¿A cuánto asciende la factura que la pandemia les pasa a los solteros?
Foto: Ava Sol| Unsplash

Sociedad

¿A cuánto asciende la factura que la pandemia les pasa a los solteros?

Durante este tiempo de temor y restricciones, muchas personas solteras lamentan la dificultad de conocer a alguien. Temen, incluso, que se les haga tarde para encontrar el amor. Además, los conflictos con amigos emparejados están servidos y sienten que el clima, en general, no les favorece. ¿Cómo ser soltero y mantener el ánimo en la época de la Covid?

por María Paredes

Laura elige este nombre supuesto para desahogarse en este reportaje, sin echarle más leña al fuego: «Hace unos días, una amiga casada, cuando le comenté que tenía una semana muy atareada y con varias quedadas me dijo: ‘¿Pero con la que está cayendo sigues teniendo una agenda tan repleta?’. Y el comentario responde a una tónica general… Muchos amigos emparejados me dicen que debo autoconfinarme, igual que hacen ellos», cuenta con tono de fastidio. Dice que, cuando sale, lo hace con todas las precauciones, pero que no por ello va a paralizar completamente su vida: «Solo salgo a ver a mis amigos y, si tuviera una cita, también iría, a pesar de lo que está pasando. Y no me considero para nada una persona egoísta, pero hay que tener en cuenta que muchas personas vivimos solas y necesitamos hablar y sentir a otra gente».

Como a ella, a mucha gente le está salpicando la pandemia también de esta forma, con trifulcas a cuenta de qué debe o no debe hacer el prójimo mientras el virus aceche. Los psicólogos lo constatan en consulta: «Cuando nos encontramos en situaciones como esta, que comprometen nuestra salud y nuestra seguridad, es habitual que aparezca nuestra naturaleza instintiva para protegernos (entendiendo por instintiva la respuesta aprendida a lo largo de nuestra historia personal)», explica Carmen Soria, psicóloga y directora del centro Integra Terapia, «y eso hace que para muchos se presente una situación que puede parecer un dilema: o conservo mi relación con x persona o conservo mi salud y la de mis familiares». Ante tal disyuntiva, la profesional afirma que la mayoría de las personas optarían por la salud y no dudarían en mandar al traste al amigo, cuñado o familiar con el que no se ponen de acuerdo. Sin embargo, ¿es necesario elegir?

«La polarización en las posiciones deviene de sesgos cognitivos, que son atajos que utilizamos a la hora de procesar la ingente cantidad de información que nos inunda. Juzgamos lo del otro –por ejemplo, su necesidad de socializar, de encontrar pareja o su miedo a que se ‘le pase el arroz’- , como un defecto de su personalidad», aclara Soria. ¿Y cómo podemos hacer para que nuestras opiniones no terminen con una buena amistad? La solución es tan antigua como el mundo, y pasa por comunicarse. «Cuando nos comunicamos eficientemente cuestionamos nuestros sesgos y prejuicios, no  damos nada por supuesto. Además, expresamos  nuestra necesidad o nuestro miedo sin vergüenza, escuchando más que juzgando, validando la emoción o momento del otro antes de lanzar un sentencia categórica y recordando la importancia que tiene esa persona en nuestra vida». Si hay interés, añade, siempre se pueden encontrar lugares comunes para firmar una entente cordiale: «Por ejemplo, se puede acordar no verse durante diez días si el amigo soltero ha quedado con alguien, y mantener mientras el contacto online».

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Foto: Engin Akyurt | Unsplash.

Speed Dating o cómo buscar el amor con el virus en contra

Silvia también ha notado la presión del entorno mientras trata de capear el temporal pandémico. Se divorció justo antes de que el virus hiciera acto de presencia (microscópica), y hoy asiste a un encuentro de Speed Dating por si a Cupido se le antoja disparar por allí algún flechazo de los suyos. «Hoy justamente un amigo que se emparejó hace poco me ha dicho ‘pero cómo pueden seguir haciendo este tipo de eventos estando como estamos’, y yo le he comentado que se cumplen todas las medidas sanitarias y que es al aire libre… Al final somos gente que estamos sola, y claro, para los que tienen a alguien es muy cómodo». Un total de 50 personas, entre las que está ella, se dan cita en la Terraza de Colón, por turnos divididos en franjas de edad. Y antes de empezar, claro, hay nervios.

