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Todas las caras de Helena: víctima, adúltera, reina y diosa

Foto: Ricardo Vidals | Foto cedida por el autor

Cual arqueólogo mitológico, Daniel Tubau ha consultado todas las fuentes clásicas que hablan de la famosa Helena, de Troya y de Esparta, para tratar de reconstruir el mito original, exponer las razones de tantas y tan diferentes interpretaciones de la vida de la misma mujer, y tender puentes hacia el psicoanálisis, los nacionalismos o la teoría de los memes.

 

Existen tantas Helenas como voces le han dado poetas, filósofos o dramaturgos. Para todos es el símbolo de una belleza sin igual. Para algunos, la causante de la muerte de hombres y la destrucción de pueblos y ciudades, concretamente, la responsable de la Guerra de Troya. Para otros, esta mujer de la Antigua Grecia es simplemente una víctima de sus circunstancias, los dioses y la fuerza (o el poder de seducción) de un hombre: Paris. Investigadores atentos han descubierto a una reina poderosa que gobernó en Esparta tanto como su esposo Menelao. Y su mito sirvió para configurar otro: el de la nación griega. Para descifrarlas a todas y rastrear las huellas de la leyenda primigenia que las inspiró a todas, Daniel Tubau ha escrito Maldita Helena (Ménades Editorial), un libro entre el ensayo histórico-literario y el relato de viajes donde acompañamos a la célebre protagonista de tantas historias.

Helena en principio era la mujer a la que no había que imitar en oposición al modelo de Penélope, esa mujer que se pasa 20 años esperando a su marido y tejiendo y destejiendo un tapiz para engañar a los pretendientes y rechazarlos”, comienza explicando Tubau sobre esta mujer adúltera, considerada una traidora a su patria y a la que, no obstante, se elevó al olimpo de los dioses. “Helena es la mujer que, raptada o voluntariamente, va con Paris a Troya, tiene amores con Aquiles, cuando muere Paris se casa con su hermano Deífobo y, además, tiene muchos otros amantes. Pero curiosamente en Grecia empezó a surgir un movimiento complejo de defensa de Helena: algunos querían justificarla diciendo que fue víctima de los dioses, que se la llevaron por la fuerza o que fue seducida por el logos, la palabra, a la que no te puedes resistir», señala. “Para mí la mejor defensa es la de la poeta Safo, que dice que no hace falta más justificación que la fuerza del amor y lo que deseas”, añade.

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Imagen vía Editorial Penedés.

“También está la Helena de Esparta, que tras volver de Troya fue reina al mismo nivel que Menelao. No parece una reina consorte, sino que tiene un poder y una iniciativa casi mayor que su marido, lo que parece sugerir un recuerdo de una sociedad menos discriminatoria con la mujer en la época mítica o micénica frente a la época histórica o clásica. De hecho, en Esparta Helena era muy admirada y era adorada como una diosa. Así que esa imagen de mujer pervertida no coincide con el culto que se le daba. E igual lo que hay es una rivalidad entre Atenas y Esparta”, continúa diciendo. En este sentido, “hay otra Helena que, siendo niña, es raptada por Teseo, el rey de Atenas. Según parece, muchos de los mitos de Teseo son inventados para dar a la ciudad un héroe comparable a los de las otras ciudades, y resulta que también rapta a Helena”, señala.

El recuento no termina aquí. “Se habla de una Helena que no fue a la Guerra de Troya y pasó ese tiempo en Egipto. Al parecer estuvieron luchando por una Helena hecha de nubes y cuando regresaron esta se disolvió y volvió la Helena que nunca había estado en Troya, ni había sido infiel a Menelao”, cuenta Tubau para añadir divertido: “Incluso hay una Helena en los Campos Elíseos, que vive con Aquiles y juntos pasan los días recitando los versos de Homero”.

Un viaje por la Grecia clásica de la mano de todas las manifestaciones de Helena

Para encontrar a estas Helenas y, a partir de ellas, reconstruir el mito original, Tubau ha consultado todas las fuentes grecolatinas –mitos, discursos políticos, diatribas filosóficas, comedias y tragedias– que la mencionan, articulando su relato a partir de los diferentes lugares que según cuentan visitó: más de una treintena, igual que los capítulos del libro. “La voy acompañando por todos sus viajes y es interesante ver cómo tantos lugares dicen que Helena se relacionó con ellos”. Al fin y al cabo, a partir de esta mujer se elaboró el mito fundacional de Grecia.

