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Daniel Ortega, el dictador que ignoramos mientras masacra a su pueblo

Foto: Cristóbal Venegas | AP

Daniel Ortega es un presidente ausente, pero sus ‘escuadrones de la muerte’ están cada vez más presentes en las calles de Nicaragua. Aparece de vez en cuando y las informaciones de una posible enfermedad que le acecha –por lo que supuestamente viaja constantemente a tratarse a Cuba– son, hasta el momento, especulaciones.

Una de esas apariciones la hizo el viernes pasado cuando llamó a “recuperar la paz y la reconciliación de la nación por el bienestar del pueblo”. Esto lo dijo desde la llamada por el Gobierno ‘Caravana del repliegue por la paz’. Allí, el mandatario destacó que se ha avanzado en “la consolidación de la paz, porque la paz hay que estarla consolidando permanentemente”.

El problema es que la paz de Ortega se traduce en muertos y desapariciones. En tres meses han sido asesinadas 264 personas y más de 1.800 han resultado heridas en las protestas que exigen su renuncia, según el último informe de la CIDH. Un organismo nacional, la Asociación Nicaragüense Pro Derechos Humanos (ANPDH), da una cifra aún mayor. Habla ya de 351 muertos, más de 2.100 heridos y más de 200 desaparecidos, en su último recuento. Ambos informes son del 19 de abril al 10 de julio de este año.

“Mi gobierno garantiza el orden, la paz y la estabilidad social, pese a que fuerzas extrañas propician el desorden y atentan contra la tranquilidad y el bienestar”. Aunque pareciera, esta frase no es de Ortega. La expresó Anastasio Somoza contra quien tanto luchó en su momento el ahora presidente de Nicaragua cuando era guerrillero de la Revolución Sandinista. Es que Ortega sigue llevando a la práctica los métodos guerrilleros.

Desde la prensa hasta el padre de Álvaro Conrado, llamado el ‘niño mártir’, quien fue el primer menor de edad asesinado de un balazo en el cuello cuando llevaba agua a los manifestantes, han dicho: “Hablaban de Somoza y ellos salieron peor”.

La política de las tres P

Ortega cumple la política de las tres P de Somoza: “Plata para los amigos, plomo para los enemigos, palos para los indiferentes”. Nació el 11 de noviembre de 1945. Paradójicamente en una ciudad del departamento de Chontales llamada La Libertad. Su carrera política la forjó en los campos como guerrillero y es admirador del Che Guevara. Aunque en Managua comenzó la carrera de Derecho, luego la dejó para encabezar el movimiento sandinista en contra del somocismo y el “imperialismo norteamericano”.

En 1967 fue arrestado y encarcelado durante siete años por robar un banco para comprar armas, cuando Anastasio Somoza gobernaba, quien luego fue derrocado por los sandinistas.

En 1974 Ortega fue liberado en un intercambio de rehenes y viajó a Cuba para recibir entrenamiento guerrillero. Como líder del partido Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), está acusado de cometer múltiples fraudes electorales por tener secuestrados los órganos electorales del país. También en 1998 su hijastra Zoila América, actualmente exiliada en Costa Rica tras acusar a su madre, Rosario Murillo, de perseguirla políticamente, lo acusó de abuso sexual.

Menores asesinados

Álvaro Conrado no es el único menor de edad muerto en la ofensiva de Ortega. La víctima más joven ha sido un bebé. Teyler Lorío murió de un disparo en la cabeza. Tenía apenas 14 meses y 16 días. “No tenía color ni partido político, estaba en estado angelical. Jamás se imaginó que le iban a disparar”, dijo su padre, Nelson Lorío, quien lo llevaba en sus brazos cuando recibió el impacto de parte de “policías y paramilitares” que realizaban ‘labores de limpieza’ en el barrio Américas Uno de Managua.

La ‘operación limpieza’ lanzada por el Gobierno, cuyo objetivo es acabar con los bloqueos de las vías que la población civil ha armado para protegerse de los grupos paramilitares, se ha convertido en una matanza a sangre fría de decenas y decenas de civiles que exigen su dimisión desde el 18 de abril.

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La hermana de Jose Esteban Sevilla Medina, una de las víctimas de los paramilitares en Masaya. | Foto: Cristóbal Venegas | AP

“Los grupos parapoliciales campan a sus anchas fuertemente armados, acompañados por cuerpos policiales, cometiendo ataques de forma conjunta en contra de la población civil”, ha denunciado Erika Guevara Rosas, directora para las Américas de Amnistía Internacional. “El mensaje que envían las altas autoridades nicaragüenses es que están dispuestas a cualquier cosa para acallar las voces de quienes se manifiestan en contra de esta violenta represión. Esta situación es de suma gravedad y merece una contundente condena por parte de la comunidad internacional”.

¿Quién se enfrenta a Ortega?

