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El estado de La Cuestión. Sobre por qué Israel ya no es Israel

Foto: Corinna Kern

La emancipación política del judío, del cristiano, del hombre religioso en  general, es la emancipación del Estado frente al judaísmo, al cristianismo y en general a la religión. (Karl Marx, Sobre la Cuestión Judía, 1844)

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Lo sucedido recientemente en el (ya sin ambages) Estado Judío ha despertado una ola de indignación dentro y fuera de sus fronteras movedizas. Israel se refunda y ello tiene consecuencias directas en el tablero internacional. Ninguna positiva. Pero, ¿por qué esta ley ahora? ¿Qué significado tiene su aprobación?

“Israel, Israel, qué bonito es Israel”, así rezaba el hit viral de 2010 “En tus tierras bailaré” de Wendy Sulca, Delfín hasta el fin y la Tigresa del Oriente. Fue un gran éxito de diplomacia blanda. Ahora Israel ya no quiere ser bonito para nadie más que para sí mismo. ¿Por qué ese empeño en afearse? ¿Qué contexto subyace a esa voluntad de estropearse? En lo que sigue se intentará analizar lo que rodea al estado actual de La Cuestión. Esto es, una breve disección de un momento feo.

La ley fundamental que aprobó el pasado 19 de julio la Knesset marca un punto y aparte en el transcurso del joven estado de Israel. Es una ley de marcado carácter simbólico y sin grandes consecuencias directas e inmediatas, pero redefine la naturaleza del estado en disonancia con la que se dibujó en el momento de su fundación. Constriñe la ciudadanía israelí a una sola nación e identidad, la judía, y elude mencionar “democracia” o “igualdad” en ninguna de sus secciones. Es decir, una ley constitucional que expresa el carácter exclusivo de un estado “sin fronteras”, patria del conjunto de la nación judía, no de la ciudadanía israelí.

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Los drusos y otras minorías protestan la ley del Estado-Nación Judío el 4 de agosto en la Plaza Rabin en Tel Aviv. | Foto: Corinna Kern | Reuters.

No era la ley que los cinco partidos que conforman el gobierno pretendían aprobar en un primer momento, pero el alud de críticas que recibió el último borrador junto con la insólita carta abierta del Presidente Reuven Rivlin y la decisiva intervención del Fiscal General Avichai Mendelblit hicieron cambiar las partes de mayor controversia, especialmente la que permitía el establecimiento de comunidades solo para judíos.

En la votación destacó la abstención de Benny Begin, diputado del Likud e hijo del ex Primer Ministro Menachem Begin, quien fundó el propio Likud, lideró el Irgún y puso fin a tres décadas consecutivas de gobiernos del Partido Laborista en 1977. La ley aprobada dispone en su primera sección que el estado de Israel es la nación del pueblo judío, el cual es el único que tiene el derecho de autodeterminación en el estado. Esta sección, junto con la séptima referente a los asentamientos y la voluntad del estado de promoverlos, declaran formalmente cambios en una misma dirección: la subversión del pluralismo en la sociedad israelí. Es una ley diseñada también para alterar la aplicación de la Ley Fundamental sobre la Dignidad y la Libertad, permitiendo a los jueces dar prioridad al carácter judío de Israel en sus sentencias.

Es cierto que la ley del estado-nación es una mera exaltación de la identidad nacional del estado, consagra elementos que ya aparecían en otros textos (como el himno hatikva, la capitalidad de Jerusalén, la bandera), realmente no cambia el estatus del árabe como lengua especial y se mantiene la obligación de publicar los documentos gubernamentales en árabe, ni tiene aplicabilidad práctica. Lo importante de esta ley no es la ley misma. Lo importante de esta ley es lo que imposibilita y lo que potencialmente habilita; y esto, pese a que pueda sonar rimbombante, refunda el estado de Israel.

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Aérea de la plaza Rabin durante la protesta de los drusos. | Foto Corinna Kern | Reuters.

La aprobación de la Ley Fundamental Israel como estado-nación del pueblo judío consolida los postulados de la facción más excluyente y derechizada del sionismo, pone en entredicho el principio de igualdad entre sus ciudadanos, imposibilita la solución de dos estados y polariza más si cabe la sociedad israelí. La identidad primero. Triunfarían así las tesis del sionismo revisionista de Jabotinsky y triunfa un nacionalismo de estado omnicomprensivo representado en la figura del actual ministro de defensa Avigdor Lieberman y en el propio Netanyahu. Sobre la evolución del sionismo, el libro What is Modern Israel? (¿Qué es el Israel moderno?) de Yakov Rabkin da claves sobre su deriva. Para entender el porqué de esta ley ahora quizá el primer paso es situarla en su contexto. Aquí algunas claves.

