'Drink and learn', los idiomas se aprenden en los bares

Economía y capital

'Drink and learn', los idiomas se aprenden en los bares

“Esto empezó en el bar de un amigo en Malasaña”, dice Gabriel Pazos, al teléfono. Gabriel es el cofundador de una start up llamada Milingual que trata de implantar un modelo de aprendizaje de idiomas fundamentado en lo social. Junto a su hermano Andrés, idearon un proyecto donde las clases se trasladaban a los bares y las cafeterías y donde los profesores, más que en la teoría, se apoyaban en la conversación espontánea y casi coloquial para que los alumnos mejoraran su idioma. Todo organizado desde la web, a golpe de click. “El primer día vinieron unos 20 alumnos y 3 ó 4 profesores”, continúa. Hoy en día, solo en Madrid, existe una comunidad de casi 10.000 personas y 300 profesores. Han pasado tres años desde aquel primer encuentro.

por Jorge Raya Pons

“Esto empezó en el bar de un amigo en Malasaña”, dice Gabriel Pazos, al teléfono. Gabriel es el cofundador de una start up llamada Milingual que implanta un modelo de aprendizaje de idiomas fundamentado en lo social. Junto a su hermano Andrés ideó un proyecto donde las clases se trasladaban a los bares y las cafeterías y donde los profesores, más que en la teoría, se apoyaban en la conversación espontánea y casi coloquial para que los alumnos mejoraran su idioma. Todo organizado desde la web, a golpe de click. “El primer día vinieron unos 20 alumnos y 3 ó 4 profesores”, continúa. Hoy en día, solo en Madrid, existe una comunidad de casi 10.000 personas y 300 profesores. Han pasado más de tres años desde aquel primer encuentro.

La historia de Gabriel comenzó en una profesión y desde una vocación bien alejada de los idiomas. Porque Gabriel no es filólogo, ni profesor de idiomas; el joven empresario comenzó en la ingeniería y a ello dedicó sus primeros 10 años en el mundo laboral. “Yo soy ingeniero”, explica. “Antes de Milingual era director de proyectos en una empresa del sector energético nuclear. Nada que ver”. Luego ríe. El trabajo fundamental de su equipo consistía en construir zonas de control en centrales nucleares en China. “El típico puesto de control donde trabaja Homer Simpson”, bromea. De algún modo aquello dejó de entusiasmarle. Así que después de estudiar un máster de dirección de proyectos, que compaginaba con su empleo, se decidió a dar el paso.

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Andrés y Gabriel Pazos, fundadores de la start up. | Fuente: Milingual

 

Dejó su trabajo, se convenció a sí mismo y a su hermano y se lanzaron hacia una ilusión que ahora comienza a dar resultados. Preguntado sobre qué le llevó a decidirse finalmente, responde divertido: “La crisis de los 30”. Con todo, Gabriel insiste en que no fue una decisión en caliente, temperamental. “Me di cuenta de que si quería cumplir esta ambición debía implicarme totalmente”, añade. “Fue una decisión difícil, pero meditada. No fue de un día para otro”.

 

«Nuestra idea es que el alumno pueda aprender un idioma mientras hace actividades divertidas”

 

Aquella primera prueba en el bar de Malasaña, dice, le convenció de que este es un proyecto que promete éxito, que implica a la gente y ayuda a perfeccionar el idioma. Y este es un matiz importante; las clases son orales y se exige, de entrada, un nivel mínimo. Esto significa que trabajan en paralelo con las academias o las escuelas de idiomas, no enfrentados. “Nosotros tenemos claro desde el principio que no estamos inventando el nuevo método de aprendizaje, tenemos claro cuál es nuestro nicho”, reconoce Gabriel. “Nosotros nos posicionamos como un complemento que, conforme la persona va avanzando con el idioma, ese complemento se convierte más en lo que necesitas, que es mantener vivo el idioma. Por eso no somos competidores de los cursos online ni de las escuelas de idiomas; somos la parte social del idioma”.

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Un evento celebrado en Conde Duque, Madrid. | Fuente: Milingual

 

Este atributo les ha conducido a que algunas instituciones, como la Escuela Oficial de Idiomas o el Instituto Francés, se hayan interesado por ellos. De hecho, aunque en un inicio las clases se realizaban solamente en cafeterías y bares, ahora se han abierto a otro tipo de experiencias. Con el Instituto Francés, explica, organizan proyecciones y debates sobre las películas a las que asisten con la única condición de que desaparezca el castellano; solo se permite hablar francés. “Muchas veces viene hasta el director a presentarlo”, cuenta. “Lo que hacemos es hablar sobre la película, escuchar al director, por supuesto en francés, y el profesor ejerce un poco de moderador. Hay un interés muy grande en la película, pero sobre todo en el idioma”.

Gabriel Pazos, que comenzó su empresa con 10.000 euros, asume que la proyección de Milingual es global, que no se limita a España. Acaba de crear su primera comunidad en Manchester y Liverpool. “Hemos superado la barrera de las 500 personas”, dice, orgulloso. Los hermanos aspiran a expandirse poco a poco a otros países. Gabriel considera que su principal ventaja competitiva reside en sus precios, que son económicos, sobre diez euros por hora, y que la flexibilidad para el alumno es absoluta, pues gestiona desde internet el grupo al que se incorpora y la hora y el día que mejor se adapta a su jornada. “La ambición del equipo es estar a nivel mundial, que si te vas de vacaciones o por unas semanas a Roma, por ejemplo, puedas mejorar tu italiano al tiempo que conoces gente y conoces la ciudad. Esa es la vocación”, resume. A fin de cuentas, su idea consiste “en que el alumno pueda aprender un idioma mientras hace actividades divertidas”.