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'El Libro de Toth': “La magia ES antes y después de la ciencia”

Foto: Miquel Taverna

“Los secretos siempre fueron guardados por la ignorancia humana” Aleister Crowley

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Es la tarde de un viernes de otoño y en el pequeño salón de la casa de Salva estamos sentadas Sére Skuld, Eva Espeita (Evohé) y yo. Hay máscaras con símbolos alquímicos pintados y amuletos creados por Sére, plumas de gallo negro, cornamentas…, que utilizarán en la performance ritual que oficiarán la noche siguiente en el CCCB, basada en ‘El Libro de Toth’ del mago Aleister Crowley. Un viaje o un laberinto. Un acto mágico -el arte lo es- que hará que una parte del público descienda a algún lugar en el interior de ellos mismos y encuentre las respuestas que necesita conocer aunque no quiera. Y no es la primera vez. Ocurrió en noviembre de 2017, en el marco del Festival Fandemonium organizado por La Felguera, cuando ambas recién se habían conocido por mediación de Servando Rocha que les había pedido que realizaran un taller sobre el Tarot de Crowley y Frieda Harris basado en la Cábala Hermética y además un concierto de música sagrada conjunto, que acabó, sin proponérselo, en un ritual y en una meditación: “La gente salió de allí diciéndonos que llevaban años estudiando simbología y que por fin habían comprendido cosas. Incluso un alto cargo de una logia masónica nos pidió que actuásemos en una de sus tenidas”, me cuenta la artista, músico y norna Sére Skuld. La magia ya había obrado entre ellas. Se convirtieron en una antena y un pararrayos, la una para la otra. Y en la casa, un día antes de aquel que para algunos de nosotros sería rito de paso, la energía rebotaba en las paredes y en mi estómago, dibujando un pentagrama; la sentía de un lado a otro del piso, y de vez en cuando echaba una ojeada a Salva, que leía tan plácidamente, y me preguntaba cómo demonios podía estar tan tranquilo. Si no la notaba igual.

Durante el equinoccio de Primavera de 1944 se publicó ‘El Libro de Toth’, la última de las obras del provocador mago autodenominado La Bestia, donde expuso la filosofía y funcionamiento de una baraja de tarot que había elaborado y que encargó diseñar a la artista Frieda Harris, quien incorporó también sus propios símbolos ocultistas y acabó uniéndose a la Ordo Templi Orientis, liderada por Crowley, bajo el nombre de Tzaba Host. Ninguno de los dos llegó a vivir para ver el mazo impreso. Y, sin embargo, es una de las barajas más populares del mundo, de igual manera que el libro es, de acuerdo a la investigadora de las tradiciones meditativas y artista Eva Espeita, ‘una enseñanza cabalística muy profunda’. “A partir del siglo XIX varias órdenes secretas como la Golden Dawn entendieron que el tarot es un intento deliberado de plasmar pictóricamente el árbol de la vida. Todo ‘El Libro de Toth’ es una explicación de la cábala, que nos habla de qué está compuesto el universo en sí. Crowley añadió también en su tarot los símbolos asociados a las energías de este nuevo eón (era) y los números de cada arcano correspondientes a los senderos que conectan los Sephirots (o esferas de la cábala) entre sí”, me cuenta.

Frente a ella, la máscara de la diosa Sekhmet que llevará en el ritual y que ha sido creada por Sére.

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– Tengo una relación muy cercana con Sekhmet desde niña -le digo.

