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"De rodillas, madrecita, hasta llegar a tu altar": millones de peregrinos se postran ante la Virgen de Guadalupe

Fieles católicos de todas partes del país caminan durante días para llegar a la basílica de la capital a celebrar el día de la "Madre de México"

Foto: Marco Ugarte | AP

Hincados en la tierra y con los brazos tiesos a los lados se colocan los peregrinos en la plaza Mariana, al norte de la Ciudad de México. Uno de ellos, con gorra y vaqueros, se santigua agachado, una, dos veces, murmura un rezo. Más cerca de la entrada, un padre y su hijo andan sobre los huesos de sus rodillas hacia la basílica de la Virgen de Guadalupe, piel y cartílagos solo protegidos por el tejido negro de un chándal nuevo. Una mujer cede la tela blanquecina en la que porta a su bebé y avanza, a cuatro patas, con las largas trenzas negras balanceándose a los lados; la hijita da pasos a la izquierda sin adelantar a su madre. En los últimos escalones, alguien ayuda a una señora a levantarse de sus piernas magulladas.

Ellos, los jóvenes, exhiben las heridas, el negror de la piel quemada y amoratada, el rojo de la sangre y de la carne viva. Están tumbados a la sombra en uno de los laterales de la basílica con los pantalones remangados. Han venido corriendo desde Zacapoaxtla, en Puebla, y han tardado tres días, dicen así en bajito. “¿Os podemos hacer una foto?”. Entonces se yerguen y no se quitan la gorra y miran entretenidos. Luego los vemos paseándose con sus equipos brillantes color granate por las escaleras del cerro del Tepeyac. Hay que hacer tiempo antes de volver a casa.

Peregrinos descansan en la basílica de la Virgen de Guadalupe. | Crédito: Aitor Bengoa | The Objective

Una mujer avanza arrodillada hacia la basílica de la Virgen de Guadalupe. | Crédito: A. Bengoa | The Objective

La Basílica de la Virgen de Guadalupe es el santuario más importante de México y recibe más visitas que el de Lourdes (Francia) o Fátima (Portugal). En 2018, más de 10 millones de peregrinos católicos de todas partes del país se acercaron a la capital del Estado con motivo de la celebración del día de la reina de México, emperatriz de América. Para este año, las previsiones apuntan que se superará esa cifra.

Cuentan que el 9 y el 12 de diciembre de 1531, la Virgen de Guadalupe se le apareció a Juan Diego —que, cuentan, era indio, cristiano, humilde— en el cerro de Tepayac. El mismo que ahora está repleto de vendedores que graban pequeñas monedas con la imagen guadalupana, de fotógrafos que han montado un set con flores, burros, sombreros mexicanos y estatuas de la Virgen a tamaño real, de peregrinos que descansan y se refrescan en las fuentes.

Peregrinos en el cerro de Tepeyac. Abajo, la plaza Mariana. | Crédito: Beatriz Guillén | The Objective

“Es la primera vez que vengo a ver a la Virgencita”, dice con su voz aflautada de cinco años Jesús Santos —recitando así su nombre, completo y del tirón—. Ha venido en un carro rojo y todo le ha parecido muy bonito, también dice subiéndose a la espalda de su madre.

Lisbeth y Germán son de Perote, Veracruz, y cada 8 de diciembre salen de su casa para visitar a la Virgen de Guadalupe. “Le pedimos pues que estemos bien. Y bendiciones para nuestra familia”, explica Lisbeth mientras se coloca los mechones bajo la gorra. Estas noches han dormido en la furgoneta en la que vinieron junto a otras 20 personas. “Se adjudica el tiempo y se paga la contribución para los trajes y el transporte”. Su equipo es azul oscuro y con él correrán en relevos durante el día de vuelta: el 12, el día grande, lo pasan en su comunidad que es fiesta. No, claro que no se quedan en Ciudad de México.

Los miembros de un club de carrera de Aguaxotla (Guerrero) se preparan para entrar en la basílica. | Crédito: A. Bengoa | The Objective

La historia es similar a la de Hilaria y Juan Carlos, que forman parte de un club de carrera guadalupana, donde el más pequeño, Eddie, está apuntado desde los ocho años. Tras 11 horas de viaje desde San Martín Jolalpan, en Guerrero, llegaron de madrugada a la Basílica y presentaron velas, figuras y coronas a la Virgen.

