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¿De qué habla James Gray cuando habla del espacio?

El cineasta neoyorquino crea en 'Ad Astra' una aventura espacial donde el espacio es accesorio: los verdaderos escenarios son la soledad, la masculinidad y las expectativas frustradas

Foto: Plan B Entertainment

James Gray se cansó de escribir historias en Nueva York, así que miró hacia las estrellas. La idea de Ad Astra le alcanzó hace diez años y lleva escrita desde 2011. La espera se hizo larga, ¿cómo no cayó en la desesperación? Tal vez le ayudó la experiencia de La noche es nuestra (2007), para la que trabajó durante siete años desde que le llegó la propuesta hasta que comenzó el rodaje de este drama vestido de cine negro.

La máquina de asumir riesgos que es Plan B, productora que puso en pie Brad Pitt, se interesó por el guion de Ethan Gross y James Gray y puso todo lo que tenía en el proyecto: 80 millones de dólares y el rostro de Pitt en prácticamente cada uno de los planos. “No diseñamos la empresa para ser una productora de éxito”, explicó la estrella de Ad Astra en una entrevista para GQ. Así que apoyó el proyecto, igual que lo hizo antes con El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford o 12 años de esclavitud o Z, la ciudad perdida —también de Gray— para respiro de un Hollywood carente de inversores arriesgados y guiones originales.

Algunos críticos mostraron su preocupación ante la noticia de que James Gray iba a dirigir una aventura espacial, ¡Gray es el tipo de The Yards y Two Lovers! Pero la intranquilidad no estaba justificada: Gray ha demostrado en toda su filmografía que sus escenarios son tan íntimos, tan emocionales, que se convierten en accesorios: los argumentos podrían transcurrir en Saturno o en Manhattan, que el ser humano seguiría siendo el escenario natural.

'Ad Astra': ¿De qué habla James Gray cuando habla del espacio?

Brad Pitt es Roy McBride en Ad Astra.

Cuando habla del espacio, James Gray habla de la soledad, de la distancia que separa a los hombres y la dificultad de estrecharla —a veces—, del precio a pagar por las expectativas frustradas. No hay un hombre más sólo que Roy: flotando a los pies de Saturno, el astronauta se convierte en la imagen misma del hombre frente al abismo. El espacio se convierte en el pretexto porque el verdadero viaje de Roy es hacia sí mismo: cuando más lejos, más cerca. Cuando más cuestiones responde sobre su padre, cuando más se aproxima a la expedición de Saturno, menos le importan el espacio, las estrellas, la vida en otros lugares. ¿Y si todo lo que importa está en la Tierra?, se pregunta. Y si tuviera otra oportunidad, ¿podría enmendar mis errores y comenzar de cero?

Es cierto que el espacio da oportunidad a desarrollar ciertas distopías –la colonización de Marte y la Luna, las guerras por los recursos, las luchas por las fronteras–, pero lo más interesante sucede escafandra adentro. Ad Astra está ligado a Z… y en realidad a todos sus trabajos anteriores. Hay una anécdota de montaje perfecta para demostrar que Gray, como los grandes autores —porque es uno de ellos—, tiene sus propios códigos y también sus propias leyes.

Durante una escena, casi a final del montaje, Brad Pitt aparece llorando en una zona de gravedad cero. Los guionistas no repararon en el detalle, pero físicamente es imposible; las lágrimas no recorrerían un rostro en gravedad cero como lo harían en la Tierra. Pitt se lo dijo al director, le sugirió que las eliminara en edición; se sorprendió al descubrir que Gray tenía otros planes: “Lo siento, voy a dejarlas. La interpretación ha sido demasiado buena, amigo”.

'Ad Astra': ¿De qué habla James Gray cuando habla del espacio? 1

Roy McBride, en su camino a Saturno.

Las lágrimas de Roy son liberadoras. “¿Qué es ser un hombre?”, se pregunta Brad Pitt en una entrevista para El País. “Crecimos con una idea de la masculinidad centrada en ser fuerte, en no mostrar ni debilidades ni vulnerabilidades. Eso nos lleva a reprimir una parte de nosotros y, con ella, nuestros dolores, arrepentimientos, heridas. Te construyes una barrera que te obstaculiza en la relación con los demás, y también contigo mismo”.

Roy McBride es el significado mismo de la palabra contención. “Estoy calmado, estable”, sostiene en la prueba psicológica previa a cada viaje. “He dormido bien, sin pesadillas. Estoy listo para salir y hacer mi trabajo de la mejor manera. Estoy centrado en lo esencial, excluyo todo lo demás. Únicamente tomaré decisiones pragmáticas. No me permitiré distracciones. No permitiré que mi mente persista en cuestiones intrascendentes. No confiaré en nada ni nadie. No seré vulnerable ante los errores”.

Roy es el significado de la palabra contención, decíamos. Lo es ante el abandono del padre, ante el amor de su esposa, ante la explotación de la agencia. Hay un muro esculpido en su cuerpo y somos testigos del derrumbe, a su debido tiempo. “En demasiadas ocasiones la he cagado en mi vida”, se dice con el fin de la aventura. “Hablé cuando debí escuchar. Fui duro cuando debí ser comprensivo”. Pero ni siquiera los monólogos interiores definen a este hombre como las lágrimas en el segundo adiós de su padre. No queda nada del tipo que debía centrarse sólo en lo esencial. El muro del héroe se construyó sobre arena. Lo esencial, descubre Roy, lo esencial es otra cosa.

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