– Sí, yo también -responde-. Representa a la luna (lo femenino) iluminada por el sol. Es un símbolo cercano a Durgâ en India, Inanna en Sumeria o a la misma Babalon del sistema thelémico de Crowley.
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En la performance ‘El Libro de Toth’ los símbolos, sobre todo alquímicos, están por todas partes. Incluso en la mismísima máscara que llevará “aquel” que ha sido escogido por Evohé y Sére para abrir ‘simbólicamente’ el canal entre el mundo invisible y el visible, y que hará posible que, en un auditorio convertido en espacio ritual, Sére o aquello que encarna, pueda descender y pasear entre el público siendo espejo de la mayoría. Y luego “el maestro” (el mago); verterá una copa sobre ella para que vuelva a ese mundo imaginal. Pero eso fue algo después de que los miembros de la Ordo Templi Orientis salieran al escenario para beber de una copa de vino consagrado y que se la ofreciesen al público, y de que algunos bebiéramos varias veces. Y muchísimo después de que Evohé nos preguntase si rehusábamos a ser magos. Críptico, sí. Pero hay años de meditación y trabajo para entender determinados símbolos y, sin embargo, operan. Tienen su fuerza. Y ellas hicieron todo lo posible para desencriptarlos. Dice Eva parafraseando a Crowley: “Los secretos siempre fueron guardados por la ignorancia humana”.

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Momento de la performance en el CCCB | Foto: Miquel Taverna vía Ehové y Sére.

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Nacidos todos magos

Cuando Aleister Crowley llegó a la vida de Eva Espeita su concepción de la realidad dio un giro radical (tan radical como el despertar mismo al estado de vacío esencial del que hablan todas las tradiciones de forma más o menos velada) y pasó de concebir el arte como un simulacro o un juego a entender el concepto de “magia”. “ Hace unos 18 años estaba estudiando con la intención de acabar siendo arqueóloga y me tatué en el brazo izquierdo a la bestia del Apocalipsis, un dibujo del siglo XI de un códice germano. Entonces no sabía que existía Crowley, pero al mes me llegó ‘El Libro de La Ley’ y no creo en la casualidad. Su obra es como una piedra rosetta para comprender las demás tradiciones místicas, al igual que el Tantra lo es, porque en esencia la enseñanza de Crowley es tántrica. Gracias a él llegué al tantra indio y al yoga, y me dedico a la docencia de ambos desde hace 15 años, hasta el punto de crear una escuela en Madrid (AUSHADHI Escuela de Yoga). Crowley decía que la magia es una preparación para la meditación, para conocerse a uno mismo. Todo es espíritu, todo es música y todo es arte… Y puedes quedarte en ese deleite estético o dar el salto”, resume.

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Eva Espeita (Evohé) | Foto: Miquel Taverna.

Una de las frases más famosas del mago icono de la contracultura que hoy en día puede encontrarse en chapas, camisetas o pósters junto a una imagen suya apretándose los carrillos con los puños y expresión enloquecida es: “Haz tu voluntad es el todo de la ley”. No obstante, si hiciéramos una encuesta entre aquellos que “visten” a Crowley quizás poco conseguirían explicar el profundo significado del mensaje. Para Evohé, la voluntad de la que habla no es la del ego y requiere aprender a morirse: “Como él mismo decía, debes acceder al reconocimiento de qué clase de estrella eres y a qué constelación perteneces. Saber quién eres. Y para eso necesitas haber pasado por un periodo de investigación serio y honesto, y ser capaz de conectar siempre con tu esencia para que tus acciones vayan ligadas a esa voluntad verdadera (que es la voluntad del Cosmos)”. Es el camino del monje el que él se encargó de divulgar, un modelo de vida que por muchos años estuvo al margen de la sociedad, cuando eremitas, renunciantes y magos vivían apartados del resto de la gente orando a sus divinidades o dedicados al estudio y la práctica mágica. Pero los tiempos han cambiado… Nos encontramos inmersos en el Kali Yuga, la edad de la oscuridad de la que habla el hinduismo, o el eón de Horus de Thelema, y tantas otras tradiciones casi en los mismos términos.

