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El Kanka: "Si no podemos ofender a nadie, a lo mejor es que no podemos decir nada"

Foto: The Objective | The Objective

Juan Gómez Canca (Málaga, 1982) pasa la mayor parte de su tiempo siendo El Kanka y el tiempo entero siendo una carcajada. “Pero eso lo estoy cambiando”. Lo de escribirse más con k que con c, claro, que lo de la risa no se puede negociar. “Ya me han puesto el sambenito del cantautor del buen rollo, que está bien y me pega porque me sale natural centrarme siempre en la parte constructiva. Pero yo tengo mis penurias como todo el mundo e incluso puede que más porque soy muy sensible”. Con El Kanka es así casi toda la entrevista. Se enrolla y desenrolla, se ríe, muchísimo, y se queja muy poco, casi nada. “La verdad es que Amaia de Operación Triunfo me ha hecho una publicidad increíble, si ella lo supiera. Un día va a venir a cobrar”. Y se ríe. Cómo no.

Allá por el 2000, Juan Gómez era un aplicado estudiante de Económicas. Luego, pronto, cogió una guitarra y dejó los números —“que se me daban bien, ¿eh?”— y empezó Filosofía y se lanzó a componer. “Una mierda de canciones, no había por dónde cogerlas”. Cuando ya comenzó a dar “conciertillos” dejó todo lo que no implicara que las canciones fueran su bandera.

—¿Cómo recuerdas todo aquello del principio?

—Tengo un recuerdo regular, no creas. Porque yo soy muy tímido y en mis primeros conciertos cantaba mirándome las botas. Después del concierto tenía un subidón que no veas, pero durante la actuación tenía pánico. Ahora ya estoy como en mi casa, no sé cuántos conciertos habré hecho. Muchísimos.

No hemos podido contar los conciertos, tampoco los kilómetros. Pero sí recordar el suelo de piedritas, el patio interior de la primera vez que se subió a un escenario. “En realidad no había ni escenario, estaba ahí en medio de una tetería de Málaga y los camareros pasaban por detrás”.

 

El Kanka:

El Kanka y Jorge Drexler en la grabación de ‘Por tu olor’. | Imagen: Vevo

 

Han sonado miles de acordes desde entonces. Tres discos, 46 temas, tropecientas colaboraciones: Izal, Jorge Drexler, El niño de la hipoteca, Rozalén… “Me encantan las colaboraciones, de hecho, es una cosa que me estoy mirando porque últimamente ya no me da la cabeza para aprenderme más canciones”.

—¿Harías una con Raphael? ¿Con C. Tangana?

—Por supuestísimo. Uno aprende mezclándose.

—¿Y con Amaia de Operación Triunfo?

—Claro, no está descartado hacer algo. Yo no soy seguidor de OT, no es un formato que me interese, pero es cierto que si la cogemos concretamente a ella, uno tiene que estar sordo para no darse cuenta de que la tía tiene muchísimo talento. No es una cantante cualquiera, es una tía muy jovencita, que transmite mucho, tiene formación clásica y un timbre precioso. Me encantan las versiones que ha hecho de mis temas. Gracias a ella me ha conocido muchísima gente, me ha hecho una publicidad gratuita muy bonita, ya he dicho muchas veces que si me la encuentro algún día la voy a invitar a lo que quiera.

El Kanka reconoce que le pareció absurdo verse metido en OT a través de la voz de una chiquilla de 18 años. La primera vez que la oyó fue cantando El día de suerte de Pierre Nodoyuna en la prueba para entrar en el programa. “La verdad es que la tía es muy graciosa. Yo pensé: ‘Coño, qué curioso en un casting de OT una tía cantando un tema mío’. Hasta ahí fue anecdótico, después la paranoia viene con que la tía no ha parado“. Amaia cantó tanta veces en la academia Lo mal que estoy y lo poco que me quejo —uno de los temas de su primer disco— que terminó pegándosela al resto de sus compañeros y el programa invitó a El Kanka para hablar con los chavales. “Ya te digo que era completamente absurdo, yo lo veía desde fuera y pensaba: ‘Pero, ¿qué coño hago yo aquí?“.

 

 

No hay duda de que Amaia, ganadora del concurso y representante de España en Eurovisión, es un altavoz mediático brutal. “No me ha cambiado la vida ni muchísimo menos, pero mucha gente me ha escrito diciéndome que me había conocido por ella. Después algunos se quedarán y se engancharán con mi película, y otros, cuando pase la moda de Operación Triunfo, ya no me escucharán más ni vendrán a ningún concierto ni nada. Eso el tiempo lo dirá. Pero en principio ha enganchado a un público al que no hubiera tenido acceso de otra manera“.

Ese futuro no entra dentro de sus preocupaciones. Él ya tiene su “legioncilla” de fans que le ha conocido donde siempre solía estar: en los bares, recorriendo España.

—¿Cuál es la mayor lección que has aprendido después de todos estos años de carretera, compañeros, kilómetros?

—Lo importante que es la constancia. He visto, y lo he aprendido con el tiempo, que, más allá del talento, cuando hay trabajo detrás se llega a los sitios. Cuando la gente se lo ha currado, no ha parado, ha sacado disco tras disco o vídeo de Youtube tras vídeo de Youtube… el que ha estado tirando la moneda todo el rato en algún momento ha entrado. Es la única cosa segura que veo. Veo compañeros de distinto calibre y la única constante es la constancia.