 

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Ley fundamental

Una ley fundamental es una ley constitucional del estado de Israel que define la estructura del estado, los derechos y libertades civiles y demás preceptos constitucionales. Sustituyen de algún modo la falta de constitución escrita. Son leyes que solo pueden ser modificadas por una mayoría cualificada del parlamento, pueden sobreponerse a otras leyes en caso de conflicto y sirven también como doctrina jurídica. Con la reciente ley del estado-nación son 16 leyes fundamentales las aprobadas desde la fundación del Estado. Las leyes fundamentales podrían considerarse como una suerte de borradores de la futura constitución. En 1992, Aharon Barak, Presidente del Tribunal Supremo, declaró que las leyes fundamentales pueden ser consideradas la constitución del estado. Pero es una interpretación que a partir de 2006, cuando finalizó su mandato, no se ha mantenido.

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El ex primer ministro Yitzak Rabin y su esposa Leah en diciembre de 1978. | Foto: Rina Castelnuvo | AP Photo.

Legitimidad política

Weber distinguió tres fuentes de legitimidad: la tradición, el carisma y la ley. En Israel parece que todo se subsume a la tradición. El pueblo judío tiene un derecho histórico sobre la tierra de Israel, Eretz Israel, la tierra prometida a Abraham, Isaac y Jacob. Incluso en la discusión parlamentaria que precedió a la aprobación de la ley, los diputados que votaron a favor respondían a los diputados de los partidos árabe-israelíes como el Ta’al de Ahmad Tibi algo parecido a que la ley se ampara en el Deuteronomio. Esta fundamentación teológica se canalizó a través del sionismo en la máxima del “derecho a existir”, a no pedir perdón por su existencia. Un derecho a existir animado por el ahavat Israel (amor por la nación y el pueblo judíos) que tan detalladamente conceptualizó Gershom Scholem en su correspondencia con Hannah Arendt. La discusión alrededor del concepto de legitimidad es rica en la historia del pensamiento político, pero mientras los sistemas democráticos liberales se sustentan en una legitimidad de tipo throughput centrada en los procesos, el israelí se sustenta en una legitimidad de tipo bíblico.

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Hombre druso con vestimenta típica en Daliat al-Karmel, al norte del Estado de Israel | Foto: Amir Cohen | Reuters.

Gobierno

En Israel los partidos de la oposición no tienen casi altavoces, principalmente porque al contar necesariamente con amplios gobiernos de coalición debido al sistema electoral (sufragio universal directo, distrito electoral único, 2% barrera de entrada, 120 escaños), los consejos de gobierno son de facto como plenos de la Knesset donde se hacen votaciones por mayoría para aprobar las medidas.

La coalición de gobierno actual la forman cinco partidos, entre los que se encuentra Hogar Judío, Judaísmo Unido de la Torá o el Xas sefardí. Netanyahu está obligado a hacer gestos para contentar estos partidos. La opinión pública además está mayoritariamente de su lado y respalda que el estado tiene que ser o judío o democrático, un equilibrio que ahora se torna imposible. La arquitectura institucional israelí y su sistema de partidos escoran los gobiernos a la derecha nacionalista, especialmente después de 1989.

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Soldado druso en Daliat al-Karmel. Cerca de un 80% de los hombres de la minoría drusa sirven al ejército israelí. | Foto: Amir Cohen | Reuters.

Hay un hecho que cambia por completo la composición de gobiernos, la entrada de centenares de miles de inmigrantes procedentes de la URSS y de los países exsoviéticos. Entre 1989 y 2000 casi un millón de rusos judíos llegaron a Israel, según la oficina estadística de Israel. Lily Galili, del Haaretz, lo ha estudiado en su libro (solo en hebreo) que ha tenido un fuerte impacto en Israel. Hoy los judíos de origen ruso conforman la base electoral más fiel en el espectro de la derecha política. Y de hecho en 2012 se creó el Foro Mundial de judíos de habla rusa, activo en varios países.