“La filosofía que Crowley transmite es elevadísima, es Tantra. Una sadhana, o un modelo de vida. Como en los textos tántricos nos enseña cuál será la práctica y la actitud para esta nueva época en la que ya nos encontramos, el Kali Yuga. Pero lo hace desde un posicionamiento radical, oponiéndose a un sistema anterior que aún perdura y que él llama el eón del padre. Por eso tomó fórmulas del viejo sistema y las subvirtió, aunque muchos las malinterpretasen, como la figura de Satán. Él llegó a decir que el diablo no existía, que era un invento, pero se llamó a sí mismo la Bestia para conservar el nombre que todos entendían, aunque no entendieran a qué hacía referencia. “Mira, esto soy yo. Soy la Verdad y vengo a acabar contigo”. Y si resulta escandaloso ahora, imagina a principios de siglo XX”, dice Eva, que cuando habla de “apocalipsis”; se refiere a su sentido original, como un momento de revelación donde quizás muchos despierten al hecho de que la magia está por todas partes y que la hacemos constantemente sin darnos cuenta. Todos somos magos. La cuestión es qué clase de magia estamos haciendo según aquello en lo que nos hemos convertido.

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– ¿Y no es peligroso?

– ¿El qué? -me pregunta Sére.

– El uso que se le pueda dar a esta magia.

– La cuestión, como  todo en la vida, es para qué la haces.

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Los hábitos, dice Sére, construyen la personalidad. Los rituales no se están perdiendo, pero olvidamos su objetivo o lo pervertimos. Por ejemplo, añade Evohé, ir a ver un partido de fútbol o a una discoteca ya es un ritual, pero cuando se hace desde la perspectiva de la magia adquiere otros matices. “Todo lo que se hace de manera pensada y con un propósito sirve para algo; incluso cuando le dices a alguien ‘te amo’ estás creando magia porque cambias la forma en que te relacionas con esa persona”. Sére me advierte acerca del peligro de utilizar la magia desde la carencia. “Te estás metiendo en sitios que te interesan pero, ¿qué cojones estás buscando? ¿Y luego cómo sales? Cuánta gente he conocido que ha desarrollado problemas mentales o cuadros de paranoia porque no sabía lo que buscaba o lo hacía desde esa carencia… Y se han metido en historias muy chungas, rollo: ‘Yo practico vudú’, y acaban obsesionándose con otras personas, las atacan o les cortan mechones de pelo. ¡Y lo he visto! La magia es bioquímica, está en nuestro propio cerebro. La magia ES un segundo antes de la ciencia y un segundo después. Y algún día la ciencia encontrará una explicación a fenómenos como la telepatía”, afirma. Y concluye: “Tus carencias te definen. La gente acude al médico solo cuando está enferma, ¿por qué acuden muchos a la magia? Pues muchísima gente recurre a ella cuando no se siente bien. ¿Y quién está esperándolos? El que estafa, el gurú magufo, las sectas… Y muchísima gente que se aprovecha de las carencias emocionales y las crisis existenciales de los demás. Cualquier cosa que no se haga desde la estabilidad es peligrosa. A las clases de yoga de Eva llega gente con muchas preguntas y podría tener a un rebaño de tarados que le pagasen millonadas por dar vueltas por un parque, pero una bruja es por definición una persona de conocimiento que aconseja. Tienes a Eva en Aushadhi y en el otro extremo a los gurús en Instagram. La magia es catalizador de muchas cosas, buenas y malas, y los rituales son anclajes”.

Bajo el abismo la contradicción es división. 
Sobre el abismo la contradicción es unidad. 
Aleister Crowley

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Guardianes de la franja

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– ¿Cómo llegaste tú a la magia, Sére?

– ¿Tiene pilas esa grabadora? Es una historia muy larga…

 

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Sére Skuld. | Foto: Miquel Taverna.

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Ya ha anochecido cuando Eva se marcha y nos quedamos solas. Salva sigue leyendo arriba y la casa está en completo silencio. Tan solo un leve murmullo en la calle. Sin embargo, en un momento muy preciso de esta grabación el griterío de una muchedumbre que jamás estuvo allí -o estuvo antes que nosotros, o vino porque estaba ella- es recogido por la grabadora. Pero empecemos por el principio… Si es que lo hubo.

