Entrepatios, una alternativa a la compra y el alquiler que demuestra las posibilidades reales de derecho de uso en Madrid

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Entrepatios, una alternativa a la compra y el alquiler que demuestra las posibilidades reales de derecho de uso en Madrid

En 2011 nació esta cooperativa de vivienda en derecho de uso para construir una alternativa al problema habitacional. Una década después han inaugurado su primer edificio en Usera y trabajan en otras tres promociones. Nacho García, socio y vecino de Entrepatios, nos explica las claves de su organización: un modelo no especulativo de propiedad colectiva de la vivienda donde se garantiza el acceso y el uso de la vivienda de forma indefinida, sostenibilidad ambiental y apoyo mutuo

por Fátima Elidrissi

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En un mercado inmobiliario dominado por la especulación, donde el acceso a la vivienda no está garantizado y las dificultades para comprar o alquilar se suman al posible riesgo de desahucio, existe una alternativa: el derecho de uso. Aunque en España esta opción sea tan desconocida que parezca una utopía, este modelo intermedio tiene una larga tradición en Dinamarca, Uruguay o Canadá y, básicamente, permite disfrutar de una vivienda durante un tiempo indefinido, participar en la toma de decisiones sobre su diseño y su posterior vida, pero sin llegar a adquirirla. Después de 10 años de trabajo y en plena pandemia del coronavirus, Entrepatios ha inaugurado el primer edificio de vivienda sostenible y en derecho de uso de la ciudad de Madrid.

En sus propias palabras, Entrepatios es una cooperativa de vivienda en derecho de uso que pretende construir alternativas al mercado especulativo inmobiliario con criterios sociales y ambientales apostando, además, por crear comunidad. La organización nació en 2011 en Madrid de la iniciativa de varias familias y el interés ha ido creciendo hasta el punto de que ya cuentan con cuatro promociones: la primera en el edificio ya construido de Las Carolinas, en el distrito de Usera y donde viven 17 familias; una segunda en construcción en Vallecas que tendrá 10 viviendas; y otras dos en búsqueda de solar. 

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Imagen de Las Carolinas. | Foto cedida por la cooperativa.

Brevemente, la clave de su funcionamiento es que la cooperativa, y no las personas, es la propietaria de las viviendas, cediendo el derecho de su uso a los cooperativistas por un tiempo indefinido: mientras vivan o hasta que ellos quieran abandonar la vivienda. «La gran potencialidad del proyecto y la más difícil de vender es el derecho de uso. Porque si se replica y se multiplica, cambia la relación de las personas con su vivienda», explica Nacho García, cooperativista de Entrepatios y vecino de Las Carolinas. «La clave es que saca de la ecuación la vivienda como un bien especulativo y garantiza el acceso y el uso de forma indefinida. En el día a día la relación con la vivienda es equivalente a la de un propietario, porque tú decides de acuerdo con el resto de la comunidad si, por ejemplo, quieres acometer cambios o mejoras, y nadie te dice cuándo tienes que irte. Pero no eres el propietario a efectos de colocar esa vivienda en el mercado porque no puedes: es de la cooperativa, del colectivo, del común», afirma.

La cooperativa arranca, entonces, con una cuota inicial para generar el capital social. Y el cooperativista adquiere el derecho de uso mediante el pago de esa cuota de entrada, que recupera al abandonar la vivienda, y lo mantiene con una cuota mensual no retribuible equivalente a un alquiler blando. García cuenta su caso: «Mi vivienda tiene unos 90 metros cuadrados, 71 metros privativos y otros 20 de elementos comunes, y estoy pagando 560 euros al mes más 20 euros de gastos. Ahí marca una diferencia importante el tipo de construcción que hemos hecho porque incluso con Filomena he puesto la calefacción un día en todo el invierno», señala sobre su firme apuesta por un modelo sostenible, ecológico y altamente eficiente. 

«El edificio de Las Carolinas es pasivo, lo que quiere decir que el aislamiento es máximo para evitar las pérdidas de calor o de frío. El edificio es totalmente eléctrico para evitar emisiones de CO2, lo que también nos permite generar energía con los paneles solares que hemos instalado en la azotea», explica el cooperativista. Además, la construcción se ha realizado con materiales lo más  ecológicos posible; y se reciclará el agua de la lluvia y se pretenden reutilizar las aguas grises, con una estimación de ahorro de 750.000 litros cada año.

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Páneles solares en Las Carolinas. | Foto cedida por la cooperativa.

El crecimiento de Entrepatios y el acceso a la cooperativa

Entrepatios nació hace dos décadas con el objetivo de afrontar las consecuencias de la crisis de 2008 y uno de sus mayores problemas, la cuestión habitacional desde lo común. Actualmente la cooperativa está integrada por 66 socios; trabaja en coordinación y con el apoyo de dos empresas pertenecientes al ámbito de la economía social, la gestora de iniciativas colectivas Lógica’Eco y el estudio de procesos arquitectónicos sAtt; y ha logrado financiarse a través de dos bancos éticos, Triodos y Fiare.

«El acceso a la cooperativa es progresivo y ha ido muy vinculado al crecimiento de las promociones», explica García sobre el constante goteo de interesados que fueron conformando el proyecto. «Después de la captación, en el proceso de acogida explicamos en unos cinco talleres en qué consiste la cooperativa para ver quién quiere seguir participando y quién no. Intentamos cuidarlo al máximo de manera que la entrada no dependiera tanto de pagar como de que te interesara el modelo y de querer formar parte de él activamente», asegura. 

