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Nyto, rapero condenado por la Audiencia Nacional: "Necesitan coger unos cabezas de turco para asustar al resto"

Foto: Jorge Raya Pons | The Objective

“Me llamo Nyto. Mi nombre real es Toni. Soy un rapero condenado por la Audiencia Nacional a dos años y un día de cárcel por hacer canciones contra el sistema y contra el Estado español. La Audiencia Nacional nos ha condenado a mí y a otros once raperos por supuesta apología del terrorismo. Aunque no tengamos antecedentes, como son más de dos años, aunque sea solo por un día, entraremos igualmente en prisión”.

Nyto vive en Gijón y tiene 23 años. Es rapero, como se presenta, y forma parte de un colectivo musical llamado La Insurgencia, que –como su nombre delata– comulga con ideas anticapitalistas y antisistema. Nyto viste un suéter con el rostro de Eleven [la niña de Stranger Things] y dice que todos ellos comparten pensamiento político, pero que hablar de una estructura organizada es exagerado: apenas son una docena de personas y ni siquiera se conocen personalmente, son de ciudades distintas.

“Por tener un canal de YouTube”, dice, “nos acusaban de organización ilícita, de incitación al odio, que al final cambiaron por incitación a la violencia… Todo desapareció, salvo el delito por enaltecimiento del terrorismo. En la sentencia no nos quitaron ni un día. Creo que quieren dar un escarmiento a todos los raperos para que se autocensuren”.

En sus canciones se llama a la movilización y a la revuelta e incluso se reivindica a miembros del Grupos de Resistencia Antifascista Primero de Octubre (Grapo). El Ministerio fiscal subrayó en su escrito algunos de los versos de canciones de Nyto como Rimas subversivas y la Audiencia Nacional condenó a finales de 2018 a los 12 miembros del colectivo a dos años y un día de cárcel –lo que supone la entrada ineludible en prisión–, nueve años de inhabilitación en cargos públicos y una multa de 4.800 euros. Ninguno de ellos supera los 27 años.

“La manipulación hace que mucha gente aplauda que estemos en la horca por cantar”

Solo una de las magistradas de la Audiencia Nacional, Ángela Murillo, se opuso a la condena. “Considero que en el ánimo de estas criaturas lo que subyace es lograr notoriedad, reafirmando sus personalidades, en definitiva, llamar la atención que por otras vías no pueden conseguir; sus palabras y gestos infantiles en el plenario les delataron”, agregó en su voto particular. “Ensalzan a una organización terrorista inexistente por extinguida hace muchos años y alaban a los que fueron sus miembros activos –que sólo subsisten en el recuerdo de unos pocos– muertos con anterioridad al nacimiento de unos acusados en pañales, como ellos mismos dijeron”.

Amnistía Internacional se ofreció como plataforma de defensa para los miembros de La Insurgencia. Hace unos días, la organización presentó frente a la sede de la Audiencia Nacional un informe durísimo contra el artículo 578 del Código Penal, que restringe el “enaltecimiento” del terrorismo y la “humillación” de sus víctimas. Amnistía considera que se está empleando este punto para reducir la libertad de expresión y contabiliza que el número de condenados en los últimos años no ha dejado de crecer: en 2011, solamente fue uno; en 2016, 35. En tres meses de 2017, la organización contabiliza 31.

“Al usar de este modo el artículo 578”, incluye el informe, “las autoridades han indicado a toda la sociedad que no se van a tolerar ciertas formas de discrepancia, así como el cuestionamiento y las perspectivas alternativas”. En las últimas semanas, las condenas a los raperos Valtonyc y Pablo Hasél o el secuestro de Fariña, un libro periodístico sobre el narcotráfico en Galicia escrito por Nacho Carretero, han abierto el debate de la libertad de expresión en España.

No tenemos libertad de expresión, la tiene exclusivamente la derecha”, sostiene Nyto, con rostro serio. “Nunca vemos juzgados a grupos de ultraderecha. Pueden desear tiros a inmigrantes, incitar a la violencia machista, violar mujeres. Hay obispos que han hecho apología a la pederastia. Es surrealista. A nosotros, por cantar contra la injusticia y, sí, desearle el mal a los responsables de las injusticias, nos meten en la cárcel”.

Y continúa: “Yo no estoy haciendo apología del terrorismo. Estamos viviendo una escalada represiva. Cuando ya no les vale la mentira, usan el miedo. Necesitan coger unos cabezas de turco para asustar al resto”.