“Mi problema en relación a la magia es que he vivido con ella desde niña y pensaba que era lo normal. Tiro de pituitaria, como si oliese algo, y tomo elecciones incluso cuando sé que saldrán mal y aun así debo hacerlo. No es agradable…”, me explica. Sére tiene la capacidad de percibir los hilos invisibles que mueven a las personas y a veces tira de ellos para ayudar a enfocarlos, cosa que, por otro lado, explica su nombre artístico-mágico: ‘Skuld’ es un espíritu femenino de la mitología nórdica que simboliza lo que ‘debería suceder’ o ‘es necesario que ocurra’. Y entonces su cuerpo va por un lado, su mente por otro y una “tercera cosa” a la que no puede poner nombre le dice “por aquí”. “Antes era incapaz de diferenciar la información que recibía aquí (señala su oreja) o aquí (señala su cabeza). Incluso visité a médicos y me hice escáneres cerebrales y pruebas del oído porque estaba muy preocupada, hasta que un médico me dijo: ¿Nunca has escuchado las cosas que cuentan de la gente en los pueblos? Pues lo siento, pero te ha tocado…”

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– ¿Qué tipo de cosas te han pasado?

– Innumerables.

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Algunas aterradoras.

“Tenía 17 años y estaba en un pueblo de Madrid celebrando el fin de las clases en Navidad. Me quedaba a dormir en casa de unos amigos. Era una noche de invierno muy fría, menos dos grados bajo cero, una humedad altísima y un viento que helaba los huesos. Habíamos salido por ahí cuando la pareja de amigos en cuya casa me hospedaba se despidió y yo me quedé con el resto. Pasó aproximadamente una hora y me vinieron ellos a la cabeza, con tanta fuerza que tuve que marcharme sola a toda prisa e ir a su casa caminando por las calles desiertas con ese frío. Ni siquiera perdí tiempo buscando mi abrigo entre la pila de ropa de todo el grupo, salí llevando solo una chaqueta muy fina. No entendía qué estaba haciendo, pero cuando llegué al portón de la casa de piedra empecé a picar al timbre como una psicópata y mi mente me decía: ‘¿Tú estás imbécil? Vas a despertar a los vecinos’, pero no podía parar. Una orden se materializó en mi cabeza: “ATRÁS”. Di una zancada alejándome del portal. “ESPERA”. Y otra vez: “ATRÁS”. De pronto la puerta se abrió y salió un tipo altísimo y blanquísimo con el cráneo afeitado, en plan mafioso, me gritó en otro idioma y se marchó dejando la puerta entreabierta. Yo pensaba: Bueno, Sére, entra, que hace un frío horrible. Pero estaba petrificada, el cuerpo no me respondía. Y de nuevo una orden: “MIRA”. El portón de madera tenía una mirilla circular muy grande, me agaché para mirar a través de ella y vi a dos hombres a punto de agarrar el pomo para abrirla de golpe. “CORRE”, “CORRE”, “CORRE”, “CORRE”, “CORRE”. Cada dos segundos. “CORRE”. A mi espalda los oía gritarme, mientras corría en dirección al bar donde estaba el resto del grupo. Cuando me encontré con ellos no podía hablar, me ahogaba. Volvimos a la casa y entonces vimos los coches de la Policía, un despliegue. Y a la pareja de amigos cubiertos con esos plásticos amarillos que se utilizan en los accidentes de tráfico. ‘Es ella’, le dijeron a un agente. Al parecer, una banda de mafiosos había intentado robar en la joyería que había debajo de la casa de mis amigos colándose en su piso. En mitad de la noche los ladrones empezaron a derribar su puerta con un hacha y justo cuando iban a tirarla abajo, escucharon a alguien picar al timbre y bajaron. ‘¿Cómo te has librado?’, me preguntó el agente. No iba a decirle que en mi cabeza recibí las órdenes “ATRÁS-MIRA-CORRE”, así que contesté que me asusté y huí. Me enseñó un hacha enorme que había detrás de la puerta. Si hubiese entrado, eso era lo que me esperaba”.

