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¿Está en peligro la democracia? María Ramírez, Máriam Martínez-Bascuñán, Pablo Simón y Daniel Gascón responden

Foto: Fundacion Telefonica

El ascenso de discursos extremistas y políticos autoritarios, en España y el extranjero, parecen amenazar los cimientos de las democracias liberales occidentales.

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Los triunfos electorales de Jair Bolsonaro en Brasil, Donald Trump en Estados Unidos y Viktor Orbán en Hungría han hecho saltar las alarmas en Occidente. ¿Están en peligro las democracias liberales? ¿Estos políticos retorcerán el sistema y las instituciones de tal manera que ni siquiera nos daremos cuenta de los derechos que estamos perdiendo? ¿Qué papel juegan los medios de comunicación en su ascenso? Estas fueron algunas de las cuestiones que se plantearon el jueves en el evento ¿Está amenazada la democracia?, celebrado en el Espacio Fundación Telefónica.

Para delimitar la discusión Pablo Simón, profesor de ciencias políticas en la Universidad Carlos III de Madrid, experto en sistemas de partidos y sistemas electorales y comentarista habitual en radio y televisión, comenzó por ofrecer una definición de democracia. “Como condición necesaria es un sistema en el cual los partidos que están en el poder pierden elecciones”, es decir, “aquellos que gobiernan pueden ser desalojados del poder y eso implica todo un aparataje institucional para que esto funcione”, afirmó.

Partiendo de esta base, “Si algo estamos viendo en el conjunto del escenario internacional es que hay hombres fuertes que jamás pueden ser desalojados del poder y que se perpetúan quitando aquellos elementos institucionales que les hacen poder ser desalojados. Nosotros [en España] somos una democracia talludita, tenemos 40 años, pero debemos estar pendientes de cómo funcionan nuestras instituciones para limitar el poder y no encontrarnos con sorpresas”, aseguró. “Es verdad que hay signos preocupantes de deterioro institucional en la justicia, las instituciones, los medios… pero si los que están a cargo no son conscientes de que hay que reinsuflar al sistema de legitimidad para que funcione bien, el síndrome del cirujano de hierro caerá por su propio peso”, concluyó.

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Máriam Martínez-Bascuñán y Pablo Simón. | Foto vía Fundación Telefónica.

Máriam Martínez-Bascuñán, jefa de opinión de El País, explicó las razones de este retroceso democrático del siguiente modo. “Por un lado, hay una reacción cultural a los avances progresistas que pensábamos que se podían dar por supuestos. Hay un subconsciente liberado que puede encarnar esta figura de los hombres fuertes y que pone en evidencia que la identidad de determinados grupos sociales se siente amenazada y es contestada con elementos como la nación, el género, los valores religiosos e incluso la identidad como trabajador”, señaló en referencias a estos discursos, habitualmente xenófobos y antifeministas. “Por otro, están las transformaciones económicas tras la crisis financiera vivida hace 10 años, que impactan de manera distinta dependiendo de los niveles de protección social de las diferentes democracias y provocan el crecimiento de populismos de izquierdas y derechas. Luego está la desigualdad como elemento que ha vaciado a las clases medias. Y el ego herido en Occidente frente a esos gigantes asiáticos que han roto con la idea de que progreso, democracia y bienestar van unidos”. A este respecto, Simón añadió: “Parece que el único consenso actual es que no hay alternativa a la economía de mercado. Lo que no está claro es la parte de la democracia liberal representativa. Con este segundo polo hay que estar más alerta”.

Resumiendo, la sociedad ha tomado conciencia de que el sistema es más frágil de lo que pensaba y es necesario permanecer atentos. Como señala Margaret Atwood en el prólogo que escribió para la nueva edición de El cuento de la criada, una distopía sobre un estado teocrático, totalitarista y machista publicada en 1985 que parece más real que nunca en su presente adaptación televisiva, “el orden establecido puede desvanecerse de la noche a la mañana”, “los cambios pueden ser rápidos como el rayo” y, “en determinadas circunstancias, puede pasar cualquier cosa en cualquier lugar”.

