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El primer vampiro moderno tenía colmillos normales y murió de un disparo... hace justo 200 años

Foto: Nosferatu | F.W. Murnau

Ahora que se cumplen 200 años de una de las obras germinales de la tradición vampírica, El vampiro: el cuento, de John William Polidori, podemos afirmar que el vampiro es un mito inmortal, eterno, adaptable, proteico; un mito que sigue vivo, como corresponde a su esencia. La influencia que este ser ha ejercido se ha dejado notar no solo en producciones literarias, televisivas y cinematográficas, sino también en anuncios publicitarios, helados, camisetas, cómics, dibujos animados, medicinas, útiles de cocina…

Tal vez su esencia demuestre que tanto su origen como su influencia es más humana de lo aparente e inicialmente concebido.

‘El vampiro’: un mito que trasciende sus propios orígenes

De manera genérica, es patente que los mitos superan sus propios orígenes. Durante el siglo XIX el vampiro se había convertido en un personaje más de la estética romántica. El médico del poeta Lord Byron, John William Polidori, publicó su relato El vampiro en 1819, inspirándose en su protector y reflejando las tensas relaciones entre ambos.

Edición original de ‘El vampiro’, de 1819.
EC8.P7598.819va (A), Houghton Library, Harvard University / Wikimedia Commons

La obra traza el retrato de un vampiro aristócrata, frío, distinguido y canalla: Lord Ruthven, y constituyó un primer molde del moderno vampiro. Y el que el mito haya ido más allá de su creación lo demuestra el hecho de que de entre toda la cohorte de seres vampíricos, a saber, seres elusivos, aristócratas decrépitos, féminas asertivas, jóvenes inmersos en la cultural postmoderna… se ha perdido el verdadero origen en favor de la tradición más polisémica.

Dicha tradición se ha ido moldeando a lo largo de los siglos. Así, uno de los rasgos más característicos, los colmillos, no siempre han estado presentes, en contra de lo que todos podamos pensar. Los primeros vampiros literarios no poseían este elemento. La descripción que Polidori hace de Lord Ruthven no se refiere en ningún momento a sus dientes. Otra de las características propias de este vampiro es que muere de un disparo, con lo que este ser sí que se ve afectado por las armas de fuego.

El origen de la leyenda

En la prolífica producción surgida a la sombra del vampiro se refleja el conflicto de este ser, aunándose de manera indisoluble la tradición oral folclórica con la creación literaria. Desde entonces, existe una numerosa literatura vampírica, siendo El vampiro la obra en la que éste adquiere una prominencia literaria y que está comúnmente aceptada como la primera historia de su género (el mismo año de su edición fue traducida al alemán y al francés).

Debemos a John William Polidori el primer esbozo de lo que será la imagen clásica del vampiro literario, aquella del aristócrata villano, enigmático y, sobre todo, perverso y fascinante para las mujeres. Todo lo contrario de lo que era en realidad el “pequeño Doctor Polly–Dolly”, como malévolamente solía llamarlo Lord Byron, el auténtico inspirador de su Lord Ruthven. Este vampiro gozaba en su papel de parásito amoral, depredador y destructor moral de la sociedad en general y de la gente con la que entraba en contacto en particular.

Sobre lo que pudo suceder en Villa Diodati en el verano de 1816, una mansión situada en las proximidades de Ginebra curiosamente visitada antes por Milton, se ha hecho mucha literatura. Allí se reunieron Lord Byron, el poeta que ya se veía rodeado de una estela de diabólico romanticismo, el doctor John William Polidori, Mary Shelley, su hermanastra Claire Clairmont y Percy Bysshe Shelley.

Se han realizado algunas películas acerca de este grupo de personas y la supuesta naturaleza escandalosa de los sucesos de Villa Diodati tan dispares como Gothic (1986), de Ken Russell, Remando al viento (1988), de Gonzalo Suárez, con Hugh Grant en el papel de Lord Byron y Liz Hurley en el de Claire, y Haunted Summer (1988), de Ivan Passer.

Tráiler de ‘Remando al viento’, de Gonzalo Suárez.

Debido a la humedad y a la incesante lluvia se vieron obligados a permanecer durante días en la casa. En sus reuniones tocaban todos los temas, especialmente los literarios. Disponían de varios libros sobre fantasmas, entre ellos el mítico Phantasmagoriana, ou Recueil d’Histoires d’Apparitions, de Spectres, Revenants, Fantômes, etc –una antología alemana de cuentos de terror publicada por Jean-Baptiste-Benoît Eyriès en 1812–, por lo que terminaron desafiándose a escribir un relato de esta clase en el menor tiempo posible.

Todos aceptaron el reto. Sin embargo, nada más que dos de ellos cumplieron su palabra: Mary Shelley, al crear la novela Frankenstein, y Polidori con El vampiro.

Esta última apareció publicada en abril de 1819 en The New Monthly Magazine, cuando su autor lo había olvidado por completo, al considerarla menor. Al principio se creyó que lo había escrito el mismo Lord Byron, dado que los editores utilizaron un recurso publicitario que así invitaba a suponerlo, aunque en los ejemplares no se hubiera incluido el nombre del autor.

Primeras líneas de ‘El vampiro’, publicado por The New Monthly Magazine (Nº 63, Vol 11. 1 de abril de 1819) cuya autoría fue atribuida a Lord Byron. Archive.org

El vampiro es considerado por muchos el primer relato de este género, porque ofrece todas las características básicas del monstruo: la inmortalidad, el dominio en su provecho de las debilidades humanas hasta conducirlas a la autodestrucción, un desprecio absoluto por todo lo humano, la fascinación diabólica sobre las mujeres y los hombres, que utiliza como elemento de conquista, supervivencia y destrucción.

Otra de las novedades del relato hemos de verla en que el mal no es castigado, ya que, como sucede con el Diablo, con quien se le relaciona de manera automática, siempre escapa nada más causar las tragedias irreparables al destruir a las criaturas con una crueldad propia de los avernos.

Pero existe una peculiaridad de este vampiro que no pareció calar en sus representaciones posteriores, y no es otra que el hecho de que todo aquel que se veía favorecido por el diabólico ser acababa destruido en uno u otro sentido; o lo que es lo mismo, todo lo que tocaba era corrompido. Así, este vampiro goza destruyendo, corrompiendo, frente a vampiros como Drácula, que gozan con la ingesta de sangre.

Tráiler de ‘Drácula’, de Bram Stoker, dirigida por Francis Ford Coppola.

La proyección

La figura del no muerto, del un-dead como lo calificaría Bram Stoker en su magistral producción en los estertores del siglo decimonónico, es esencial para entender la transgresión que supone el ser polidoriano (permítasenos el término), atentando y desafiando a la Naturaleza y al Creador, siendo eterno, succionando el bíblico fluido vital, y postulándose como Dios en cuanto alberga la capacidad de crear vida.

El vampiro supone la piedra sobre la que se edificaría la tradición literaria posterior, que a su vez consiguió devenir en la actual. Lord Ruthven será el primer referente para las consiguientes obras paradigmáticas, presentando un ser multiforme con una increíble capacidad de adaptación, prueba inequívoca de su inmortalidad.

Pero no olvidemos que el vampiro hunde sus orígenes en el inconsciente colectivo jungiano; en ese sentido representa los deseos, sueños y quimeras humanos de trascender esta vida. Pero esas esperanzas se convertirán en su pesadilla más horrenda, una pesadilla que no se ha separado del ser humano, dado que habita el reino de las sombras, de la oscuridad, de la noche.

 


 

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

The Conversation

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