–¿Estás a favor de la lucha armada? –le pregunto.

–Yo lo digo claramente en mis canciones –responde, tras un breve silencio–. Estoy a favor de la justicia popular. Yo no voy a condenar nunca que se castigue a explotadores o a los culpables de esta situación trágica. Pero, evidentemente, no apoyo atentados donde haya muertos inocentes.

Nyto dice que, ante los magistrados, se sentía juzgado por sus ideas políticas y no por sus canciones, y en cierto modo intenta justificarse por ello. “Yo soy comunista”, dice. “Yo creo que si hay una revolución, va a tener que ser violenta. Yo no soy una persona violenta, pero sé que hay una relación de fuerzas y el poder lo tiene la gran burguesía y pienso que la única salida de los problemas del pueblo es con una revolución que tendrá que ser armada”.

–¿Te arrepientes de tus letras?

–No me arrepiento de nada de lo que he escrito –dice–. Creo que no he hecho nada malo. Creo que, es más, he hecho algo bueno. Dentro del rap, la escena está muy podrida, hay mucho individualismo. Hay incitación a violaciones. Hay apología al capitalismo: coches, dinero y putas. Creo que hacía falta un rap cañero. No estoy arrepentido: sostengo todo lo que he dicho.

“Yo no canto para reivindicar algo despreciable como la pederastia, la violencia machista o el racismo. Yo incito a la movilización y a la organización”

El joven rapero habla con convicción, dice que descubrió el rap siendo niño. “Empecé a rapear con 12 años”, cuenta. “Lo hacía de vez en cuando y como afición. A través del rap fui conociendo canciones y artistas que hablaban mucho del tema social, que tocaban mucho el tema de los presos políticos y la represión. Comencé a informarme a raíz de conocer a algunos artistas y, por 2015, me di cuenta de que la música podría servir para concienciar”.

Ahora, en su entorno, le recriminan a Nyto que escribiera esas canciones. Se lo dicen sus familiares y se lo dicen sus amigos. “Es una parte muy jodida”, lamenta. “A no ser que vivas en una familia concienciada, lo que suele ocurrir es que se te pongan en contra. Encima te intentan culpar, es absurdo. Te preguntan por qué cantas cosas que sabes que no se pueden cantar. A veces me cuesta mucho explicar lo obvio. Yo no canto para reivindicar algo despreciable como la pederastia, la violencia machista o el racismo. Yo incito a la movilización y a la organización. La manipulación hace que mucha gente aplauda que estemos en la horca por cantar. Tenemos una vara de medir extraña y mucha hipocresía”.

“Que nos condenen por estas cosas me parece terrorismo”

La sentencia le condiciona más allá de su entrada en prisión por dos años y un día: está a punto de ser padre y la inhabilitación durante nueve años trunca sus planes. “Estoy trabajando en una residencia de salud mental y antes lo hacía en una residencia de ancianos”, explica. “Yo quería presentarme a unas oposiciones para trabajar como auxiliar en un hospital. Me hubiera gustado trabajar en el sector público, no en el sector privado. Con nueve años de inhabilitación no voy a poder opositar, no voy a poder trabajar para el Estado, se me cierran muchas puertas. Además, me complica mucho encontrar trabajo fuera, como si no fuera difícil ya”.

Más allá de “algunas organizaciones antirrepresivas” y de “otros raperos procesados”, dice que no ha recibido apoyo, que esperaba una respuesta mediática más ruidosa, más indignada, aunque tampoco “milagros”. Dice que de “la supuesta izquierda” recibió “silencio”. Dice que el Estado está alimentando la autocensura.

“Cada vez la gente se piensa más lo que pone en Twitter o lo que escribe”, continúa. “Te pueden joder la vida por dar tu opinión. Que nos condenen por estas cosas me parece terrorismo. Yo no infundo terror en las masas. La gente no tiene miedo a que haga una canción cagándome en el rey. Ellos son quienes pretenden infundir el terror en la población”.

Nyto tiene 23 años y no había estado en Madrid nunca antes, solo para declarar en la Audiencia Nacional. Su defensa ha presentado un recurso ante el Tribunal Supremo y en ocho meses tendrá una respuesta. Nyto es pesimista. “No confío en que me absuelvan”, lamenta. “No ha tenido repercusión mediática y no está habiendo una respuesta a la altura. Les sale muy barato condenar”.

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