En conversación con The Objective, María Ramírez, moderadora del debate, cofundadora de Politibot y El Español, y actualmente directora de estrategia de eldiario.es, analizó la situación de Estados Unidos y las lecciones que desde España se pueden extraer. “Sin las tensiones raciales y económicas, lo que podíamos aprender es el peligro que tiene cuando un político domina, por interés casi de entretenimiento, la conversación. Eso lo hizo muy bien Trump, que es un empresario/estrella de la televisión y al final manejaba muy bien las bromas, la manera de presentarse. Tenía algo que enganchó especialmente a las televisiones por cable”, explicó. “En las primarias republicanas había 18 candidatos y le hacían más caso a él no porque pensaran que fuera a ganar, sino porque tenía más gracia, era más extremo. Ahora que en España tenemos estos dilemas sobre qué cubrir o qué no, no debemos dejar que políticos con falsedades controlen el debate porque si entras a discutir los argumentos de un político manipulador ya ha conquistado algo”.

Esto es lo que, en opinión de Simón, ha ocurrido con Vox, de momento en Andalucía. “Voldemort, aunque no pueda ser nombrado, sigue existiendo. Ese fenómeno ya está aquí, así que ahora ignorarlo no tiene sentido. Pero sabemos que la atención mediática lo ceba”, afirmó haciendo una analogía con el villano de Harry Potter. “Es muy complicado que los medios le pongan coto porque Vox, para ponerte a favor o en contra, te da clics, y eso es un hecho. Por eso juegan a la provocación. Los influencers tuiteros de izquierdas son copartícipes de la influencia que ha tenido Vox porque riéndose de ese anuncio en el que [Santiago Abascal] va montado a caballo generan humor, memes, pero sobre todo visibilidad y una comunidad de afectos” que se define en contraposición a ellos.

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“En España hay un exceso de tertulianos y de opinión y falta, en cambio, más información”. | María Ramírez. Foto vía Fundación Telefónica.

El debate de las emociones ha superado al de la razón lógica y en este nuevo terreno de juego las reglas ya no son las mismas. “Tú puedes presentar datos contra bulos como los 52.000 inmigrantes ilegales en Andalucía, pero da igual porque ya existe la creencia de que ya hay más de los que tocaba”, apuntó Simón. ¿Qué hacer, entonces, desde los medios de comunicación? En su opinión, definir el umbral de la indignación y “echar el lazo a la derecha moderada, que permanezca dentro del consenso, por ejemplo, en el feminismo”, sentenció.

Martínez-Bascuñán abundó en este tema diciendo: “Vox es un partido de extrema derecha nacionalista, surgido como una reacción en nuestro país al procés y ha tocado este tema del feminismo como una contestación a valores tradicionales que ellos quieren defender, como está pasando con la mayoría de los partidos ultras, incluido Trump. Pero creo que es posible que no les salga bien”. Y remató: “En España el movimiento feminista goza de muy buena salud, está muy bien organizado y en cualquier momento se puede activar”.

Daniel Gascón, filólogo responsable de la edición española de la revista Letras Libres y autor del libro El golpe posmoderno sobre el proceso soberanista de Cataluña, recomienda no dejarse arrastrar por los discursos polarizadores. “Qué hacer con las cifras falsas, cómo entrar a desmentirlas. Cuando hacen declaraciones que no tienen nada que ver con la realidad a lo mejor no tienes que entrar ahí. Hay que ser riguroso con las cifras, pero tampoco puedes renunciar al componente emocional. Esto va de relatos y tu relato tiene que ser mejor porque es más verdadero, pero también porque es más complejo y porque está mejor contado. Aunque esto en los medios es complicado, más en los medios que van al clic y no tienen barreras”.

Como conclusión, Ramírez aseguró: “Desde los medios tenemos que hacer más periodismo y más reporterismo. En España hay un exceso de tertulianos y de opinión y falta, en cambio, más información. Si a lo mejor hay un partido que está dando voz a personas que se sienten poco escuchadas porque no están en Madrid, en Barcelona o en las grandes ciudades, a lo mejor lo que tienen que hacer los medios es más historias locales”.

Y terminó diciendo a The Objective: “Es verdad que tenemos una democracia con instituciones más o menos maduras y sólidas, partidos políticos de todos los tipos que se reequilibran unos a otros, una variedad de medios, no todos buenos, pero algunos buenos. Aunque no estamos afrontando una situación crítica, sí debemos ser más vigilantes y exigir más a los servidores públicos que pagamos. Los políticos están a nuestro servicio, estamos delegando nuestro poder para que organicen la sociedad y también tienen la responsabilidad de tener un debate civilizado, moderado, donde no se cuestionen principios básicos y no se difundan mentiras. Ojalá esto sirva para que haya más activismo de barrio, asociaciones, firmas, ir al Congreso de los diputados y pedirles cuentas cuando haga falta”.

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