También tiene sueños secuenciales de los que ‘regresa’ agotada, como si hubiera pasado la noche en blanco. No ocurre siempre, solo algunos días al año en los que actúa como “guardiana de la franja”.

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Foto: Miquel Taverna.

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– ¿Qué franja? -le digo.

– Eso fue lo mismo que le pregunté a una de las personas con las que siempre coincido dentro de los sueños, y me explicó que estas “capacidades” que él, yo y otros muchos tenemos debían pagarse con una especie de diezmo. Así que de vez en cuando, en sueños, “patrullamos” la franja que separa ese otro plano de realidad del inconsciente y los espíritus de este.

– ¿Te refieres a vigilar?

– No, a ayudar. Me ocurre desde que tenía unos 12 años, cuando hice el cambio. Ves, las mujeres tenemos al menos un rito de paso pero, ¿cuál es el rito de paso para los hombres? Ya no hay iniciaciones ni ordalías… En mi caso, empecé a tener dos o tres sueños secuenciales al año y casi no los recordaba, pero ahora lo recuerdo casi todo, incluso los olores. En uno de los primeros que tuve de niña, me veía en mi colegio, pero con las paredes enmohecidas y cubiertas de liquen, muy parecido a “El otro Lado”de ‘Stranger Things’, ¿la has visto? En mi sueño había un niño en las escaleras que comunicaban el pasillo de entrada con las clases de los mayores y no se atrevía a subir. Estaba buscando a sus padres. Cada vez que lo soñaba trataba de convencerle de que subiera, hasta que finalmente lo hizo y el sueño dejó de repetirse. Y luego, ya de adulta, los sueños son algo diferentes… En uno de ellos me desperté tumbada sobre el asfalto, en una ciudad de pisos bajos que bien podría ser el Bronx o Getafe, y vi a ese grupo de gente que siempre me acompaña, aunque a veces van cambiando; a veces solo veo a gente ovillada en el suelo como si estuvieran en una pesadilla. La cuestión es que me encontré con el chico que a menudo veo en mis sueños y le pregunté qué hacíamos allí. Me miró fastidiado, como quien lleva repitiendo lo mismo una eternidad, y me dijo: ‘Tú sabrás, estamos aquí por ti”. En ese sueño vi una luz en una de las ventanas del edificio que tenía enfrente y me puse a andar hacia el portal. Subimos al piso de una familia con un niño de tres o cuatro meses. Lloraba. Su abuelo le gritaba y el bebé lloraba más. Solo que el abuelo… La familia no podía verlo, ni a él ni a nosotros. Y él intentaba llamar su atención; tiraba cosas, hacía ruidos e incluso dejó abierta la bombona de butano. Tenía lógica para el hombre, quería demostrarles que no se había ido. Al final logré convencerle de que su familia no lo olvidaba y se fue. Jamás volví a tener el mismo sueño”.

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Un sábado de ritual

Y la psicofonía misteriosa. Cae la noche en Barcelona y frente al auditorio del CCCB se reúne un gran grupo de gente. Es fácil reconocer a quienes saben lo que está por llegar y quienes participarán en el ritual sin proponérselo, pero igualmente no saldrán de la misma forma que entraron. Tal vez incluso lo estén descubriendo en este mismo momento. Con un ‘así que era eso…’ que acompañe esta lectura. Quizás sea mucho suponer. Saludo a Salva y a quienes han venido sabiendo a qué y están impacientes; también al escritor y mago Francisco Jota-Pérez, escogido para obrar de depositario, de vórtice entre el mundo terrenal y el divino. Si une su magia a la de ellas, pienso, lo que nos deparan estos 50 minutos será todo un misterio. Vestidos de negro, algunos miembros de la OTO ocupan las primeras filas de la izquierda y no sé bien dónde ubicarme. Un muro y varias zanjas y alambradas invisibles para el resto me separan del centro del auditorio y no consigo tomar asiento -Salva dirá una semana después que parecía que este ritual fuese un poco para mí-. Sére aparece como el Hermes alado, vestida con unas alas de Isis doradas que cubren a Eva como si estuviese naciendo de un capullo -“las palabras son magia. Hermes es el dios del lenguaje y de las mentiras. Por eso el lenguaje siempre te hace tomar partido”-. Empiezan a declamar fragmentos de ‘El Libro Toth’ mientras los 22 Arcanos Mayores del Tarot de Crowley van apareciendo en pantalla uno a uno. Cantan y tocan sus instrumentos, las voces se elevan y saltan. Apenas acaba de comenzar y algunos se marchan y otros permanecen imantados a la butaca. Quien tenga oídos que oiga, habría dicho Eva.

