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“Los flamencos somos gente con el corazón roto”

Foto: Anna Carolina Maier | The Objective

El periodista Miguel Mora cuenta en el prólogo de su libro La voz de los flamencos que alguna vez preguntó a Enrique Morente por qué el flamenco es un arte tan escurridizo. “Será que el flamenco es otra manera de medir”, le respondió aquel. Continúa Mora en su texto diciendo: “Quería quizá (Morente) decir que el flamenco tiene en cuenta valores olvidados como el juego y la memoria, el compromiso y la educación, la curiosidad y la elegancia, la libertad y el riesgo. (Que…) está lleno de elementos paradójicos (inseguridad y pasión, bohemia y estudio, temple y corazón). Y que ser flamenco, crear flamenco e interpretar flamenco no es, ni será, un arte fácil, ni fácil de explicar. Otra manera de medir”.

La cantaora Naike Ponce (Cádiz) y la bailaora Belén López (Tarragona) están llenas de paradojas de este tipo. Son bohemia y estudio, temple y corazón, ambas afirman que el rol de la mujer en el flamenco ha evolucionado y que dedicarse a este es vivir en una montaña rusa en la que nunca se sabe qué va a pasar. Ambas forman parte de los artistas que se presentan en el Teatro Fernán Gómez durante la 4ª edición del festival Flamenco Madrid 2018 entre el 16 de mayo y el 10 de junio.

Naike Ponce (NP) —rubia de rastas cuyo cante gaditano se ve aderezado con las enseñanzas de la escuela sevillana de la Fundación Cristina Heeren— y Belén López (BL) —de mirada profunda que a los 5 años ya había actuado en presencia de Antonio el Bailarín y Pilar López—, hablan con The Objective sobre el rol de la mujer en el flamenco y de la situación actual de este viejo arte.

 

¿Creen que ha cambiado el rol de la mujer en el flamenco?

 

NP: Ha cambiado en la misma manera en que ha cambiado en la sociedad. A mi me parece que aún es poco. Es verdad que la mujer siempre ha tenido una parte importante de creadoras, pero otra cosa es la importancia que se dé a la voz de la mujer en general.

BL: Ha ido evolucionando. Yo soy bailaora y a nivel de movimiento y de los pies, ha cambiado. Antes el único que zapateaba era el hombre y la mujer solamente braceaba. Eso ha cambiado, ahora tenemos la misma fuerza que un hombre. Empleamos los pies al igual que ellos, e incluso el hombre se ha atrevido a ponerse bata de cola, mantón y elementos que siempre han pertenecido a la mujer. Para mí, tanto el hombre como la mujer tienen sus puntos buenos, entonces cuando se quiere ocultar alguno, estamos errando.

 

Naike, uno te ve a ti y siente que no está ante la imagen de una flamenca común debido a tus rastas y tu color de pelo rubio. ¿Siempre ha sido tu estilo? ¿Cómo has logrado encajar dentro del hermetismo del mundo flamenco?

 

NP: Cuando la gente me conoce en un bar y no sabe quién soy, escucho contestaciones de todo tipo, pero yo siempre he sido flamenca porque he estado en esto desde los tres años. La verdad es que siempre he sido un poco transgresora. Pero aquí estoy. Me gustaban las rastas y me las hice, pero nunca pensé en el estereotipo de ser la cantaora con rastas. Me gustaban, independientemente de que yo cantara. Me gustaban y me las hice, y luego se convirtieron en mi imagen.

 

En tu caso Belén. Naciste en Tarragona pero tienes un aspecto muy andaluz. Una catalana bailando flamenco… ¿Tiene fronteras este arte?

 

BL: Para nada. En mi caso, mi madre era de Córdoba y mi padre de Sevilla. Carmen Amaya (nació en Barcelona), imagínate, la mejor. No tiene nada que ver el origen. Aunque mi familia es andaluza, no tenía nada que ver con el flamenco. Mi madre siempre ponía música en la casa, escuchábamos a (Rafael) Farina, no era para que la niña (yo) bailara, pero con tres años yo me ponía a estudiar. Me veía en el espejo y, a veces, en vez de jugar, me ponía a bailar. Mi padre fue el que se dio cuenta y me metió en una academia. Ya a los 5 años estaba bailando para Antonio el Bailarín (Antonio Ruiz Soler). Él fue uno de los que me preguntó si me gustaba de verdad…y así. Me dijo ‘pues p’alante’ y me regaló vestuarios de él, de su compañía, que al día de hoy llevo y me acuerdo mucho de él.

 

¿Cómo es dedicarse al flamenco hoy en día?

