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Cómo educar a ciudadanos en el siglo XXI

Foto: Pan Xiaozhen | Unsplash

Definir un modelo educativo basado en la ética y el respeto es imprescindible para que los jóvenes se conviertan en ciudadanos informados y responsables. ¿Pero cómo lograrlo precisamente ahora, que diferentes formas de acoso, racismo y machismo se filtran en las aulas?

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Los niños de hoy serán los ciudadanos del mañana. Sobre sus hombros recaerá el peso de las decisiones tomadas por los adultos de un presente cargado de incertidumbre, donde las opiniones parecen tener más valor que los hechos y muchos consensos desaparecen dejando paso a la polarización y el extremismo. En este contexto, elegir un modelo educativo basado en la ética, la justicia, la dignidad y el respeto es imprescindible para lograr construir una ciudadanía informada y responsable.

El pasado 2 de febrero diversas personalidades discutieron sobre esta cuestión en La Casa Encendida. Durante la jornada, titulada precisamente Elegir un modelo educativo es elegir un modelo de ciudadanía, se abordó la necesidad de superar esta sociedad de espectadores, usuarios y consumidores, formando a una ciudadanía comprometida, capaz de ejercitar su voz en un marco cívico. ¿Pero cómo lograrlo precisamente ahora, que distintas formas de acoso, racismo, machismo y demás conflictos sociales ocupan titulares y se filtran en las aulas?

Mónica Stilman, licenciada en Educación, escritora y creadora del aula Hablemos de política en educación, moderó este intercambio de opiniones, donde comenzaron por definir el terreno de juego, la escuela, como la primera red social donde los niños entran en contacto con la democracia, conocen sus derechos, pero también sus deberes, y aprenden a ejercerlos en el marco de la diversidad.

“Para hacer ciudadanía hay un asunto radical, que es simplemente poner en contacto gente diversa. La escuela es un lugar donde, a diferencia de la familia, encontramos mentalidades muy diversas”, explicó Daniel Innerarity, catedrático de filosofía política y social en la Universidad del País Vasco, director del Instituto de Gobernanza Democrática y uno de los 25 grandes pensadores del mundo según la prestigiosa revista Le nouvel Observateur. “En la escuela aprendemos a convivir con personas diferentes con las que no se tiene un vinculo afectivo necesariamente. Y esto es un gran aprendizaje para la política”.

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“Para hacer ciudadanía hay un asunto radical, que es simplemente poner en contacto gente diversa.” | Foto: Edwin Andrade | Unsplash.

 

Aunque actualmente la política no goce de la mejor imagen, Innerarity recordó que socialmente se trata de un gran avance “porque se hace cuando ciertas cosas que venían de la tradición o impuestas por la jerarquía pasan a ser objeto de la libre decisión de los humanos en pública deliberación. Estas cuestiones cada vez son más, y para poder discutirlas hay que estar formados”.

La política se aprende fundamentalmente en el colegio, en la familia y haciendo la compra. El modo de consumir es un modo de hacer política. En familia, la manera de establecer la jerarquía es política. Y la escuela complementa eso con la formación. Cuando nuestros hijos llegan a casa siempre nos cuentan cosas. Un conflicto, una calificación con la que no están de acuerdo, la experiencia de encontrarse a alguien diverso, un intercambio en el deporte. Con todas estas cosas podemos dar una opinión que forme su sensibilidad política. Podemos decir que la injusticia es algo que no deben tolerar, que en el mundo hay competencia y cooperación”, recomendó.

Pero habitualmente tanto los jóvenes como los adultos reclaman sus derechos sin atender a sus obligaciones. Elisa de la Nuez, abogada del estado y secretaria general de la fundación por la regeneración institucional Hay Derecho, abundó en esta imprescindible toma de conciencia diciendo: “En democracia el cargo más importante es el de ciudadano. Nos sentimos apartados por los políticos, decimos que no nos representan, pero nosotros somos los responsables de esto. Desde nuestra experiencia hace falta una mayor conciencia cívica, ser más reflexivos, conocer mejor el debate público y ser más exigentes con los políticos y con nosotros mismos”. Por eso aseguró: “lo que realmente cala en los jóvenes es lo que tú haces y no el conocimiento teórico” que puedan estudiar en asignaturas, por otra parte necesarias, como educación para la ciudadanía.

En un mundo globalizado e interconectado, cada vez más complejo y más rápido, encontrar este espacio de reflexión es parte del problema. “El discurso social pretende que no tengamos preguntas, que vivamos de evidencias y nos sintamos culpables en lugar de preguntarnos qué está ocurriendo y por qué se dificultan las relaciones humanas”, afirmó Lydia Gómez Valverde, socióloga y psicóloga social, psicoanalista y experta en género. “Es realmente estremecedor cómo los jóvenes están retomando patrones de género que parecían en decadencia. Los celos como prueba de amor, ese tú eres mía y yo soy tuyo, que no significa lo mismo. Ahora que las relaciones son virtuales, imaginarias, cada uno se relaciona con la imagen del otro e imprime o proyecta una imagen de sí mismo, ser algo para alguien se ha convertido en una excepción” y desgraciadamente una forma de realización basada en estereotipos del amor romántico que pueden devenir en relaciones tóxicas.

“El tema del género nos habita, nos condiciona y nos dirige a todos los seres humanos. Nadie puede decir qué es ser un hombre o una mujer, menos generalizarlo, pero el sistema de género viene a paliar esa inquietud diciéndonos qué se espera de cada uno, atribuyéndonos características, modos de hacer y de pensar diferentes, donde además hay una jerarquía, una subordinación y un modo de construirse, una expectativa o una demanda social según el sexo biológico”, explicó. Esta construcción “suple la pregunta y nos da una receta social que termina por convertirse en un corsé que nos habita. No nos oprime desde fuera, lo llevamos incorporado, y tomamos como naturales cosas que son sociales”.

Hoy se contempla la educación en igualdad, la coeducación y el género se trabaja de manera transversal, pero como Gómez Valverde cuestionó, “¿se puede trabajar el género cuando los profesores y profesoras no lo han trabajado? No porque no les interese, sino porque me resulta difícil pensar que alguien que tiene que estudiar más de 80 estándares por alumno tenga tiempo de hacer algo más”.

Concepción Rodríguez González del Real, jueza de menores de Madrid, resumió el pensar de muchos de los presentes del siguiente modo: “Lo que no es viable es que el Estado esté cambiando de modelo educativo continuamente. Debe haber un pacto de estado para la educación, tenemos que saber cuál es el modelo educativo que queremos, que sea compatible con la ciudadanía y que se mantenga durante largos años”.

A modo de conclusión, Innerarity sentenció: “Históricamente en nuestro país la transmisión de ideas no ha tenido mucho éxito, más bien ha habido rupturas generacionales en el ámbito religioso, cultural y político. No es un buen consejo tratar que nuestros hijos sean similares a nosotros, sino intentar que sean buenos ciudadanos y personas respetuosas, darles herramientas para que tomen decisiones libremente y con responsabilidad. Que no piensen que la política tiene que ver con lo que me gusta, sino con la razón, que es algo que se puede discutir y argumentar. Y que no es malo tener preferencias y puntos de vista diferentes”.

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