La vuelta la van a hacer corriendo por la carretera. “Venimos en varias combis [furgonetas] y tardamos tres días en volver por las paradas”, dice Juan Carlos para explicar después con paciencia qué es eso de los relevos. Funciona así: un grupo corre hasta el primer punto señalado, mientras el resto del equipo hace el trayecto dentro de la furgoneta. En la parada, se cambian los papeles: los corredores se suben al vehículo y es otro el grupo que rueda hasta el siguiente descanso.

Además de las carreras y andando, también hay peregrinos que llegan en grupos ciclistas. Desde los días previos se los veía pedaleando por las carreteras en dirección a Ciudad de México. Algunos llevan una antorcha a la Virgen y en las camisetas, el lema: “Fuego Guadalupano”.

Juan Carlos llevaba tiempo de sus 29 años viendo llegar a los corredores hasta Cualác. Decidió que quería ser como ellos, los que guardan una promesa o un motivo. Le pregunto por el suyo. “Yo esto lo hago por devoción”. “Y ya nos vamos ahorita que el 12 tenemos que estar en nuestro pueblo”, se despide.

Francisco y Erica Villa con su hija Leslie. | Crédito: B. Guillén | The Objective

Es 10 de diciembre y en la explanada de la basílica solo hay un centenar de tiendas. El recinto se llena la noche siguiente, cuando se cantan Las mañanitas, la tradicional canción de cumpleaños, a la Virgen. Los creyentes consideran que el cumpleaños de la “Madre de México” es el 12 de diciembre, por lo que justo a la medianoche comienza la misa más importante que celebra la aparición.

Francisco y Erica Villa no se van a quedar para verlo. Han venido en autobús desde Puebla y solo pasan aquí una noche. Son campesinos y no pueden ausentarse mucho más tiempo. Se dedican a la siembra de flores: “De gladiolas y flor de muerto, ¿conoces? Es la que ponemos en el Día de Muertos, es bien bonita”, cuenta ella, muy tímida. Han instalado su tienda naranja en primera línea. La decoración con la manta de la Patrulla Canina es cosa de Leslie, que tiene tres años y tres viniendo a visitar a la Virgen. “Nuestros papás nos traían, ellos nos lo enseñaron. Ahora lo hacemos nosotros”.

Un cura reparte agua bendita en el recinto de la basílica. | Crédito: A. Bengoa | The Objective

Solo se bendicen objetos religiosos, no amuletos. Esto no es un sacramento“, vocea el padre colocado sobre un murete mientras lanza agua bendita. Los fieles alzan sus imágenes de la Virgen antes de entrar en la Basílica. Ahí dentro les espera la imagen original, tantas veces reproducida, engalanada en oro y custodiada por la bandera de México. La misa se entremezcla con los sonidos de fuera. Mariachis y danzas para recordar que esto también es una fiesta.

Ajenas a todo, Maricila y Jessy, de 19 y 20 años, se ríen tapándose la boca. Hablan por el móvil en altavoz con el novio de Jessy, conceden cortarle para que me siente con ellas, un poco avergonzadas. Comparten apellido —Cuauhtenango, según me escribe Jessy en el cuaderno con las letras ligeramente separadas—, pero aseguran que no son hermanas ni primas, solo amigas de la secundaria. Vienen también en carrera desde Pantitlán, en Guerrero, y creen que tardarán dos noches en volver.

Maricila y Jessy Cuauhtenango. | Crédito: B. Guillén | The Objective

Maricila lleva en la camiseta la inscripción que delata que es su primera peregrinación. Está satisfecha con la experiencia, sobre todo porque ha podido ver en primera persona algunas de las historias que cuenta la Biblia. También ha dado las gracias “por mantener la fe y la salud”.

“¿Y tú de dónde eres?”, dicen curiosas. Madrid les suena lejísimos. “¿Y qué vas a hacer ahora aquí?”. Me cuentan que Maricila quiere estudiar Contabilidad y Jessy una maestría de Preescolar. Antes de despedirnos, preguntan si favor nos podemos hacer un selfi juntas. “Es para contarle al novio de ella”. Ríen. Ya están de nuevo pegadas al teléfono.

“Ya llegamos virgencita, a tus plantas estamos ya. De muy lejos caminando venimos con devoción“, corean entonadísimos una columna de peregrinos muy jóvenes en dirección a la basílica. “De rodillas, madrecita, hasta llegar a tu altar”. Avanzan hasta que todo termina: “Ya nos vamos, virgencita, ya te venimos a ver. Te pedimos, madrecita, que nos concedas volver“.

Crédito: REUTERS | Carlos Jasso

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