Érase otra vez: ¿Cómo es la revolución de los arquetipos femeninos en los cuentos de hadas tradicionales?
Foto: Jared Subia| Unplash

Cultura

Érase otra vez: ¿Cómo es la revolución de los arquetipos femeninos en los cuentos de hadas tradicionales?

La escritora y crítica Ana Llurba revisita la tradición de los cuentos clásicos y explora nuevas lecturas de estos relatos en donde se cuestiona la pasividad de los arquetipos femeninos.

por Ariana Basciani

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Las adaptaciones de los cuentos de hadas están presentes en la cultura popular moderna. Tanto los lectores como los especialistas en este tipo de literatura pueden reconocer los viejos temas reinterpretados en los cuentos de hoy.

En Érase otra vez. Cuentos de hadas contemporáneos (Editorial Wunderkammer, 2021), la escritora y crítica Ana Llurba (Argentina, 1980) hace una revisión de los cuentos clásicos en la producción literaria actual, donde se juega con la trama conocida para sorprender al lector. A partir de la frase inicial, «Érase otra vez», la autora ofrece múltiples referencias para explicar otras formas de ver dichas narraciones, tan asentadas en nuestra tradición oral como Blancanieves, La Bella Durmiente, Barba Azul o Caperucita Roja.

Aunque Llurba se siente más cómoda en la ficción que en el ensayo, en este primer ejercicio reflexivo nos presenta el respeto que le debe a «la alargada sombra de Angela Carter». En Érase otra vez. Cuentos de hadas contemporáneos se tiene muy presente a la escritora y periodista británica, una especialista en darle esas vuelta de tuerca a las historias clásicas, como lo hizo en su antología La cámara sangrienta. «Ella hizo dos antologías y para mí este ensayo es una genealogía personal del trabajo que hago como lectora y escritora. Sin embargo, mi ensayo no es un trabajo exhaustivo como el de Carter, pero sí es una recopilación de muchas escritoras como por ejemplo Cristina Fernández Cubas».

Érase otra vez: La revolución de los arquetipos femeninos en los cuentos de hadas

En este ensayo, Llurba usa un criterio de selección que tiene que ver con un pacto personal con esas lecturas. «Son escritoras que me hablan a mí y son escritoras de género fantástico. Este ensayo es una forma de volver a los orígenes, a propiciar el recorrido por los clásicos que se reactualizan. Hay escritoras contemporáneas que tienen algo de clásico, pero la innovación está en qué se hace con eso, esa mezcla entre tradición y modernidad es lo que me interesa explorar», explica.

Todos los referentes citados en este ensayo poseen una atmósfera de leyenda, cargada de una sensualidad morbosa que incide directamente en el objetivo del trabajo: la identidad y la representación de las mujeres en todas sus formas. Para Llurba muchas de estas escritoras reescribieron voluntariamente estos clásicos: «El 90% lo hizo voluntariamente. Angela Carter en La cámara sangrienta o Anne Sexton en Transformaciones, pero también hay una lectura personal que encuentra arquetipos en novelas como Mi año de descanso y relajación de Ottessa Moshfegh»

Para la autora, el caso de Moshfegh puede parecerse un poco al de Lorrie Moore. Ambas crean «protagonistas heroínas que son un poco badass, pero que son insoportables». En el caso de la novela Mi año de descanso y relajación, Llurba comenta que es una alegoría de La bella durmiente pero revisitada desde el siglo XXI, al ser la historia de una mujer muy guapa y rubia del Upper East Side en Nueva York que se «noquea» con barbitúricos de manera completamente consciente. En esta novela, la transformación identitaria es obvia, ya que es una bella durmiente, «solo que no es pasiva. Se duerme porque quiere». Los arquetipos están vivos y las reescrituras de estas autoras no se basan en un revisionismo «porque el revisionismo puede llegar a ser muy reaccionario al pensar que todo tiempo pasado fue mejor. Yo creo que estas autoras revisitan estos clásicos para abrir la mirada hacia el futuro».