Por el camino, han sido necesarios tres intentos para que el primer edificio de Entrepatios prosperara. Y aunque inicialmente solo aspiraban a construir este bloque, la necesidad y el buen funcionamiento de la cooperativa provocaron la creación de nuevas promociones. Hace cinco años, y después de comprar el solar sobre el que hoy descansa Las Carolinas, se enfrentaron al problema de que el futuro edificio podía alojar solamente a la mitad de los cooperativistas. Las 30 unidades familiares que entonces formaban Entrepatios decidieron, de manera consensuada, quiénes accederían a este bloque y continuar construyendo nuevas promociones para el resto de los socios.

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Imagen de Las Carolinas. | Foto cedida por la cooperativa.

Del mismo modo, todos los cooperativistas participan en el diseño de las viviendas y han decidido juntos cómo repartirlas. «De alguna manera estás utilizando el diseño arquitectónico para fortalecer el diseño social de tu comunidad, basado en generar una cultura del acuerdo y de la convivencia. Todo se ha decidido entre todos», señala a este respecto García. 

Por ejemplo, en Las Carolinas los cooperativistas resolvieron que los locales de la planta baja y del ático fueran utilizados como salón de reuniones, espacio para la gestión del grupo de consumo que han formado o un cuarto común de lavadoras. También cuentan con un patio interior, un pequeño espacio de vegetación en el ático y aparcamiento para 67 bicicletas. «Después de un año de aislamiento social en el que, en muchos casos, se han reforzado las relaciones con los vecinos, de repente, tienes eso en una comunidad pensada para eso. Sientes mucha tranquilidad en un momento de incertidumbre sabiendo que tienes 16 viviendas al lado de la tuya para ayudarte», apunta García sobre la inauguración de Las Carolinas, donde las familias entraron a vivir a finales de 2020 tras aproximadamente dos años de construcción y otro de diseño. 

Entrepatios ha sido pionera en Madrid, pero no es ni el primer proyecto de cesión de uso de la vivienda de España ni, mucho menos del mundo. En Dinamarca, gracias al conocido como modelo Andel, aproximadamente el 10% de las viviendas están en cesión de uso y en Copenhague llegan hasta el 30%. En Uruguay, la Federación Uruguaya de Cooperativas de Vivienda por Ayuda Mutua  (FUCVAM) agrupa a 515 cooperativas con más de 22.000 familias. Pero a García le gusta hablar del particular caso de Viena.

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Imagen de Las Carolinas. | Foto cedida por la cooperativa.

«La llamada Viena roja y el cambio de modelo urbanístico para garantizar el derecho a la vivienda reduciendo la especulación se produjo entre 1919 y 1936 cuando el ayuntamiento decidió entrar como un agente. La transformación tuvo lugar en muy poco tiempo, en el periodo de entreguerras, en una crisis brutal, en una época de auge del fascismo y tensiones que acabaron con la Segunda Guerra Mundial y, aún así, en ese contexto, se produjo un cambio de modelo de ciudad que pervive hoy. Me parece interesante en el sentido de decir, ostras, pues se podría hacer», asegura García. 

«Imagínate que este modelo se extendiera en España, donde hay más viviendas que personas ahora mismo y muchas viviendas vacías», señala García mientras habla de proyectos como 

La Borda en Barcelona; o las cooperativas de residencias para mayores Trabensol, en Torremocha del Jarama, y Los milagros, en Málaga. «Ahora hay entre 40 o 50 proyectos en marcha y cuatro o cinco terminados. Pero la búsqueda de financiación es el gran escollo en nuestro país. La cultura de la propiedad privada es muy fuerte y desde la banca es una condición para financiarte», señala el socio de Entrepatios. «En REAS, la Red de Economía Alternativa y Solidaria, hemos montado una sectorial de vivienda para promover la financiación y vamos a montar una jornada para discutir este tema», explica.

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Fachada de Las Carolinas. | Foto cedida por la cooperativa.

¿Y han tenido algún contacto con las instituciones? «En Madrid hemos tenido interlocución con tres gobiernos distintos y ninguno ha tenido interés. Ahora empiezan a jugar con sacar alguna promoción de viviendas en derecho de uso, pero no se ha materializado y sería algo anecdótico. No hay un cambio real de modelo de acceso a la vivienda desde la parte pública y la política. Y esto, en el caso de Madrid, es el otro escollo porque la apuesta pública no va a cambiar el modelo de vivienda de manera inmediata, porque para poder influir en los precios tienes que tener al menos el 30% de parque de vivienda, pero ayudaría mucho junto a otras medidas como regímenes fiscales favorables e incentivos», añade. 

Resumiendo, García concluye con una sonrisa: «El derecho de uso te permite tener todas las ventajas del alquiler sin alquilar, todas las ventajas de la propiedad sin comprar y ninguna de las desventajas de sendas opciones. El modelo ecológico es bueno y barato para ti a medio plazo y es bueno y barato para el planeta. Y vivimos en comunidad para ser más felices y hacernos la vida más fácil. Lo tenemos todo». 

Fátima Elidrissi

Periodista freelance. Colabora con El Mundo y The Objective. Sus pasiones son la televisión, el cine, la literatura y el teatro.