El punk en los 90: dos discos que cambiaron las reglas del juego
Foto: Natalie Parham| Unsplash

Cultura

El punk en los 90: dos discos que cambiaron las reglas del juego

por Saioa Camarzana

Cuando hablamos de punk son muchos los que directamente piensan en bandas como los Ramones o los Sex Pistols. Y, en efecto, fueron ellos, unos en Estados Unidos y los otros en el Reino Unido, los que dieron vida a este estilo musical. Sin embargo, dos décadas más tarde otras bandas se abrieron camino y lo renovaron. Las diferencias entre ambas épocas son notorias pero una de las más grandes, quizá, sea que tanto Johnny Rotten y sus secuaces como los chicos de Johnny Ramone apenas vendían discos mientras que sus herederos catapultaron sus trabajos a lo más alto de las listas. Unos surgieron en antros y locales pequeños, los otros consiguieron llenar estadios.

Smash! Y la explosión punk en los 90 (Libros Cúpula), del escritor Ian Winwood, nos acerca a la explosión que vivió la música en aquella época a través de las narraciones de algunos de sus protagonistas como Green Day, Offspring, Bad Religion o NOFX . ¿Os atrevéis a conocer más sobre el punk rock a través de estas bandas de alto voltaje?

El punk en los 90: dos discos que cambiaron las reglas del juego

Imagen vía Libros Cúpula.

“Billie Joe Armstrong habitaba un mundo donde era posible encontrarlo “fumando su inspiración”. Dieciocho años después de que Johnny Rotten, de Sex Pistols, anunciase: “Yo no trabajo, yo solo [voy de] speed”, en 1994, lo único que había cambiado era la droga favorita”, escribe en las primera páginas Winwood. Y añade: “todas y cada una de las decenas de personas a las que he entrevistado para este libro coincidieron en un solo detalle: todos afirmaron que el músico que hacia 1994 decidía formar un grupo de punk rock estaba tomando una mala elección profesional. Las bandas de música metal estaban ganando dinero. Los grupos de hip hop ganaban dinero. Los cantantes de country ganaban dinero. Pero a la mayoría de los profesionales del punk rock, la música no les daba para vivir”. Bueno, pues ahí estaban ellos para cambiarlo.

Una de las primeras confesiones que nos encontramos en el libro pertenece a Dexter Holland, líder de Offspring. “Es gracioso, pero cuando hoy hablo con chavales, les digo que en los años ochenta el punk era realmente peligroso. Ahora te parece divertido llevar el pelo de color azul, pero en 1984 llevar el pelo de azul podía suponer que te dieran una paliza”, asegura. Y es que la violencia en aquella época era algo habitual en los conciertos. Tanto que Fat Mike, uno de los chicos de NOFX, asegura que “la violencia que había en los conciertos en aquellos tiempos no se ha exagerado. En todo caso, ha sido infrarrepresentada. En cierto modo, por eso íbamos”. Puñetazos, patadas, dientes partidos e incluso puñaladas. No debía de ser fácil salir ileso de aquellos encuentros.

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Imagen vía Epitaph Records.

Al lado de la violencia, las drogas. Esa mezcla, ya lo sabemos, es como un cocktail molotov a punto de estallar. Y esa situación no le gustaba nada a los integrantes de Bad Religion, grupo que fue fundado en 1980. “Siempre estuve en Bad Religion por la música. Cuando empezamos a tocar punk había una escena social boyante. Existía la sensación de que formabas parte de algo”, asegura Greg Graffin, el vocalista de la banda que desde pequeño mostró grandes dotes musicales aunque él creía que todos podían cantar como él. En efecto, se equivocaba. Para evitar las grandes discográficas y los sellos independientes el grupo decidió publicar su primer álbum fundando su propio sello: Epitaph Records. Para Winwood aunque no puede decirse que la música de su primer disco, How Could Hell Be Any Worse?, “fuese sofisticada, sí estaba llena de confianza y era avanzada”. Vendieron 10.000 copias.

Su segundo álbum, cuenta la leyenda, no vendió ni una sola y la banda decidió hibernar hasta que en 1985 publicaron To The Known, del que vendieron 5.000 discos. “A su alrededor, en Los Ángeles y en sus aledaños, el punk rock estaba recogiendo velas”, escribe Winwood. Su reencuentro se formalizó con Suffer (1988), un álbum que irrumpió en el mercado cuando parecía que el punk rock había muerto. Sin embargo, Bad Religion “llegó con un desfibrilador y cincuenta centímetros cúbicos de adrenalina”. Aunque su verdadera explosión vino con Stranger Than Fiction (1994), un trabajo que se convirtió en una sensación que catapultó su trayectoria durante más de 25 años.

