Los claroscuros de Hunter Biden
Foto: BRENDAN MCDERMID| Reuters

Política y conflictos

Los claroscuros de Hunter Biden

Trump sigue acumulando malas noticias: el coronavirus, las encuestas, y en Pensilvania se podrá contar el voto por correo después de las elecciones. Resulta lógico pensar que en el próximo debate sus ataques a Biden vuelvan a centrarse en su hijo Hunter

por Borja Bauzá

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Mañana se celebrará el segundo y último debate presidencial antes de las elecciones del próximo 3 de noviembre. Tendrá lugar en el campus de la Universidad de Belmont, ubicado en Nashville, la capital de Tennessee. Tras la performance del pasado 29 de septiembre, cuando Donald Trump decidió recurrir a las alusiones personales para marear a un Joe Biden que terminó llamándole “payaso”, quienes organizan este tipo de encuentros han decidido implantar una norma. La norma del micrófono apagado.

Esto quiere decir que cuando mañana la moderadora, una presentadora de la cadena NBC llamada Kristen Welker, pregunte directamente a uno de los candidatos por lo que sea, ese candidato disfrutará de dos minutos para él solito ya que su oponente tendrá el micrófono apagado. La idea es que pasado ese tiempo Welker vuelva a activar el micrófono del silenciado para que, así, ambos puedan ponerse a discutir de lo que toque.

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Cartel en Nashville anunciando el próximo debate. | Foto: Jim Bourg | Reuters.

Dicen que a Trump esto del micrófono apagado le ha sentado como una patada en el estómago. Primero, porque no es la clase de persona que asume reprimendas con ánimo constructivo (y la nueva norma viene sobre todo por él). Segundo, porque no es un tipo acostumbrado a que le digan cuándo puede hablar (suele ser al revés). Y tercero, porque no hay cosa que más le pueda entusiasmar que trolear a un adversario. Mañana va a poder responder lo que se le antoje, sí, pero cuando le digan que puede hacerlo y no cuando a él le salga del alma hacerlo. Puesto de otro modo: mañana habrá menos show y más debate ‘presidencial’.

O eso espera todo el mundo, porque los temas a tratar son importantes y ameritan una conversación de altura. Serán los siguientes: el coronavirus, la seguridad nacional, el liderazgo, las “familias norteamericanas”, el cambio climático y el asunto de la raza, las minorías, etcétera.

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Los primeros votantes ya se acercan a las urnas en Hialeah, Florida. | Foto María Alejandra Carmona | Reuters.

Frente demócrata

Pero es probable que mañana, aunque no figure en la agenda temática, aunque se logre un tono más o menos ‘presidencial’ durante el sarao, Trump encuentre la manera de sacar el nombre de Hunter Biden, el hijo de su rival, a pasear. Ya lo sacó durante el primer debate. Lo sacó varias veces, de hecho. Su objetivo era poner de los nervios a Joe Biden y lo consiguió. Vaya si lo consiguió.

Porque Hunter Biden es un caramelito para cualquiera que quiera trolear al padre. Alcohólico, drogadicto, amante de la viuda de su hermano mayor, obligado por un juez a asumir la paternidad del hijo de una stripper, etcétera. Un cuadro. Ahora bien: un cuadro que no se puede explicar sin atender a lo que le sucedió cuando era niño; Hunter vio cómo su madre y su hermana eran arrolladas por un camión… mientras se dirigían a comprar un árbol de Navidad. Chiquito trauma que además se vio agravado hace cosa de una década cuando a su hermano mayor –y modelo a seguir– le diagnosticaron un tumor cerebral que, como era de esperar, se lo terminó llevando por delante en 2015. De modo que cuando Hunter Biden dice, como le dijo al periodista Adam Entous, “he estado a oscuras, en un túnel, un túnel en el que todavía me encuentro porque no se puede salir de él”, pues qué vas a hacer. Empatizar. Asentir con la cabeza y preguntarte, en silencio, que cómo vas a tener los santos huevos de ponerte a juzgar.

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Joe Biden con su hijo Hunter y su nieta Finnegan, en diciembre de 2013. | Foto: Ng Han Guan | AP.

De modo que cuando alguien, y sobre todo alguien como Trump, menciona a su hijo Joe Biden reacciona como reaccionaría cualquier padre: encarándose. Lo que también haría cualquier padre es intentar sacar del hoyo –o del túnel– a un hijo de esas características. Y ahí es donde Trump entra a matar. Porque las cosas como son: en los últimos tiempos, y coincidiendo con su periodo de rehabilitación, Hunter Biden ha tenido trabajos bien remunerados en lugares un tanto extraños como un fondo de inversión que contaba con capital chino y una gasística ucraniana. Trump, y muchos conservadores con él, sostiene que consiguió emplearse ahí gracias a la influencia de papá, que por entonces era vicepresidente de los Estados Unidos. En plata: Trump y los conservadores sostienen que Hunter Biden utilizó la tarjeta de la Casa Blanca de su padre para hacer vaya usted a saber qué promesas que quizás comprometieron a nuestra gran nación con tal de promocionarse.

