Cultura

El bailaor Jesús Carmona rompe con la diferencia de género en el flamenco

por Lidia Ramírez

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El flamenco envuelve a Jesús Carmona (Barcelona, 1985) por elección y geografía emocional como esa brújula ancestral que lo conduce y acompaña por nuevos caminos. Rutas y senderos de momentos de extrañeza que suenan a seguiriyas, soleares o martinetes, pero también a tangos y rumbas con anhelos de esperanza en este año de vértigos individuales y riesgos colectivos.

Se calcula que el flamenco tiene unos doscientos años. Nacido en la Baja Andalucía entre la población marginal y pobre, es el arte de las tascas y de las ferias, de los agricultores y canasteros, de los mineros y pescadores; el baile en el que el hombre es la línea y la mujer la curva. Un arte al que le sobran clichés y estereotipos para que deje de ser visto como algo casposo, antiguo o con polvo.

Y aquí es cuando frente a la sobriedad y la fuerza del hombre, las vueltas de tacón y los discretos movimientos de cadera y tronco, llega Jesús Carmona para poner el flamenco patas arriba y al purista cabeza abajo.

Con la intención de romper las cadenas del flamenco clásico, como los tarantos, tangos, bulerías o jaleos, «ataduras» de conceptos con las que el bailaor no se identifica, el catalán ha creado ‘El Salto’, un espectáculo que nace de la necesidad del artista de dar respuesta a varias preguntas sobre la masculinidad en el siglo XXI y el género del movimiento analizado los estereotipos del hombre y la mujer en el flamenco.

«El flamenco tiene género, pero cada vez va más en desuso. Los más jóvenes intentamos romper esas diferencias, usar movimientos femeninos, por ejemplo, en mi caso, sin dejar mi masculinidad», nos cuenta Carmona en el Centro Coreográfico de Teatros del Canal.

El bailaor Jesús Carmona rompe con la diferencia de género en el flamenco

Imagen cedida por Jesús Carmona

De esta forma, en las 18 escenas de ‘El Salto’ –que iba a presentar en la Bienal del flamenco de Sevilla y que tuvo que suspender por el positivo en COVID-19 de uno de los integrantes– el bailaor dialoga sobre la necesidad de apoyarnos los unos en los otros y sobre el amor fraternal entre los hombres. Así, por ejemplo, con ‘Macho en la silla’, parodia la robotización de los patrones masculinos, repetidos hasta la saciedad, mientras que con ‘Emociones 1’ expresa aquellos sentimientos que la sociedad nos reprime.

Y frente al tradicional traje con camisa y americana del flamenco tradicional, torsos desnudos y tatuados en un número en el que Jesús Carmona ha querido coger todos esos estereotipos del hombre y transformarlos. «Este espectáculo me ha quitado muchas cargas y me ha ayudado a convertir en bellas mis debilidades», se confiesa el artista, referente internacional del flamenco moderno que acumula galardones como el ‘Premio El Ojo Crítico de Danza 2019′. 

Así, frente los puristas que se lamentan y dicen que el flamenco se está perdiendo, Carmona lo tiene claro: «Si eres purista no vengas a ver mi espectáculo, quédate en tu casa y ve a ver otra cosa que te llene el corazón. Hay artistas para todos los públicos, si no te gusta la vanguardia no vengas a criticar y pasarlo mal», defiende el catalán, de la misma forma que entiende y respeta a aquellos que conservan la tradición. «Pero que no nos maten a aquellos que queremos volar y descubrir otros movimientos», hace hincapié.

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Imagen: Eva Cubas | The Objective

Y de esta forma, el artista, también nominado a los Benois de la Danse 2020, conocidos como los ‘Óscar de la Danza’ en el mundo, defiende la evolución del flamenco porque, al igual que en el resto de las artes, por el tamiz flamenco también tiene que pasar la realidad cotidiana. «Yo estoy muy cerca de la realidad de mi sociedad, de mi gremio, se está pasando muy mal, pero nuestra realidad no es la realidad que se vivía antes, ahora deben sonar alegrías y tangos porque tiene que haber esperanza».

En este sentido, hace un llamamiento a las instituciones y a la sociedad en general: «Tienen que darse cuenta de lo que tenemos. El flamenco genera mucho dinero, es un sector del que viven muchas familias. Fuera nos rifan, no paramos de trabajar. La sociedad tiene que hacer un esfuerzo en descubrir su propia cultura».

-¿Y por qué este rechazo a nuestra propia cultura? –pregunto–.

-Porque a lo mejor tenemos una imagen de que el flamenco es algo antiguo, con polvo, y no es así. No ha habido ninguna campaña institucional reclamando que la sociedad vaya a consumir cultura, sí las he visto para que vayan al último bar donde se tomaron la última cerveza, pero para concienciar de que la cultura es necesaria no he visto nada. Para que no se pierda el flamenco tiene que haber campañas y, por supuesto, también apoyo a los artistas y a los tablaos, pero sobre todo campañas para que la sociedad sea consciente.

Y es que, sólo en Madrid ya son seis tablaos los que, sobre un total de 21, han anunciado internamente que tiran la toalla. Entre ellos están Casa Patas Café de Chinitas, dos templos del género.

Y así, tras haber vuelto a renacer al traspasar las diferencias de género en la danza, Jesús Carmona llevará el flamenco del siglo XXI por Londres, Nueva York, México, Brasil y Argentina. Porque este arte está donde los flamencos lo lleven; artistas que, siendo hoy rompedores, lo que habrán hecho es pasar por el tamiz flamenco la realidad cotidiana, como ya lo hicieron grandes clásicos del ‘arte puro’.
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Imagen cedida por Jesús Carmona

Lidia Ramírez

De la tierra de los cinco Califas. Tras años viviendo en directo en la pequeña pantalla, ahora escribo sobre cambio climático y derechos humanos en The Objective. Siempre a compás.