Érase otra vez. Cuentos de hadas contemporáneos es un «intento de contagiar» su entusiasmo lector y su genealogía de lecturas como escritora de ficción. No es de extrañar que Llurba reviva la figura de las cuentacuentos como Mamá Ganso y Sherezade, así como las cuentacuentos armenias alabadas por Angela Carter, figuras que invitan a leer, compartir y rehacer las historias ya contadas.

Cuentacuentos anónimas, sorpresas y caminos nuevos.

Llurba comenta que el personaje de Mamá Ganso o Mamá Oca viene de una tradición «que se eternizó» desde la Edad Media porque contar chismes entre mujeres era asumido como algo peyorativo y «denigrante» dentro de la sociedad de la época. «Por eso se les decía cuentos de gansos a los chismes de mujeres» y destaca cómo la tradición oral femenina se ha presentado de forma anónima y por ello, grandes escritores como Perrault, fueron quienes bebieron de dicha tradición. «Se piensa, según investigaciones, que hubo una Mamá Ganso para los escritores de los clásicos como Perrault, quien la convirtió, a su vez, en un arquetipo al incluirla en sus cuentos». Es así como, de una u otra forma, los escritores de cuentos clásicos se adueñan de la tradición oral femenina para entroncar los relatos del XVII.

«La misoginia rampante en los cuentos de hadas tiene que ver con el simbolismo de los pies», afirma Llurba. Los pies como símbolo de autonomía. En Zapatos rojos y los siete enanos, un leñador le corta los pies a la madrastra de Blancanieves, la hace bailar con unos zapatos de hierro. «Siempre hay contenido aleccionador contra las mujeres que ejercen el libre albedrío y la independencia de criterio» afirma Llurba. La autora también hace hincapié en que cada quien recrea su propia cosmogonía, desde los cuentos de hadas hasta «la religión cristiana que es -también- una mitología».

Las autoras de los cuentos seleccionados por Llurba la maravillan, porque sus narraciones la hacen reconocer un camino y, a su vez, abrirse a la sorpresa de las nuevas interpretaciones. «Cuando uno mezcla los cuentos de hadas es divertido, porque hay una expectativa» afirma.

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Ana Llurba | Foto: Antonio Morero

Las autoras juegan con esa expectativa de los cuentos clásicos a través del tópico del secreto. Esto se puede observar en Barba Azul, Eva, Pandora o el mito de Cupido y Psique. Los personajes femeninos se ven espoleados por su propia curiosidad. En Jane Eyre, la protagonista descubre, por curiosa, que su amado tiene a su esposa encerrada en el ático y, a su vez, esa loca del ático es rescatada por Jean Ryhs en El ancho mar de los sargazos para mostrar el origen de esa mujer que está oculta y que la curiosidad de otra se revela para bien y para mal de los protagonistas de la historia en Jane Eyre.

Para Ana Llurba este acercamiento de Rhys tiene un sentido que hoy lo vemos claramente en las películas de superhéroes, al acercar las historias a sus orígenes, al complejizar su viaje y sus formas de ser. A diferencia del genderswap en películas como Ghostbusters u Ocean ‘s Eleven, muchas de las historias escogidas en este libro reinterpretan personajes denostados dándoles una nueva perspectiva sin necesidad de recrear una historia masculina para volverla femenina.

Por último, y quizás entre líneas, Érase otra vez. Cuentos de hadas contemporáneos intenta acabar con ese mito de la infancia en los cuentos tradicionales clásicos, ya que les devuelve parte de su función original, cuentos para adultos,  cambiando así las expectativas sobre los personajes femeninos. Ana Llurba, aunque no quería incluirse dentro del feminismo de una manera simplista con este libro, ayuda a una elaboración más compleja de la historia y el silencio femenino a través de los cuentos clásicos al rescatar a autoras que reinventan la tradición como Helen Oyeyemi, Ottessa Moshfegh, Ángela Carter, Shirley Jackson, Cristina Fernández Cubas o Anne Sexton.

Ariana Basciani

Caraqueña del 83. Tiene una doble vida: de día hace consultoría y estrategia de productos digitales y, de noche, transcribe entrevistas de gente interesante, lee libros y ve series. Tiene una web llamada Culturetas.