El collage literario de Juan Manuel Puig

Cultura

El collage literario de Juan Manuel Puig

por Romhy Cubas

En el arte, el sentimiento que perdura es el que juega con las tendencias y los años. El espacio entre disciplinas puede ser tan estrecho como muchos de los prejuicios que estas intentan quebrar en sus narrativas. Una novela suele estar a pasos cortos de un guión, el cual solo necesita medio empujón para convertirse en el diálogo de una obra teatral o cinematográfica destinada a las tablas o a la pantalla grande. Ese pequeño espacio es una puerta para artistas y escritores como Juan Manuel Puig, el autor argentino que se esmeró en jugar con los monólogos y la estructura literaria de la novela para crear un collage de identidades y encuadres cinematográficos.

Su lugar en la literatura latinoamericana suele ser menos recordado que el de nombres como García Márquez, Cortázar o Borges, pero los retos que asumió en su estilo, y su contribución hacia la deconstrucción de la identidad sexual y sus etiquetas con novelas como Boquitas pintadas, La traición de Rita Hayworth y El beso de la mujer araña son combinaciones que pocos han logrado crear.

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Cartel de la adaptación cinematográfica de El beso de la mujer araña | Imagen vía: Film Affinity .

Juan Manuel Puig se enamoró antes del cine que de la literatura y en sus ocho novelas, cuatros obras de teatro y continuos relatos y guiones de cine es evidente que el monólogo interior y los escenarios encuadrados perfectamente para la cámara tienen el mayor porcentaje de su influencia en la cinematografía. El terreno que encontró para contar sus historias es uno que vacila ente el guión y la novela para relatar eternas conversaciones que como una cebolla se van desnudando entre historias.

En 1956 ganó una beca para viajar a Roma y estudiar en el Centro Sperimentale di Cinematografía. Fue residente de metrópolis como Londres, Estocolmo, Nueva York y Río de Janeiro, ciudades en donde escribió sus primeros borradores para cine. El primer filme que recuerda Puig es La novia de Frankenstein, una película que resonaría en su memoria para toda la vida y que se uniría a la marcada influencia que tuvo Hollywood y los films de los años 30 y 40 en sus trabajos.

La parodia, la comedia negra, los flashbacks y el monólogo como principal narrativa fueron los vehículos para unir la fantasía con los tabúes sexuales y de género que convirtieron a sus novelas en un juego para/contra la cultura popular. Entre los melodramas diarios y la omnisciencia de un narrador, a la voz de Puig se le encuentra precisamente en la ausencia de un sonido específico.

Ejemplo de esto es El beso de la mujer araña, una de sus obras más recordadas y logradas por esa polifonía de monólogos que ajusta la correcta cantidad de controversia política y social. Para Puig, algo tan banal como la sexualidad no podía llegar a definir a una persona y esta es una declaración que marca su narrativa cuando se intenta desligar de los estereotipos de conducta sexual y en su lugar juega con las separaciones establecidas por el sistema.

 

 

Aunque la publicación de su trabajo se sirvió bajo la forma de novelas, en una entrevista para la revista trimestral The Review of Contemporary Fiction, Puig confesó no tener demasiadas influencias literarias en su vida:

 

“No tengo modelos literarios rastreables porque no he tenido grandes influencias literarias en mi vida. En cambio, ese espacio ha sido ocupado por influencias cinematográficas. Creo que si lo investigas a fondo, podrías encontrar una influencia de Ernest Lubitch en algunas de mis estructuras, por parte de Joseph von Sternberg, en la necesidad de cierta atmósfera. También Alfred Hitchcock. De lo contrario … No sé. De los escritores modernos, me gustan mucho William Faulkner y Franz Kafka. Sin embargo, eso no significa que los haya leído de manera exhaustiva o apasionada”

 

En su literatura hay una batalla contra la identidad sexual como algo definitorio, contra las normativas de la homosexualidad y heterosexualidad por igual. Sus reflexiones construyeron un género alejado de las etiquetas, reafirmando su máxima de que ‘la identidad no puede ser definida a partir de la características sexuales ya que se trata de una actividad justamente banal”.

Su obra tiene justo el tamaño adecuado para entender a su autor relativamente rápido. Aquí tres títulos perfectos para comenzar a conocer a Manuel Puig si todavía no te has aproximado a sus novelas.

 

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Portada de La traición de Rita Hayworth de Manuel Puig | Foto vía: La casa del libro

 

La traición de Rita Hayworth

Ambientada en Coronel Vallejos, una versión  ficticia del pueblo natal de Puig en Argentina, este es un relato con tintes autobiográficos en donde un chico llamado Toto recurre al cine para lidiar con la incomprensión y la indiferencia de su entorno. 

Toto quiere desprenderse de los cánones familiares y sociales y desencontrarse con las identidades que lo obligan a ser y actuar como los demás. Mientras tanto, la gran Rita Hayworth planea entre la ficción y la realidad creando el vínculo perfecto entre el cine y la literatura que siempre marcaron las pasiones de Puig.

Con esta novela el escritor argentino también estampa su definitivo sello literario de meta-ficciones y polifonías en una compleja estructura rodeada de múltiples estilos de narración que se encuentran en un mismo lugar y tiempo. 

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Imagen vía Seix Barral

Boquitas pintadas

Publicada en 1969 Boquitas pintadas es la historia de un hombre y tres mujeres narrada mediante diálogos, cartas, diarios y los largos monólogos acostumbrados de Puig.

Juan Carlos es el nudo que reconstruye  una serie de relaciones amorosas experimentadas en Argentina en los años 30 y que en cierta forma parodian la trivialidad de las conexiones humanas. Mabel, Nené y Elsa son los personajes que hacen de telones para cada una de las relaciones, miserias y folletines rosa de un galán de pueblo y  sus amoríos.

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Imagen vía Booklet.

El beso de la mujer araña 

Publicada en 1976 y adaptada a la pantalla grande en 1985 por el argentino Héctor Babenco, es el relato de dos prisioneros argentinos –Molina y Valentín- que comparten celda durante el tercer gobierno de Juan Domingo Perón. La celda sirve como confesionario de militancias y preferencias sexuales mientras que ambos desarrollan una compleja relación alimentada por el cine y la ficción. Con esta novela Puig explora a mayor profundidad esas convenciones sociales que venía criticando desde sus primeras publicaciones, a la vez que inserta una ficción tras otra a modo de telón narrativo.

William Hurt, quien interpreto a Luis Molina en la película, ganó un Oscar por su actuación en 1985.

Puig muere un 22 de julio de 1990 en Cuernavaca – México. Para él, estos libros fueron una terapia personal y obligatoria para su particular comprensión de la realidad.

“Escribo novelas porque hay algo que no entiendo en realidad. Lo que hago es localizar ese problema especial en un personaje y luego intentar comprenderlo. Esa es la génesis de todo mi trabajo (…) Dado que todos mis problemas son bastante complicados, necesito una novela completa para tratar con ellos, no una historia corta o una película. Es como una terapia personal. No hay libertad en esa elección. No es que elija hacerlo, sino que estoy obligado a hacerlo. Tiene que ser una novela porque necesito mucho espacio. Es una actividad analítica, no sintética” Juan Manuel Puig en The Review of Contemporary Fiction.