Reconoce, sin embargo, que ese camino tiene mucho más de inestabilidad, trabas e inconsciencia que de seguridad y facilidades. “Te tienes que comer muchos mojones y hay veces que te desmoralizas. Yo me he tirado muchísimos años compaginando esto con otro curro, con clases de guitarra, llegando a fin de mes a durísimas penas, llamando cada dos por tres a mi padre: ‘Oye, ingrésame 100 pavillos que no llego’. Excepto para los que pegan un pelotazo rápido, este es un trabajo relativamente lento. Anda que no tardas en llegar a gente suficiente como para poder vivir dignamente. Y digo vivir dignamente porque yo me he recorrido España en autobús, quedándome a dormir en sofás… Yo he dormido en una cama de 90 con mi percusionista, los dos abrazados en agosto en Murcia”. Y, carcajada, El Kanka sigue viendo la parte constructiva. “Y claro, eso a veces te desespera un poquillo. Pero yo, que soy muy cansino, he seguido y ahora están las cosas pintadas con otros colores”.

Con los colores azul, rojo y negro de la preciosa portada de su cuarto y último disco, que sacó en marzo: El arte de saltar, “una colección de cancioncillas”. Y suena a tópico típico, pero es su disco más maduro, asegura. “He perdido un poco los miedos que podía tener por el camino y he hecho lo que me ha dado la gana. Es un disco en el que me mojo y en el que hay un poquito de mala leche. No me he rayado tanto con el cachondeíto y los juegos de palabras, sino con que las canciones tuvieran una intención poética y contenido”.

 

 

Para que todos ocupemos esta tierra / Con la única frontera de un mundo de todos / Que solo dispare el fusil contra la guerra / Pa’ que la guerra caiga sangrando en el lodo / Pa’ que la verdad sea la moneda, ay / Y pa’ que los besos curen el llanto / Pa’ que las canciones sean las banderas, ay / Para eso canto

—Todavía no se ha cumplido que las canciones sean las banderas. ¿Qué piensas de la guerra de banderas que estamos viviendo en España?

—Por mi educación, por mi forma de ser, y por la pechá de viajes que me he pegado, me parecen un poco absurdos los nacionalismos, no lo puedo evitar. Todos, ¿eh? No me siento perteneciente a ningún sitio, pese a que estoy orgulloso de ser andaluz. No me siento especialmente identificado con ninguna bandera, al final es un trozo de tela. Me cuesta mucho trabajo entender esos posicionamientos tan fuertes de pertenencia a un sitio. No lo puedo entender. No obstante, yo vivo en Barcelona y he visto el problema bastante de cerca directamente y creo que se ha tratado el tema muy mal por las dos partes. Muy a trompicones, muy chapuceramente, con poquísimo diálogo.

 


 

Si el libreto no cuadra punto por punto con lo que tú piensas que se debe pensar a la hoguera, a la rueda, al garrote, a la cruz, a la hoguera con cualquiera que no piense como tú.

—¿Te has tenido que autocensurar alguna vez?

—No, conscientemente no, pero supongo que me doy cuenta de que el sutilómetro está muy alto e, inconscientemente, no he tirado por ciertos caminos. Intento escribir con libertad y mojarme un poco porque, si no, siento que el discurso se queda vacío. Imagínate que te quieres cagar en el PP porque son una pandilla de ladrones. Pues seguramente habrá algún político honrado del PP que piense ‘qué injusticia, me está ofendiendo’; pero bueno, no pasa nada, puedo hacer una broma sobre eso. Y yo soy muy conciliador, me sentaría a tomar unas cañas con uno del PP. Hace falta mezclarnos y tomarnos las cosas de otra manera también.

 

El Kanka:

Imagen: Diego Berro

 

—¿Tiene límites la libertad de expresión?

—Es una pregunta complicada, a mí me da la sensación de que a nivel de sociedad estamos adquiriendo una censura implícita sin darnos cuenta y eso me da miedo. En la Transición y los años 80, hubo una explosión creativa, musicalmente a veces muy fea porque hay muchas aberraciones musicales, pero sí había esa libertad que ahora no hay. Cada verso te lo tienes que pensar 200 veces para que no te caiga encima una lluvia de palos. Es que piensas: ‘Si no podemos ofender realmente a nadie, a lo mejor es que no se puede decir nada’. Tenemos que mantenernos en un discurso totalmente plano y entonces también se pierden muchas cosas. Y, desde luego, condenas de cárcel por canciones a mí me parece grotesco. No vamos por buen camino. Igual estamos empezando a adquirir más sensibilidades, lo que está bien, pero igual el final del camino tiene que ser relajarse un poquito y no meter a las personas en la cárcel por canciones o por parodias.

La entrevista no terminó en su único momento serio, no sería justo.

—¿Qué es ahora mismo lo bello de vivir para El Kanka?

—Lo mismo de siempre. Quizás las cosas más cotidianas. Componer, a mí me dan explosiones de alegría cuando consigo parir una canción, y estar con mis amigos y mi pareja, que a veces tengo mucha ausencia de eso, por culpa o gracias a que no paro de dar vueltas y girar. Pero un momento de sofá y manta con mi pareja es lo bello de vivir.

Carcajada y pausa.

—Bueno… y la comida y la bebida. Que no falten nunca.

 

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