Tulsa versus Seattle
Foto: Leah Millis y Goran Tomasevic| Reuters

Política y conflictos

Tulsa versus Seattle

por Borja Bauzá

Tulsa es la segunda ciudad más importante de Oklahoma. Tiene cerca de medio millón de habitantes, ha estado siempre asociada al sector energético –“Oil Capital of the World” (capital petrolera del mundo), la llamaban– y de un tiempo a esta parte suele aparecer citada cuando se habla de los lugares más habitables del país. Goza, en fin, de buena fama.

Sin embargo, Tulsa arrastra un manchón importante en su CV. En la primavera de 1921 multitud de blancos se echaron a la calle en dirección al barrio de Greenwood, apodado Black Wall Street por alojar a una de las comunidades negras más boyantes del país, y arramplaron con todo. Palizas, edificios quemados, linchamientos, you name it. Cuando la Guardia Nacional pudo hacerse con el control había 10.000 negros sin casa, 800 en el hospital y un número indeterminado de muertos (las estimaciones van desde los 75 hasta los 300).

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Manifestantes a favor y en contra de Trump intercambian opiniones en las afueras del BOK Center en Tulsa. | Foto: Shannon Stapleton | Reuters.

El pollo empezó como solían empezar estas cosas en aquellos tiempos; tras la detención de un chaval negro acusado de ponerle la mano encima a una chica blanca. Por lo visto el chaval tropezó y para no caer de bruces se agarró a la muchacha, que al gritar de la impresión hizo que un señor mayor que había por allí corriese a dar el aviso a la policía. El caso es que, cuando se conoció que un negro había “asaltado” a una blanca, un grupo de vecinos se presentó en la comisaría donde estaba detenido el “asaltante” a exigir justicia. Eso dio origen a otro rumor: que una tropa de blancos quería linchar al chaval. Entonces los negros de Tulsa decidieron mandar una expedición de hombres armados a las puertas de la comisaría para impedir el linchamiento. Cuando los dos grupos se encontraron, y estando los ánimos como estaban, la cosa no acabó bien; hubo una escaramuza en la que murieron doce personas; diez blancos y dos negros.

Ese fue el incidente que originó los disturbios de Greenwood, uno de los peores “episodios de violencia racial” en la historia de Estados Unidos.

Frente republicano

No es de extrañar, por tanto, que hubiese cierto mosqueo flotando en el ambiente cuando Donald Trump anunció que, de todas las ciudades que hay en Estados Unidos, se había decantado por Tulsa como el lugar idóneo para su primer gran baño de masas tras meses de ausencia. Es decir: para su primer gran baño de masas desde la muerte de George Floyd.

Cuando el Donald pensó en Tulsa no tenía los disturbios de 1921 en mente. Simplemente pensó en una ciudad agradable en la que tiene muchísimos votantes –Oklahoma es uno de los feudos del Partido Republicano– y una ciudad que, además, ha logrado esquivar lo peor de la pandemia. Es decir: Tulsa prometía un estadio lleno con un riesgo de contagio relativo. Así que –pensó el equipo de Trump–, ¿por qué no?

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Venta de souvenirs en los alrededores del BOK Center en Tulsa. | Foto: Goran Tomasevik | Reuters.

Como no podía ser de otra manera, en los días previos al mitin tanto Joe Biden como los medios progresistas criticaron que el presidente fuese a celebrar un evento multitudinario. A lo que la Casa Blanca, no sin razón, respondió que y las manifestaciones a raíz de la muerte de George Floyd qué. ¿Acaso no eran eventos multitudinarios? Sí, pero –contestó la progresía–eran necesarios porque el racismo estructural es un gran problema contra el que hay que levantar la voz con o sin coronavirus, mientras que su mitin era un acto totalmente prescindible. “Ya”, pensó Trump. “Prescindible a cinco meses de las elecciones; claro, claro”.

Así que el 20 de junio Trump aterrizó en Tulsa dispuesto a recibir un homenaje. El problema es que las cosas no salieron tal y como las había previsto. Sus asesores le habían dicho que aquello iba a ser un festival, una verdadera catarsis. Que después de tanto tiempo sin verle la gente estaba deseando volver a conectar con el líder. Y lo decían animados por un registro de entradas que insinuaba una asistencia masiva.