«Yo con estas cosas me parto, lo hago por el cachondeo», comenta con sus compañeros uno de los hombres del grupo de entre 45 y 55 años. Una vez anotados, la organizadora los distribuye por mesas, agita una campanilla y a la voz de «¡cita uno, empezamos!», los solteros empiezan a conocerse. Uno de ellos le dice en chanza a su partenaire: «¿Y ahora qué? ¿Me pongo a bailar?». Los caminos del cortejo son inescrutables.

«La idea me surgió porque soy guía de naturaleza y turismo y con esta situación he tenido que pensar en otras alternativas», comenta la organizadora, Raquel Ortega. A cada uno de los participantes les ha preparado un sobre que incluye un papelito en el que anotar el nombre y las características de todas las citas que tengan (cada una es de siete minutos), un cupón con una consumición y una tarjeta con un código QR para votar al final del encuentro a qué persona o personas les gustaría conocer más en profundidad. Si hay coincidencias, ella les pondrá en contacto y, a partir de ahí, la historia será la que ellos decidan escribir. «Es curioso porque por debajo de 45 años los que se apuntan son sobre todo hombres. Y por encima de 45, montones de mujeres».

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Imagen del evento de Speed Dating cedida por la organización.

Las conversaciones que sobrevuelan las mesas son las pensables: de dónde son, a qué distancia viven, de qué trabajan o cómo se divierten. Algunos, incluso, se pasan al coaching y se alientan entre ellos: «Siempre hay tiempo para conocer a una persona especial, ¡no te cierres!», le espeta un soltero a una soltera. Al terminar, Fernando, de 52 años, nos da el parte: «En mi caso era la primera vez que venía, y me decidí porque no tenía otro plan y por conocer algo nuevo, y pensé ‘igual hasta tengo suerte y conozco al amor de mi vida…’ Lo de las mariposas de momento no lo he sentido, pero en general ha ido bien la cosa. A ver qué pasa con los resultados».

Isabel, que pertenece al grupo de entre 25 y 35, ha acudido para hacer «algo diferente», pues pasa la semana yendo «del trabajo a casa», y necesitaba una dosis de novedad en la que, además, pone expectativas: «Al final cuando estás predispuesto a algo, esto sucede con más facilidad. Si vas a un bar a lo mejor hay 20 personas pero solo uno predispuesto a que surja algo. Aquí hay ocho chicos, pero sabes que los ocho están por la labor, así que estadísticamente ya está la cosa más de tu lado, luego ya el azar y el destino dirán», afirma entre risas.

¿Corre el tiempo pandémico en contra de los solteros?

Hay una cuestión que ha empujado a varios de los participantes a acudir a este encuentro y que, en general, les pesa a algunas personas que están solteras durante la pandemia: el paso del tiempo. Es difícil conocer a alguien con tantas restricciones, pero nuestra biología no entiende de parones y sigue su curso poniéndole los nervios de punta a más de uno, que piensa que a su arroz no le queda demasiado para pasarse. «A esas personas yo les daría una buena noticia, si esto es como una especie de carrera no hay de qué preocuparse, porque todos estamos en boxes. El tiempo está parado para todos y cuando se dé de nuevo el pistoletazo de salida, este será más o menos para todos a la vez», desarrolla la experta psicóloga. «Mientras tanto, mi recomendación es que cuiden el vivir en la espera con alegría, quitándose la prisa, con distracciones, aprendiendo de sí mismos y del mundo. En un programa de Punset escuché hace años que la felicidad está en la sala de espera de la felicidad. Así que toca acomodarse en la sala de espera, ponerla bonita, y prestar atención a lo que está a nuestro alcance, porque quizá esté más cerca de lo que creemos», sugiere, recordando además que el tiempo no se pierde, porque uno no puede perder lo que en realidad no posee.

María Paredes

María Paredes (Madrid, 1984) es periodista y ha trabajado en Telemadrid, Canal Sur y La Sexta, como reportera de actualidad e investigación. Cuando suelta el micro, escribe de todo (y le pierde el verso).