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Gráfico realizado por Eduard Güell a partir de los datos del Central Bureau of Statistics

Donald Trump

El contexto internacional ha influido también en la aprobación de la ley. Con Donald Trump al mando parece como si Netanyahu tuviera carta blanca. Recordemos que Trump cumplió con su promesa electoral de trasladar la embajada estadounidense a Jerusalén, su yerno Jared Kushner y actual Senior Advisor tiene un vínculo personal con Netanyahu, Irán es el enemigo común número uno, entre otros muchos puntos convergentes. Algunos datos sobre las relaciones EEUU-Israel:

  • Ayuda bilateral hasta la fecha: 134.700 M $
  • Ciudadanos judíos americanos: 6.769.000
  • Ciudadanos judíos israelíes y americanos / total mundial: 80%
  • 7 de cada 10 judíos americanos se sienten o muy apegados (30%) o de alguna manera apegados (39%) a Israel

Sobre el poder del lobby proisraelí en la política americana, en concreto del AIPAC, se ha escrito ya suficiente.

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El primer ministro Benjamin Netanyahu, el ministro de Jerusalén y de Protección Ambiental Zeev Elkin y el secretario del gabinete Tzachi Braverman en una reunión especial el Día de Jerusalén. | Foto: Amir Cohen / Reuters.

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Benjamín Netanyahu

Esta ley pudiera parecer una cortina de humo. Netanyahu está sumergido en una serie de investigaciones por soborno, fraude, tráfico de influencias y abuso de confianza. El primer ministro ha sido interrogado por la policía ocho veces durante los últimos 14 meses.

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Solución de dos estados

En un reciente artículo, el New Yorker desvelaba como el Departamento de Estado estadounidense en 2015 dio con un mapa que muestra un plan de avance de los asentamientos llegando a cubrir el 60% del West Bank. En el mapa, las comunidades palestinas se muestran aisladas haciendo inviable cualquier intento de formación de un futuro estado palestino. Lowenstein, la persona que obtuvo el mapa, lo mostró a Kerry quien se lo llevó a Obama. A continuación, y ya siendo Trump presidente electo de Estados Unidos se abstuvo y no ejerció su derecho a veto ante una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU que condenaba los asentamientos israelíes en territorios palestinos.

La imagen difundida de los asentamientos es impactante. La incorporación en la ley de estado-nación de la sección siete, declarando que el estado ve el desarrollo de los asentamientos judíos como un valor nacional y que actuará para alentar y promover su establecimiento y consolidación, no se aleja precisamente de esa línea.

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El ex gobernador de Arkansas, Huckabee durante una ceremonia que marca el comienzo de la construcción de un complejo habitacional en el asentamiento israelí de Efrat en el West Bank. | Foto: Amir Cohen | Reuters.

La nación israelí siempre ha sido un concepto discutido y discutible, esta era en parte su gracia. La visión del 14 de mayo de 1948 era un estado liberal, un estado judío, sí, pero que como indica la Declaración de Independencia construía un estado que “promoverá el desarrollo del país para el beneficio de todos sus habitantes (…) asegurará la completa igualdad de derechos políticos y sociales a todos sus habitantes sin diferencia de credo, raza o sexo; garantizará libertad de culto, conciencia, idioma, educación y cultura;(…) y será fiel a los principios de la Carta de las Naciones Unidas.”. La nueva ley destruye por completo aquella ensoñación que atrajo a tantos a los kibutz durante los 60 y 70. Derriba también cualquier previsión del fin del conflicto con Palestina por la que luchó costándole la vida uno de los mandatarios más destacados de finales de siglo, Isaac Rabin. Y altera esa percepción que personalmente tuve la oportunidad de tener sobre Israel; recuerdo ir a comer al pueblo druso de Daliyat el-Carmel cerca de Haifa o tomar una limonada con menta en el pueblo árabe de Abu Gosh con amigos israelíes de religiones y culturas diferentes. Como dejó dicho Rawls, “el pluralismo es un hecho”. Su negación nos devuelve al estado de naturaleza.

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Otra imagen de la protesta en Tel Aviv. En el cartel en hebreo se lee “El futuro de nuestros hijos es compartido”. | Foto: Corinna Kern | Reuters.

Miscelánea

Y a modo de conclusión, una recomendación: es verano, y hay que aprovechar para releer, recuperar películas y documentales… Y volver a escuchar un álbum (este sí) bíblico de Sonic Youth cuyo título viene perfecto para terminar esta reflexión apresurada, Daydream Nation.

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