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Sére Skuld, el escritor y mago Francisco Jota-Pérez y oficiantes del ritual. Foto: Miquel Taverna.

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– ¿Por qué es tan importante la música?

– Sin música no hay Sére. Yo cantaba antes de hablar, literalmente.

– Ya pero…

– ¿Nunca has estado tan jodida que has oído un violín y te has ido a la mierda? ¿O has escuchado una canción y te has sentido invencible? Claro que hay gente que no, que son piedras pómez… Pero no hay cultura que no tenga su música porque es vida, porque necesitamos producir sonidos. El pentagrama y sus notas son el equivalente a la agricultura o la ganadería. ¿No es increíble que puedas interactuar con una persona, causarle un impacto o influencia sin ni siquiera dirigirte a ella, solo con una melodía? Si la música no es magia, entonces la magia no existe.

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Transcribo lo que dice tratando de cavar en la grabación para encontrar su voz entre un estridente batiburrillo de voces que han estallado justo cuando hablaba del sonido. Intento recordar si acaso una multitud cruzó frente a la casa de Salva y no lo recuerdo. Rebobino y escucho. Cualquiera podría pensar que esta entrevista se realizó en un café en mitad de las ramblas y no en plena noche, en un piso silencioso mientras su propietario leía tranquilamente. Le mando un Whatsapp a Sére. “Oye, tengo problemas con la grabación. Hay un montón de gente que no me deja oírte bien. No me acordaba de que la calle fuera tan ruidosa…”. “Ya -me contesta-. Es que no lo era. Pero no es la primera vez que ocurre”.

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Vuelvo mentalmente a aquel sábado por la noche, a aquel momento en que yo salí flotando sin haber atravesado la alambrada y las varias zanjas que me separaban del centro del escenario. Vuelvo a aquel preciso instante en que me encontré con E en la puerta, empezó a llorar y la abracé. “De niña soñaba con los mismos símbolos que he visto en esas cartas, oía esos mismos tambores…”, la voz se le quebró. No hay ninguna explicación racional. No hace falta. Alan Moore dijo que la magia no responde a las leyes de la lógica.

 

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Ellas…

Eva Espeita o Evohé

Investigadora y docente de las tradiciones meditativas desde 2003 (en especial del Yoga y el Tantra), cantante (tradición sonora de India, música medieva y “músicas del mundo”), música y performer. Es fundadora desde 2010, co-directora, profesora y música también en AUSHADHI Escuela de Yoga en Madrid, investigando y enseñando en el Yoga Integral, la Mística comparada y el Yoga del Sonido. Ofrece diferentes propuestas docentes, artísticas y meditativas a nivel nacional e internacional.

Sére Skuld 

Sére Skuld es cantante, músico, norna y performer especializada en músicas ritualistas.

Desde el año 2006 se involucra activamente en movimientos asociativos culturales y artísticos de carácter nacional, inicia su formación en canto lírico y participa como vocalista e instrumentista en distintas formaciones musicales y proyectos audiovisuales como el cortometraje “Andersen and the Jinn”.

Desde 2012 compagina sus actividades artísticas con el mentoring a profesionales relacionados con el arte y desde 2014 se forma en escultura profesional, modelaje y diseño de efectos especiales en la Escuela de Escultura Profesional ALMART, especializándose en la reproducción de piezas rituales, elementos de tradiciones remotas y amuletos.

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