“Lo heleno, lo griego, etimológicamente no tiene que ver con el nombre de Helena, pero sí que hay ahí una similitud y es que ella fue el primer motivo por el que los griegos se sintieron griegos: se unieron entre diferentes ciudades-estado para rescatarla y fue el primer momento en el que fueron una comunidad única a pesar de sus diferencias. La esencia de la comunidad griega como tal surge del mito, el rapto y el rescate de Helena. Y a partir de ahí se construye esa Helenidad”, explica Tubau, que en el libro explica cómo esa guerra fue el modelo a imitar cuando los ejércitos persas se presentaron en sus costas casi un milenio después y fueron vencidos por una alianza de estados griegos. Y siguió siéndolo cuando el macedonio Alejandro, que llevaba siempre encima un ejemplar de la Ilíada, venció a Darío y estableció el imperio más extenso hasta entonces conocido.

En una de las muchas digresiones que el autor va entreverando entre las historias de Helena, esta idea del orgullo patrio y el relato fundacional conecta con “lo que hoy llaman storytelling: construir con historias para convencer a la gente”. Y entre la ficción identitaria y la realidad histórica, añade: “La sospecha máxima es que Helena no fue la causante de la Guerra de Troya y, si la hubo, fue por motivos comerciales, pero envuelta en el rescate parece más justificada”.

Todas las caras de Helena: víctima, adúltera, reina y diosa

Daniel Tubau: “La esencia de la comunidad griega como tal surge del mito, el rapto y el rescate de Helena. Y a partir de ahí se construye esa Helenidad” | Foto: Ricardo Vidals. | Cedida por el autor.

¿Las mujeres tenían más libertad en la época mítica que en la Grecia clásica?

A este respecto, es importante tener en cuenta que la mayoría de los testimonios que nos llegan de esta época fueron escritos siglos después. De ahí las llamativas contradicciones que plantea el rol social de la mujer. “Hay una paradoja porque ves que en la época mítica, hoy llamada micénica y desarrollada hacia el 1.200 a.C., que no son griegos como tales pero hablaban un griego primitivo, la mujer da la impresión de que tenía más libertad que en momentos posteriores, en la época histórica”, cuenta a este respecto Tubau.

“El comportamiento de las mujeres en la Ilíada sorprende, incluso el de Penélope, porque se queda sola en Ítaca, pero nadie le quita el trono y reina 20 años. También hay un pasaje muy interesante donde Andrómaca le dice a Héctor la estrategia militar que debe seguir en Troya. Héctor no le hace caso, muere y todo es trágico, pero resulta que el plan que le da ella es muy bueno y después se ha visto que precisamente el lugar que ella se señala es el punto débil de la muralla”, explica. Algunos autores van más allá y sugieren que las mujeres participaron en la elaboración de estos mitos dada su presencia y protagonismo en estas historias a través de las diosas, que suelen actuar en un plano de igualdad respecto a los dioeses, pero también por la mencionada relevancia de las mortales. “En la Iliada y la Odisea se pasa mucho tiempo hablando del mundo femenino”, apunta el autor sobre esta teoría, de momento, difícil de probar.

Hablando de los ecos de Helena, Tubau salta de los dioses griegos al psicoanálisis de Freud, el sofista Gorgias y la teoría de los memes de Dawkins, la Guerra de Troya como un mecanismo malthusiano de control de la población, los fantasmagóricos dobles o doppelgänger, los videojuegos o el pensamiento lógico. “Helena se defiende diciendo que ella no es la causa de la Guerra Troya. Pues una diosa le prometió a un hombre que yo iba a ser su posesión, antes esa diosa quería una manzana que otra había tirado, y así va retrocediendo y retrocediendo, porque si siempre hay una causa de la causa, ¿cuál es la causa original?”, apunta el escritor, cuyas publicaciones incluyen libros de ensayo como Nada es lo que es, Elogio de la infidelidad o La verdadera historia de las sociedades secretas; No tan elemental, sobre Sherlock Holmes, o El arte del engaño, revisión comentada de El arte de la guerra del estratega chino Sunzi.

En conclusión, Maldita Helena no solo acerca al lector de hoy a una mujer compleja, contradictoria e injustamente denostada, sino que nos enseña a mirar estos relatos con otros ojos, más atentos. En palabras de Tubau: “Se puede aprender a entender los mitos con más profundidad, yendo más allá de la superficie de la leyenda que se cuenta y encontrar el trasfondo histórico y social como defiende el evemerismo, una teoría creada precisamente por un griego”, Evémero de Mesene, en el siglo IV a. C. “A lo mejor no encontramos a Helena porque a lo mejor existió o a lo mejor no, no tenemos pruebas definitivas ni de que existiera ni de que causara la Guerra de Troya, pero hay verdades ahí que todavía pueden estar ocultas. Como ocurrió con los relatos de Homero, que transmitió parte de una tradición que se creía falsa hasta el desarrollo de la arqueología moderna y las excavaciones de Schliemann, que a finales del siglo XIX encontró las ruinas de Troya”, sentencia.

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