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Imagen vía Epitaph Records.

Un salto a principios de la década de los 90

Ian Winwood nos sitúa en 1993, exactamente en el concierto en el que Offspring fueron los teloneros de NOFX. Esta última banda, formada en 1983, pasó sus primeros cinco años dando tumbos de un lado a otro. Aunque algo tenían claro y esto era que el grupo “reconocía el punk rock no como un medio para un fin, sino como un fin en sí mismo”, reconoce Winwood en estas páginas. En palabras de Fat Mike:  “Nos llevó seis años de carrera, es decir, desde 1983 a 1989, llegar al punto en que podíamos reivindicarnos como mediocres”. Fue la incorporación de Aaron Abeyta lo que hizo que todo cambiara.

Tan solo un año más tarde Green Day tocaba para un abarrotado y embarrado Woodstock. Pero, ¿cómo fue su ascenso? Billie Joe Armstrong fundó la banda Sweet Children junto a su colega Mike Dirnt en 1987 y tan solo un año más tarde se encontraron dando seis conciertos. “De lejos, el más prestigioso fue el contratado en el 924 Gilman Street durante la última semana de noviembre. En el transcurso de los tres meses siguientes, Sweet Children actuó en el Gilman tres veces más”, escribe Winwood. En 1991 la banda se embarcó en su primera gira europea: 65 conciertos en dos meses y medio. “Durante aquella primera gira nos convertimos en Green Day. Fue entonces cuando realmente nos convertimos en una banda. Fue en Europa donde todo cuajó”, recuerda Billie Joe Armstrong.

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Imagen vía Inandout.

Y mientras tanto llegaba 1994, fecha en la que Bad Religion lanza Stranger than Fiction, un bombazo que les hizo perdurar en el tiempo. Además, la discográfica Epitaph publicó dos grandes discos: Let’s Go, el segundo álbum de Rancid y Punk in Drublic, el quinto de NOFX. También fue el momento de Dookie, tercer disco de Green Day,  “un álbum teñido de alienación y, a veces, de soledad. Cosa bastante inhabitual en un disco de punk rock, no es especialmente airado, y su tono es informal y a menudo cómplice”, sostiene Winwood. Y llegó la locura: “al acabar la primera semana de la publicación, ya no se podía comprar una sola copia ni con dinero ni con amor. La escasez potenció la demanda”. Tras un periodo de bajón en las ventas estas volvieron a ascender a gran velocidad hasta el punto de vender 200.000 copias a la semana. En total, 20 millones de discos. “Era la primera vez que una banda punk en América alcanzaba ese nivel, así que éramos una especie de supremos conejillos de Indias”, afirma su líder. Ahora, casi todos recordamos su American Idiot (2004) y, sin embargo, para Tré Cool la diferencia es que “la primera vez, el éxito fue un accidente. La segunda vez ocurrió a propósito”.

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Imagen vía Epitaph Records.

Y mientras Green Day y otros grupos consiguieron el respeto y el aplauso de la crítica Ian Winwood cree que para Offspring “la espera continúa”. Los de Dexter Holland enviaron su maqueta a Epitaph pero fueron rechazados. De modo que publicaron su primer disco con una discográfica pequeña hasta que su tercer trabajo, Smash, irrumpió con fuerza en el panorama musical de 1993. En un alarde de optimismo Greg K. “se concedió el lujo de imaginar que llegaba a vender cien mil copias, e incluso más”. Lo que no pensaba es que su predicción se iba a cumplir con creces pues, tal y como recuerda Winwood, “mientras el verano de 1994 daba paso al otoño, Smash vendía más de cien mil copias por semana”. Los conciertos se multiplicaban y de clubes pasaron a recintos más grandes, teatros y estadios. Aunque no alcanzó las cifras de Dookie, el álbum de Offspring superó los once millones de copias en todo el mundo.

Estos son dos de los hitos que marcaron un punto de inflexión aunque, por supuesto, el libro de Winwood está poblado por más bandas y discos que dan cuenta de la transformación que punk rock pero, sin duda, lo mejor es zambullirse en sus páginas y dejarse deleitar por el detallado recorrido que traza su autor. En definitiva, y así lo considera Winwood, “después del lanzamiento de Dookie y de Smash, cualquiera que decidiese formar una banda punk lo hacía a sabiendas de que era posible hacerse rico. Puede que hubiera costado dieciocho años conseguirlo, pero de repente el juego había cambiado para siempre”.

Saioa Camarzana

Periodista. Me gusta viajar, moverme, no estar nunca quieta, la cultura en general me llena. Escribo regularmente en The Objective y El Cultural.