Considero probable una mención al tema en el debate de mañana porque la polémica, que ya es vieja, se vio revitalizada hace unos días gracias al New York Post. El tabloide neoyorquino dijo haber accedido recientemente a un disco duro que guardaba, además de un vídeo sexual de doce minutos protagonizado por Hunter y una desconocida, varios e-mails entre Hunter y un empresario ucraniano que le daba las gracias por haberle presentado a su padre en un encuentro que supuestamente (la campaña de Joe Biden niega que se produjera) tuvo lugar mientras cobraba de la gasística local. Es decir: unos e-mails que confirman las sospechas de los conservadores.

Sin embargo, el 2020 no está siendo el mejor año para lanzar exclusivas de esta índole, exclusivas que aspiran a dar un golpe sobre el tablero, porque como va todo tan deprisa no tienen tiempo de calar. Con todo, Twitter casi consigue liársela al Partido Demócrata cuando decidió no solo prohibir la publicación de la noticia en su red social sino chaparle temporalmente la cuenta al diario. Una vuelta de tuerca un tanto siniestra, y a todas luces arbitraria, que convirtió al New York Post en un mártir de la libertad de información y a la red social en una empresa privada que trataba de alterar el rumbo de las elecciones. Twitter otorgó, en fin, una credibilidad que la historia del Post, por sí sola, no tenía.

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«Cualquier adulto funcional para presidente 2020». Cartel el Madison, Wisconsin. | Foto: Bing Guan | Reuters.

(Aunque la campaña de Biden no ha querido comentar la autenticidad de los e-mails publicados por el Post, varios reporteros del diario han explicado, off the record, que el disco duro se consiguió de una forma bastante extraña y que no hubo ninguna labor de confirmación antes de publicar la noticia.)

Desde la red social, que ahora ha dado marcha atrás, argumentaron que habían emprendido acciones contra el Post por haber incumplido sus normas. A saber: publicar material hackeado sin verificación previa que, para más inri, ofrecía información personal.

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«Cada voto cuenta». | Foto: Bing Guan | Reuters.

Frente republicano

Hunter Biden no solo supone un ataque contra Joe Biden; también es un comodín al que se puede recurrir para desviar la atención del personal cuando las cosas van de mal en peor. Hablamos, claro, del coronavirus.

Las cifras, como es natural, siguen subiendo. Los muertos se sitúan, solo en los Estados Unidos, en las 225.000 personas mientras que los infectados van camino de los nueve millones. Unas cifras que han vuelto a poner el foco en Anthony Fauci, el asesor externo de la Casa Blanca en el asunto y uno de los epidemiólogos más prestigiosos del país. ¿Y qué ha dicho Fauci? Pues que hay que abrocharse los cinturones porque el invierno promete curvas. Unas declaraciones que han mosqueado al Donald; en una llamada a sus asesores se quejó de que cada vez que abría la boca era para tocar la moral y que no le despedía para evitar un escándalo. Que Fauci no lanza mensajes positivos, vaya, y eso a Trump le cansa y le irrita. Bueno, le cansa el coronavirus. En general. Además, cree que a la sociedad estadounidense también. Sin embargo, las encuestas dicen todo lo contrario: sigue siendo la gran preocupación de muchísima gente en estos momentos y él sigue sin estar a la altura en ese aspecto.

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Seguidores de Trump en un mítin en el aeropuerto nacional de Erie, Pensilvania. | Foto: Brendan MacDermid | Reuters.

Las encuestas, por cierto, siguen otorgando una ventaja bastante amplia a Joe Biden. Con todo, nadie canta victoria (o derrota) todavía porque, ejem, 2016. Los analistas cada vez están más pendientes de estados bisagra como Florida, donde los candidatos están empatados, o Pensilvania. Serán decisivos dentro de dos semanas.

Desde Pensilvania, por cierto, llegan malas noticias para el Partido Republicano. Y es que, según han dictado los jueces, el estado podrá seguir contando votos por correo pasado el día de las elecciones siempre y cuando éstos se hayan enviado antes del día de las elecciones. Y como Pensilvania –repito– es un estado bisagra donde las cosas están bastante a la par y como los votos por correo suelen ir a parar al Partido Demócrata… pues lo dicho: otra mala noticia para Trump.

En resumen: mañana, probablemente, escucharemos otra vez el nombre de Hunter Biden.

Borja Bauzá

Licenciado en Historia. Ha publicado en The Objective, Jot Down, Letras Libres, Panenka, El Confidencial, El Español y en la revista norteamericana Jacobin.