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Élite es el placer culpable español que promete ser un éxito

Netflix apuesta por España después del éxito de La casa de papel. Élite, una mezcla de Gossip Girl con Big Little Lies, no es la mejor serie que hayas visto, pero tiene enganche y muuuuucho melodrama.

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Ya todos sabemos el éxito que tuvo La casa de papel, que fue la serie de habla hispana más vista en Netflix y que se convirtió en fenómeno. No es de extrañar entonces que la plataforma se haya puesto a buscar con ahínco otra serie española que vender como un fenómeno transcontinental. Y ¿qué mejor opción que un melodrama adolescente sobre niños ricos y pobres que además contiene un asesinato? Poco. Así que ha llegado a Netflix la serie Élite.

La trama es una tan familiar que no hace falta casi ni resumirla: Una escuela privada de millonarios recibe a tres estudiantes becados de menos recursos. Los niños ricos los odian, los niños pobres se enamoran de algunas ricas/ricos… ah y alguien muere y hay que descubrir quién lo mató… ah y hay una trama sobre corrupción que involucra a los padres de los ricos. Nada nuevo bajo el sol.

Pero, sin embargo, Élite logra enganchar (a algunos menos). Porque su impecable producción, porque sus actores lo hacen bien, porque el atractivo de niños millonarios y niños pobres al parecer es inmortal para ciertos públicos.

¿Qué hace entonces que Élite funcione? Hay varias razones.

Es una suerte para Élite que, y esto fue antes del éxito de La casa de papel, cuente con tres miembros del reparto del thriller protagonizado por un grupo de ladrones. María Pedraza interpreta a Marina, hija de un constructor de dudosa ética que detesta sus orígenes y la falsedad de su entorno (ah y tiene un secreto). Jaime Lorente interpreta a Nano, el hermano recién salido de la cárcel de uno de los chicos pobres que entra a estudiar en Las Encinas y que forma parte de un complicado triángulo amoroso. Miguel Herrán interpreta a Christian, el chico pobre chulo que llega al cole de ricos y quiere comerse al mundo y termina en una retorcida relación. Además, de estos tres conocidos están los demás chicos del cole, todos guapos, todos impecables, todos ideales para los papeles que interpretan. Son todos, además, estereotipos conocidos que no requieren demasiada explicación: la protagonista con dinero y rebelde, la antagonista con dinero, elitista y cruel, el chico altivo y cruel que parece hacerse menos idiota al conocer a una chica diferente, la chica “perfecta” con una vida secreta, el hermano delincuente que siempre se mete en problemas, el chico responsable que se enamora en vano y que debe salvarlos a todos…

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El atractivo del conflicto entre niños millonarios y niños pobres al parecer es inmortal para ciertos públicos. | Foto vía Netflix.

Lo dicho: nada nuevo bajo el sol. Pero esta serie se ha aprovechado de historias ya contadas y arquetipos ya vistos, mejor que la cuestionable La Casa de papel, (estas son las razones por las que no me gustó) en series americanas ya existentes con cierta inteligencia o por lo menos con menos descaro. Lo explicamos: Primero, es claro que este ambiente está sacado de series como Gossip Girl (por dios, Lu hasta lleva las características diademas de Blair Waldorf), The O.C. o Riverdale (más reciente y con asesinato incluido) con sus adolescentes de arriba y de abajo, sus uniformes tuneados, sus casas enormes, sus amores entre chicos pobres buenos y chicas ricas rebeldes (entre otras muchas cosas). Segundo, el recurso de Big Little Lies. La serie comienza de la misma manera (¿por qué copiamos?) que el éxito de HBO: sirenas, cámara lenta, confusión, un muerto sin identificar, y un interrogatorio que se convierte en herramienta narrativa a lo largo de la serie, porque la muerte de uno de los personajes marca la historia. En fin, Élite suma el recurso de la telenovela adolescente, que tanto éxito tiene, con el de drama policíaco psicológico, que tanto éxito tiene.

Puede que, sí, sea repetitiva si se compara con otras historias ya vistas, o que algunos episodios se alarguen y la trama tenga demasiados giros melodramáticos para solo 8 episodios, pero Élite logra a veces sorprender (el final del primer episodio revela algo que es arriesgado y, por ello, interesante) y definitivamente califica como placer culpable.

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