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Felipe González, a tumba abierta: el expresidente entrega al público sus fotos y cuadernos personales

Foto: AP

Nunca un presidente español se había expuesto tanto. La Fundación Felipe González ha presentado en público el trabajo incansable de tres años, en los que se han reunido y digitalizado cientos de fotografías, notas a mano, cuadernos enteros. El proceso sigue abierto, no se ha culminado la obra, pero por el momento la cantidad de documentos es enorme: 2.912, la mayoría fotografías, aunque también cientos de páginas escritas a mano del expresidente socialista.

La Fundación Telefónica, que ha colaborado con los allegados de Felipe González –que gobernó en España entre 1982 y 1995– en la confección del archivo, ha sido el lugar elegido para la presentación, en un acto sobrio y elegante en su edificio de la Gran Vía, de todo el trabajo. Felipe González ha llegado con la piel bronceada y la ayuda de un bastón de madera, se ha sentado en primera fila de los invitados y no en la tarima, delegando el protagonismo en otros y haciendo gala de una alegoría de sí mismo.

María González, su hija, ha sido quien ha llevado adelante el proyecto a pesar de la desconfianza impostada de su padre. La apuesta era arriesgada y requirió de tantas horas que casi perdieron la cuenta; María dice que unas 4.000, que como unidad representarían seis meses sin descanso. “Concebimos el archivo no como de una persona, sino de una época”, declara. “Es la primera piedra de un largo camino”.

Como directora del proyecto desea que esto sirva de ejemplo para otros presidentes y anticipa que el proceso está incompleto, todavía queda por digitalizar una tercera parte. Así que seguirán adelante con el esfuerzo que implica y con unos recursos económicos –no reciben subvenciones estatales– y humanos tan limitados –la Fundación solo tiene cuatro trabajadores– .

El proyecto surgió de manera inesperada. María cuenta que un amigo alemán le preguntó a su padre por qué no se lanzaba a la escritura de unas memorias. Felipe González creyó zanjar el asunto de un plumazo: “Ya estoy aburrido de mí mismo”. Aquella respuesta no convenció al alemán, que le reprendió con ingenio: “Me parece que eres un egoísta”. Al día siguiente dio un paso más y escribió a su hija por correo, desanimado por la respuesta del presidente. Fue en ese momento, dice María, cuando decidió comenzar a dibujar el proyecto que ahora se consolida en este archivo.

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José María Sanz-Magallón , presidente de la Fundación Telefónica; Rocío Martínez-Sampere, presidenta de la Fundación Felipe González; José María Maravall, exministro socialista de Educación y Ciencia; y María González, secretaria de la Fundación Felipe González. | Foto: J.R. | The Objective

Los documentos estarán disponibles en la página web de la Fundación y serán de acceso abierto y sin limitaciones. Allí se puede encontrar fotografías con Fidel Castro, Willy Brandt, Gabriel García Márquez, Mijáil Gorbachov. Hay cartas escritas a Alfonso Guerra, quien fuera su compañero inseparable en el partido y en el Gobierno hasta que dejó de serlo. Hay recuerdos de los tiempos en que no era más que un aspirante a político. Hay relatos de corrosión y cansancio. La importancia de este archivo radica en un hecho muy concreto: se trata de una crónica detallada de la mayor época de cambio del país, y también de los cambios que el poder y los años acaban marcando en la piel y las ideas de un presidente.

“Este proyecto honra una época, sobre todo la de nuestros abuelos”, concluye María. “Creo que tenemos el derecho de poner la Transición en su lugar”. El economista y exministro de González, José María Maravall, que está entre los presentadores, toma la palabra y comparte su mensaje: cree que en España no se respeta la memoria de su Historia, y que eso significa que tampoco se respeta así misma. Pero trata de buscar algo de consuelo: “Incluso en democracias ejemplares, recuperar la memoria es harto difícil”. Pone como ejemplos Suecia y su papel destacado como muleta del III Reich, Francia y los campos de concentración que instaló en Argelia, España y el desconocimiento de dónde están enterrados el 90% de los presidentes del país.

Maravall ensalza la importancia del archivo de Felipe González e introduce en su intervención un aforismo sugerente del escritor Milan Kundera: “La lucha de la memoria contra el olvido es la lucha del hombre contra el poder”.

La sede de la Fundación Telefónica está llena de personalidades que le muestran su afecto: antiguos ministros como José Bono, Alfredo Pérez Rubalcaba o Trinidad Jiménez, directivos como José María Álvarez-Pallete –presidente de Telefónica, sentado a su derecha–, periodistas como Joaquín Estefanía. Todos quieren acercarse a él, estrecharle la mano.

Las ‘memorias’ de Felipe González están al acceso de todos, pero cabe puntualizar algo que señala el propio Maravall: “La memoria tiene que abarcarlo todo: las luces y las sombras”.

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Felipe González, durante la presentación. | Foto: J.R.P. | The Objective

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