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Everything Sucks y la nostalgia como fuente de historias

Foto: Netflix | Netflix

Los noventa se han convertido en un pozo del que beben el cine y la TV. ¿De dónde viene tanta nostalgia? ¿Es buena?

 

Hace unas semanas llegó a Netflix una serie que pasó relativamente desapercibida pero que, si eres un older millennial (recordemos que hay dos segmentos en la generación, uno que aún vivió una vida sin Internet y con VHS en su infancia y otro que nació dando por hecho que Google ha existido siempre), has oído nombrar entre amigos contemporáneos. Los comentarios son del mismo tinte: ¡Yo tenía un Discman igual!, ¿Te acuerdas de las pulseras de metal que se doblaban en la muñeca?… Nostalgia, pura y dura, clara y directa. Everything Sucks (Todo es una mierda), una serie sobre adolescentes en el año 1996, apela a los recuerdos endulzados por el tiempo de quienes ahora están en su treintena, y lo hace a la vez de forma discreta y de forma muy llamativa. La serie es un momento agradable, algo como revisar tus viejos diarios o mirar tus colecciones de pegatinas o tazos, pero no es mucho más. No pretende ser un fenómeno nostálgico alla Stranger Things, sino sólo vivir en esa cálida memoria de tiempos intensos y lejanos.

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Fotograma de Jumanji | Imagen: IMDB

No es nuevo que Netflix (responsable de Stranger Things o Fuller House) apueste por producir contenido que apele a los recuerdos de su audiencia, tampoco lo es que lo haga el mercado en general. Hasta hace poco los 80 habían sido el gran saco del que sacar contenido, pero los 90 también entraron en el juego. La conclusión de por qué tantos estrenos reviven contenidos del pasado (en el cine se han estrenado nuevas versiones de Baywatch, Jurassic Park o Jumanji, todos hitos de los niños noventeros) es simple. Como decía en 2015, Sarah Mover en Vogue (hablando de la obvia nostalgia que también ocupa las pasarelas de moda): “Todo lo que tienes que hacer es tomar la fecha de hoy, 2015, y restar 25 (la edad de los nuevos diseñadores). Resultado: 1990, ¡claro!”. En un artículo de la misma publicación, en que se le cita, se utiliza su argumento para hablar de ficción: “Ella argumenta que los jóvenes diseñadores recuerdan sus infancias y tienden a buscar inspiración en ella. Esa misma lógica puede aplicarse a nuestro gusto en TV y cine. Los millennials han probado ser algunos de los fans más apasionados de la TV; han logrado con éxito revivir clásicos de culto como Veronica Mars o The X-Files tras intensas campañas de redes sociales”. En las palabras más simples de Glenn Weldon, de NPR’s Pop Culture Happy Hour: “La cultura se resetea cada 20 años. En 2037 tendremos reboots de The Walking Dead o Juego de Tronos”. La razón de ese reseteo es que quienes están detrás de la creación (como los diseñadores que señala Mover) son miembros de la generación a la que comienzan a referirse. Y en el caso del cine y la televisión es claro que quienes ahora están a mediados de sus treinta son el relevo cuando se trata de escribir historias. Y es también claro que quienes hace poco entraron en la plena edad ideal media entre adultez y juventud para el consumo, pertenecen también a esa generación.

Netflix no ha sido la única en sumergirse en los recuerdos de los niños de los noventa en busca de contenido, pero Everything Sucks es un nuevo ejercicio. Como Stranger Things -aunque con ésta podría argumentarse que lo original de su trama es casi nulo y es sólo un pastiche bien hecho de muchas tramas antiguas- es nuevo contenido. Sí, se alimenta de la nostalgia pero crea sus propios personajes e historias, nada de reboots o remakes. Y eso le da mérito.

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The X-Files volvió a las pantallas, al igual que otros muchos éxitos de los 80 y 90. ¿Buena idea? Aún queda por verlo. | Imagen: IMDB

Otra ventaja que tiene Everything Sucks -además de recordar a series de culto como Freaks and Geeks and My So Called Life– es que aunque apueste por el pasado como escenario, maneja sus temas con una visión de este tiempo, o por lo menos con la mirada crítica de un presente que ya no tolera la homofobia o el racismo. Y lo hace sin ser activista o dar discursos, lo hace sin melodramas y con mucho tacto. Porque la nostalgia puede ser genial, pero si se revisitan muchos de los contenidos que se amaron en la adolescencia noventera se verá otro tiempo, uno en que los chistes homofóbicos y los personajes machistas existen sin reparos, y ya no hablar de la inexistencia de la diversidad. Y sí, en el fondo es una tontería indignarse con programas de otro tiempo -el contexto es vital siempre que se analiza algo- pero es también necesario pedir a nuevos programas que, aunque beban de la nostalgia, no repitan comportamientos ya superados. Y Everythings Sucks lo hace: asume que, por ejemplo, si uno de sus personajes principales es gay, salir del armario o que sus amigos lo entiendan no será fácil o simple, no a mediados de los noventa.

Como afirma un periodista de The Guardian: “Este es el peligro de la nostalgia sin cuestionamiento. En South Park los Member Berries comienzan recordando cultura pop pasada y luego cambian: ¿Recuerdas cuando no había tantos mexicanos? ¿Recuerdas cuando el matrimonio era sólo entre un hombre y una mujer? Irónico, sí, pero deberíamos mirar atrás con ojo crítico”.

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Imagen promocional de Everything sucks | Imagen: Netflix

Everything Sucks y demás planes cinematográficos y televisivos (se habla de revivir Fresh Prince of Bel-Air, por ejemplo) seguirán explotando el infinito anhelo de los niños de los noventa… que, si se piensa, han sido nostálgicos como generación (podría discutirse que más que otras, no por nada Buzzfeed se ha convertido en un gigante gracias a sus quiz y listas sobre la infancia noventera). Sólo queda esperar que, además de que los reboots o nuevos contenidos sean de buena calidad, revisiten las décadas anteriores con una mirada abierta a descubrir no sólo recuerdos tiernos de infancia, sino ideas retrógradas que ya deberían no existir. Que dibujen el pasado como fue y no como desean que sea, porque reescribir el pasado es peligroso… y reconocerlo es necesario.

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