no hubiera estado tan iluminado como una tarde de verano.

 

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Lori Meyers durante su actuación en el concierto especial 20 años en el Wizink Center de Madrid. Crédito: EFE | J.P.Gandul

 

“Explícame cómo concilias el sueño”, saltaban los Lori en una letra que el sábado parecía reflejar su propia incredulidad a estos 20 años de música y proyectos cumplidos que los han llevado a instalarse en la primera línea del indie español.

Alejandro Méndez, Antonio López y Alfredo Núñez rompieron el juego de luces y pantallas en mitad del concierto para coger unas cuantas sillas y un cajón flamenco y montar un mini-set acústico que devolvía la intimidad a un show gigante. “Vamos a hacer un homenaje a nuestros orígenes”, dijeron antes de interpretar Saudade y Rumba en atmósfera cero. De ahí directos a la locura de Alta fidelidad sin transiciones ni paréntesis ni nada que nos dejara descansar. “Yei, yei”.

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Noni, el cantante, durante el concierto. Crédito: EFE | J.P.Gandul

Además de la única versión que hizo el grupo, Esperando nada de Antonio Vega, nos quedamos con Siempre brilla el sol, Océanos, El tiempo pasará¿Aha han vuelto? y Eternidad.

En la recta final del concierto, vimos a gente volver corriendo cargada hasta arriba con litros de cerveza para saltar con la canción que ya se ha convertido en nuestro himno para todo. No hay fiesta, bajona, tarde en el gimnasio o amor suelto que no levanté Emborracharme.

La fiesta de despedida de los Lori terminó con mi mundo que es mi realidad y con una petición que entre globos y confeti compartía todo el WiZink. “Queremos otros 20 años más”, gritó Noni. Y nosotros también.

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