El Sónar se mueve al ritmo de los récords en un 25 aniversario memorable

Cultura

El Sónar se mueve al ritmo de los récords en un 25 aniversario memorable

El Sónar siempre es una fiesta, pero en la edición de 2018 esa fiesta se ha elevado a niveles siderales. El festival de música electrónica más importante del mundo se ha convertido en estos 25 años en una cita no sólo musical, no sólo cultural, sino en una auténtica feria de innovación: 150 actuaciones y más de 230 actividades han llenado los recintos, tanto de día como de noche, del Sónar, que esta edición ha superado los 126.000 asistentes procedentes de 119 países, batiendo todos los récords.

por Cecilia de la Serna

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El Sónar siempre es una fiesta, pero en la edición de 2018 esa fiesta se ha elevado a niveles siderales. El festival de música electrónica más importante del mundo se ha convertido en estos 25 años en una cita no sólo musical, no sólo cultural, sino en una auténtica feria de innovación: 150 actuaciones y más de 230 actividades han llenado los recintos, tanto de día como de noche del Sónar, que en esta edición ha superado los 126.000 asistentes procedentes de 119 países, batiendo todos los récords.

Desde que en 1994 se presentó en Barcelona el “festival de músicas avanzadas” –así se mostraba al mundo este pionero proyecto de la época–, han cambiado muchas cosas. La edición de día se hacía en el CCCB, el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, y no en la mastodóntica Fira del Parc de Montjuïc. El de noche se establecía en la mítica sala Apolo, y no en el laberinto eterno que supone la Fira Gran Via, en l’Hospitalet. Todo era más pequeño, sí, pero los cronistas de la época aseguran que el espíritu era prácticamente el mismo que 25 años después. Un cuarto de siglo más tarde hay off Sónar, un festival paralelo y que contesta desde el underground a la cita oficial, y se han añadido a la ciudad condal eventos a escala global. Se han celebrado ediciones del Sónar en 27 ciudades alrededor del mundo: Buenos Aires, Reykjavík, Londres, Estocolmo, São Paulo… El Sónar itinerante que no ha faltado un solo año en su ciudad natal, Barcelona.

En 2018 se han cumplido 25 años, pero más allá de mirar al pasado, los organizadores han decidido hacer todo lo contrario: proyectar la iniciativa en el futuro. De ahí ha nacido Sónar Calling, un proyecto apoyado por la marca sueca de vodka Absolut y que consistía en enviar música a un exoplaneta potencialmente habitable y ver si, dentro de 25 años cuando se cumplan 50 del festival, recibimos algún tipo de respuesta extraterrestre. Esta iniciativa tiene un importante componente social y medioambiental. «Los seres humanos no lo estamos haciendo muy bien» con respecto a nuestro planeta, asegura a The Objective Sergio Caballero, cofundador del Sónar, por lo que espera que «este tipo de proyectos hagan pensar a la gente y seamos más conscientes de que tenemos que cuidar dónde estamos«, sentencia.

 

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Sónar Calling by Absolut, la propuesta que envía música al espacio. | Foto: Sónar

 

Este Sónar sideral ha aunado un amplio y diverso abanico de propuestas culturales, que se resume muy bien si echamos un vistazo a su cartel. Desde Rosalía a Gorillaz, pasando por LCD Soundsystem, aunque en el Sónar no es tanto cuestión de nombres sino de propuestas. Este es de los pocos festivales en el mundo en que alguien puede comprar un abono antes de que se anuncie el cartel y saber que va a obtener exactamente lo que busca. Sónar es un sello, es una experiencia de una vida, y no tanto un grupo de nombres propios que pueden llamar más o menos la atención.

 

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Rosalía durante su actuación. | Foto: Sónar

 

Dentro de esos nombres propios que tampoco importan tanto, han sobresalido algunos más que otros. Es el caso de Rosalía, la artista flamenca catalana que ha copado un sinfín de críticas a su favor. La cantaora superó todas las expectativas. Su actuación, en una sala con aforo limitado, fue de las pocas que congregó colas antes de que se abrieran las puertas y que dejó fuera a muchos asistentes que no pudieron admirar su propuesta. 45 minutos de flamenco, electrónica y sensaciones en la presentación de su mal querer. “La Beyoncé española”, aclamaban muchos al salir del concierto. “La MIA española”, contestaban otros. Pero Rosalía no es nada de eso, es su propia firma. Su flamenco reinventado, que reconcilia con las raíces hasta al más moderno, y su flamenco de voz antigua que eriza la piel en cualquier escenario que le ofrezcan. Junto con la del Niño de Elche, esta actuación puso el acento español a un Sónar que definitivamente se reimagina en cada edición.

 

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Gorillaz levantó al público con una impecable propuesta audiovisual. | Foto: Sónar

 

Gorillaz era otro de los grandes reclamos de la edición, y tampoco decepcionó. El rock alternativo de esta banda virtual puso el broche de oro a la gran jornada, la del viernes. Lo hicieron con una impecable propuesta audiovisual que levantó a los miles de asistentes que se juntaron a primerísima hora en la Fira de Gran Via. Con ‘Clint Eatswood’ y ‘Feel Good Inc’ explotó la locura colectiva, un éxtasis que solo puede propiciar un grupo de la talla de Gorillaz, con 20 años de música a sus espaldas.

 

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El escenario de Despacio estuvo abierto al público durante los tres días que duró el Sónar de día. | Foto: Sónar

 

En el festival que no necesita nombres propios destacaron otros muchos: Diplo, Black Coffee, Bonobo, Modeselektor, Thom Yorke, Richie Hawtin… y sin olvidarnos de Despacio, la cuidada propuesta de tres días de James Murphy y 2manydjs en un espacio inédito. La guinda la puso Laurent Garnier, el dj francés que ya estuvo en la primera edición del Sónar pinchando en el escenario de la sala Apolo y que cerró el círculo cerrando la edición número 25. El año que viene, el Sónar se celebrará por primera vez en julio por causas ajenas a la organización, y aunque el calor arrecie un poquito más, es de esperar que vuelva a cosechar el éxito al que nos tiene acostumbrados.