Dora Luz, periodista de La Prensa de Nicaragua, ha expresado que en Nicaragua no existe una “oposición” política como tal. “Estas protestas no tiene que ver nada con partidos políticos. Comenzaron como protestas espontáneas de grupos de autoconvocados que reclamaban al Gobierno por la reforma al sistema de Seguridad Social. Eran desde estudiantes hasta jubilados”.

La Prensa reseña que el lunes 16 de abril, el presidente ejecutivo del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS), Roberto López, anunció un paquete de reformas al reglamento de Seguridad Social que aumentaba el aporte de trabajadores y empleadores al INSS, reducía las pensiones en un 5%, entre otras medidas, para salvar de la quiebra dicha entidad. Esto, sumado a la subida del precio de la gasolina y a la inacción del Estado durante el incendio de la reserva natural Indio Maíz a principios de ese mes, indignó a la sociedad.

Esa misma tarde, un grupo de personas bajo el hashtag #SOSINSS en redes sociales, se organizaron para realizar la primera protesta masiva en Camino de Oriente. Horas antes, un grupo pequeño se reunió en las afueras de uno de los edificios construidos con los fondos del INSS a exigir cuentas al Seguro Social.

La primera dama y vicepresidenta designada por el poder electoral, Rosario Murillo, llamó a hacer caminatas y piquetes a nivel nacional para apoyar las reformas. Una poetisa excéntrica de 67 años ataviada de pulseras y pañuelos ordenó, y la Juventud Sandinista obedeció. Los militantes se fueron a las principales rotondas y avenidas de Managua. También había mayores, estudiantes uniformados y motorizados, muchos pertenecientes a los grupos paramilitares.

Cuando los jóvenes autoconvocados se reunieron en Camino de Oriente ese miércoles, las turbas de la Juventud Sandinista y motorizados se trasladaron hasta ahí. Golpearon, robaron e intentaron dispersar a los manifestantes. Al final llegaron antidisturbios a golpear y cercar a los que protestaban. Allí comenzó la violencia que hoy sigue escalando y ya se cobra más de 300 vidas.

Los estudiantes universitarios no se amedrentaron. Al día siguiente jóvenes de la Universidad Nacional Agraria (UNA), Universidad Nacional de Ingeniería (UNI) y la Facultad Regional Multidisciplinaria (Farem), entre otras entidades públicas se rebelaron, no solo contra de las reformas al INSS, sino contra la corrupción, la dictadura de Ortega y para exigir libertad de prensa. La Fundación Violeta Barrios de Chamorro ha contabilizado 195 casos de violaciones a la libertad de expresión en Nicaragua entre los meses de abril y julio. Entre estos está el Miguel Ángel Gahona, un periodista que cubría las protestas en la costa caribe del país.

Un diálogo de sordos

La Iglesia católica ha intentado mediar para lograr una resolución al conflicto pero ha resultado imposible. De hecho, su mediación, la ha convertido en un blanco del Ejecutivo por apoyar a las víctimas de la represión orteguista.

“La Iglesia ha hablado de manera frontal, han hablado de terrorismo de Estado, de Estado genocida. Los obispos y sacerdotes han denunciado y condenado ataques, agresiones, muertes, desapariciones por parte del Gobierno de Ortega”, señala Dora Luz.

Incluso hay asedios a los recintos religiosos y ataques directos a prelados. Dos jóvenes muertos dejó un ataque a balazos de fuerzas del Gobierno el domingo 15 de julio contra una iglesia en Managua, donde unos 200 estudiantes estuvieron atrincherado desde el viernes para evitar ser capturados por los paramilitares y la policía. También estos atacaron el coche en el que viajaba el obispo Abelardo Mata, uno de los cinco jerarcas católicos que median en el diálogo.

Nicaragua está sumida en su crisis sociopolítica más sangrienta desde la década de 1980, cuando Ortega también era presidente. En su primera Presidencia se enfrentó a la guerrilla de los ‘contras’, apoyada por Estados Unidos, en un conflicto que dejó unos 35.000 muertos hasta 1990. Tras perder las elecciones de 1990 ante Violeta Barrios de Chamorro, se despojó del uniforme verde olivo que lo acompañó durante la Revolución Sandinista y adoptó la indumentaria de paisano como líder de la oposición.

Tras su vuelta al poder en 2007 se alió con el empresariado, con el que ha cogobernado los últimos 11 años, en un modelo que llama de “diálogo y consenso”, aunque ha excluido a otros sectores. Después de reelegirse en 2011, gracias a una maniobra legal, Ortega ha dejado el poder prácticamente en manos de su mujer, su portavoz oficial. Ella ejerce el poder detrás del trono.

Según AFP, Ortega ha pasado de tener altos índices de popularidad a un rechazo de 63%, según un estudio de mayo de la firma CID Gallup. Poco queda de aquel líder revolucionario que ilusionó al continente 39 años atrás. Hoy la comunidad internacional y su país lo señalan como responsable de una feroz represión a quienes quieren sacarlo del poder.

Daniel Ortega, el dictador que ignoramos mientras masacra a su pueblo

Ortega tiene un rechazo de 63%, según CID Gallup | Foto: Alfredo Suniga

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