Desde mi ventana: Atroz
Foto: Paz Juristo

Cultura

Desde mi ventana: Atroz

Delirios, aforismos y microrrelatos inspirados por el confinamiento

por Álvaro del Castaño

Actualizado:

En The Objective tenemos el placer de publicar en exclusiva los primeros capítulos del nuevo proyecto literario del novelista Álvaro del Castaño, Desde mi ventana, escritos en Londres durante los días de cuarentena.

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Desde mi ventana: Morir solo 1

 

Nacíamos, predeterminados a una falsedad. Veíamos la primera luz empaquetados culturalmente en la impuesta felicidad, chocando con la tozuda realidad. Pero nuestra alma no estaba programada para ello. La frustración generada por este choque de trenes entrañaba envidia, odio, resentimiento. 

La desigualdad es parte esencial del ser humano. Todos nacemos absolutamente desiguales y eso nos hace únicos, genuinos, hace que el ser humano merezca la pena. El éxito no está en la igualdad sino en la diversidad.

La sociedad del bienestar nos educó a no luchar, acurrucándonos en torno al falso calor de la cultura de la apatía, inculcándonos el reproche al esfuerzo. La felicidad era un derecho, una obligación, había que perseguirla sin desmayo y vivir instalado en ella. El cristianismo, “el gran enemigo”, origen y raíz de nuestra civilización, por el contrario, nos había avisado. Veintiún siglos de sabiduría empírica, todos borrados por la nueva fe. Por decreto, fe en la ciencia. Una ciencia que hierra, aprende, evoluciona, cambia, acierta y enmudece parcialmente. 

El mundo es un valle de lágrimas. La felicidad no es de esta vida, sino del más allá. 

Vivir es un desafío continuo. Gracias por las rosas y gracias por las espinas.

Solo la búsqueda de la superación en el ser humano nos hizo atisbar la felicidad.

Nacer es sangrar, rasgar, romper, llorar, padecer. Es pasar frío, tener hambre, sentir dolor. Es una hecatombe, es pura violencia. El principio de la vida está unido al sufrimiento, que es el pecado original de la humanidad. 

Tras la subsistencia, cubiertas nuestras necesidades vitales mínimas, solo queda maravillarse. Sorprenderse, asombrarse de todo. Vivir para estar simplemente aquí, sin buscar lo extraordinario. Encontrar la belleza en lo ordinario es el principio fundamental. La ciencia, el arte, la ingeniería, la complejidad, son la cúspide de la superación. Con ello se  alcanzan los límites del ser humano. Pero si uno se maravilla de lo común, lo extraordinario nos deslumbra y el límite es vertiginoso. Podemos vivir en un estado continuo de admiración.

He amado el sol, la luz, el agua, los árboles, los elefantes, la nieves sobre las montañas, la vida abriéndose a la primavera en los valles, y el rumor indistinto que anuncia el amor en el corazón de los jóvenes. La vida es bella porque morimos, porque tiene final. (Jean D’Ormesson)

 

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ÍNDICE

Capítulo 1: Tempus Fugit

Capítulo 2: Mi casa es mi castillo

Capítulo 3: La belleza de la amistad se encuentra levemente implícita

Capítulo 4: Mirada furtiva. Un cuento

Capítulo 5: El gran desnivel

Capítulo 6: Inés

Capítulo 7: Una idea original

Capítulo 8: Morir solo

Capítulo 9: Atroz

Álvaro del Castaño

Vivo en Londres y trabajo en un banco de inversión. Soy novelista, pero mis novelas no nacen de una vocación literaria, sino de una necesidad vital. Observo la realidad con distanciamiento.