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¿Medio lleno o medio vacío? | Foto: Leah Millis | Reuters.

Frente al escenario, sin embargo, solo se dieron cita 6.200 personas. ¿Y eso? Pues nada; que fueron víctimas de un troleo épico. Resulta que miles de adolescentes, coordinados a través de una red social llamada TikTok, habían logrado reservar miles de entradas sin tener la más mínima intención de asistir.

Con todo, y pese a ser cuatro y el del tambor, Trump no se vino abajo y se tiró más de hora y media ahí arriba. Es cierto que en su discurso hubo ausencias notables –no mencionó a Floyd– pero hablar habló un rato largo y en un tono que suele entusiasmar a sus fieles (bromas, ataques directos a sus rivales, incorrección política y demás).

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De regreso de Tulsa. «No more bullshit». | Foto: Leah Millis | Reuters.

Más malas noticias para el presidente: el libro de su ex consejero de Seguridad Nacional, John Bolton, llega esta semana a las librerías. La Casa Blanca ha intentado parar su publicación alegando que contiene secretos de Estado, pero Bolton ha dicho que toda la información que podría comprometer la seguridad nacional ha quedado fuera del manuscrito. Lo que sí ha quedado dentro es una tonelada de observaciones que comprometen la figura del Donald. Se viene un bestseller.

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‘La habitación donde ocurrió’. Un título digno de Danielle Steele | Foto: Carlo Allegri | Reuters.

Frente demócrata

En las redes sociales, en Fox News y en otros medios conservadores se ha discutido mucho estas últimas semanas sobre Seattle. Todo comenzó poco después de la muerte de Floyd, cuando en el marco de las protestas centenares de personas decidieron crear una “zona autónoma y libre de policía” en un barrio vinculado a las corrientes contraculturales del presente (y del pasado) llamado Capitol Hill.

La zona ocupa seis manzanas en torno al parque Anderson e incluye una comisaría que la alcaldesa, Jenny Durkan, ordenó desalojar para evitar incidentes. Mientras los medios alternativos y algunos con cierta solera como The New York Times o Politico han informado sobre las bondades del lugar –una especie de comuna auto gestionada donde se discute sobre la opresión, el racismo y las desigualdades en un ambiente tan reivindicativo como festivo–, los antes citados y las redes sociales han destacado que detrás de las charlas y del “viva la libertad” han surgido mafiosillos locales con ganas de sacar tajada ante la ausencia de autoridad.

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CHAZ: Capitol Hill Autonomous Zone | Foto: Elaine Thompson | AP.

En un momento dado se llegó a decir que un rapero local, Raz Simone, se había erigido como “el señor de la guerra” del distrito auto gestionado. Simone, que tiene cuenta en Twitter, estaba flipando. En varias entrevistas posteriores, como una concedida a Forbes, la imagen de Simone quedó bastante matizada.

En cualquier caso, haya o no un señor de la guerra local dominando el lugar, los medios conservadores llevan tiempo señalando que lo de Capitol Hill es un esperpento que traerá consecuencias graves.

Pues bien. El pasado fin de semana la zona –que hace unos días dejó de referirse a sí misma como “autónoma”– registró varios tiroteos que han dejado un muerto y dos heridos. La policía ya sabía que en el lugar hay patrullas vecinales armadas, pero las toleraba porque parecían estar en sintonía con el resto de los participantes de la comuna y porque su rol no era extorsionar a nadie sino proteger el lugar de grupos ultraderechistas, los cuales ya han amenazado por Internet con restablecer el orden por las malas.

Tras los tiroteos del fin de semana Capitol Hill ha perdido el optimismo. Los medios locales dicen que cada vez hay menos gente deambulando por la zona y la alcaldesa, que en su día se negó a que tropas federales se hiciesen con el control del barrio, ha dicho que la performance tiene que llegar a su fin.

¿Cómo puede afectar lo sucedido en Seattle a las elecciones? Pues hombre, visto lo visto y teniendo en cuenta que Durkan dijo en marzo que votará por Biden en noviembre, alguien podría jugar esa carta que dice que “Capitol Hill es lo que consigues votando al Partido Demócrata”.

Borja Bauzá

Licenciado en Historia. Ha publicado en The Objective, Jot Down, Letras Libres, Panenka, El Confidencial, El Español y en la revista norteamericana Jacobin.