 

NP: Es vivir en una montaña rusa. Nunca se sabe qué va a pasar. La gente se piensa que subirse al escenario es solamente el rato que estás ahí, pero nosotros no desconectamos. Quien quiera vivir del flamenco se ve obligado a levantarse y acostarse con él. No hay hora, no tiene valor económico, es nuestra vida.

BL: Es una forma de vida y es un bálsamo para el alma. Pero el camino es difícil, así como en cualquier profesión. Lo bonito que tiene es que no desconectas. Llega a ser agotador pero es una forma de vida, no podemos estar en una mesa y no empezar a hacer esto (y comienza a llevar un ritmo con sus dedos sobre la mesa).

 

“A un cirujano uno no le dice: ‘mira, este hombre se está muriendo pero no hay dinero”.

 

¿Qué le falta al flamenco?

 

NP: ¡Madre! La música evoluciona según evoluciona la gente y creo que el flamenco ya está hecho. Tú puedes darle la vuelta y hacerlo a tu manera, pero la palabra ‘flamenco’, desde mi punto de vista, es muy grande, pero la base está muy bien hecha. Yo siempre digo que para multiplicar hay que saber sumar, es decir, conocer bien la base. Pero ¿qué le falta? A lo mejor, más libertad y más apoyo. Los artistas muchas veces no sabemos dónde llamar.

BL: Todas la veces. Yo hablo con mi suegro que es guitarrista y ha sido de los buenos, de la época dorada de Manuela Carrasco, Manolo Caracol y cuando él decía que era artista era sagrado. Decían sorprendidos: “Es que hace arte”. Y ahora te dicen: “Ah, sí…eres artista y ¿en qué trabajas aparte?”. ¿Cómo que aparte?…O la típica frase de “oye mira, no hay dinero pero es que te va a venir muy bien actuar allí”. A un cirujano uno no le dice: “Mira, este hombre se está muriendo pero no hay dinero. Aún así, te va a venir genial que operes porque así todo el mundo va a saber que operas bien”. Ese punto hay que limarlo un poquito en el arte. Eso falta.

 

De modo que se ha desvalorizado el flamenco…

 

BL: Se ha desvalorizado. Ha quedado un estigma por la crisis. Ya el del local —generalizo y que se salga el que pueda— llega un momento en que si te ofrece unos 50 euros por la actuación y no estás de acuerdo con el pago, se lo dan a otra persona.

NP: No importa la calidad.

BL: No necesariamente contratan a la gente medianamente buena, que conoce un poquito de esto, que se ha dejado los dineros por aprender. En mi caso, me he dejado dinerales sin tenerlos. Pero hacía lo que hiciera falta para estudiar.

 

El flamenco siempre ha sido costoso, ¿no?

 

BL: Es caro precisamente porque es arte. Lo que no se valora es el arte. El cirujano cura el cuerpo y es algo tangible, pero nosotros curamos el alma, muchas veces.

 

¿Belén de qué va tú participación en el festival Flamenco Madrid?

 

BL: “Flamenca” es un espectáculo a modo de recital. Estoy yo sola, aunque le pedí a mi compañero y hermano, Jerónimo Maya, que haga un detallito y hay más sorpresas pero se lo dejo a los que vayan a verlo. En concreto va de mi manera de ver a la mujer en el flamenco.

“Los flamencos somos gente con el corazón roto” 1

Belen Lopez actúa este sábado 19 de mayo a las 21 horas en el Teatro Fernán Gómez

¿Y tú participación Naike?

 

NP: Yo estoy este miércoles 16 de mayo en la gala de inauguración con las grandes mujeres (a las 21 horas también en Teatro Fernán Gómez). Estarán en el escenario Aurora Losada, Encarna Anillo, La Shica, María La Coneja, María Mezcle, María Terremoto, María Vargas, Maui, Montse Cortés, Rocío Bazán, Tía Juana la del Pipa, y, este sí es hombre: Enrique Pantoja.

 

Hay muchos festivales en el sur pero en Madrid no se suelen hacer tanto. ¿Se le da menos valor al flamenco en la capital?

 

BL: Lo bueno que tiene este festival es que reúne a muchos artistas al mismo tiempo. Es un festival en la capital de España. De modo que el que quiera ver buen flamenco, lo tiene aquí. Pero Madrid siempre ha sido una ciudad llena de teatros y ha apostado por el flamenco, aunque ahora parece que un poquillo menos, pero no pasa solo aquí si no en todos lados. Los tablaos de acá son emblemáticos.

NP: Los tablaos de Madrid son una gran escuela porque vienen artistas de todas partes. Madrid es una gran potencia del flamenco. Muchos artistas viene para acá a vivir.

BL: En mi época se venía todo el mundo para acá, porque ahora en Barcelona sí hay un repunte pero en mi época los buenos profesores estaban aquí. Estaba Amor de Dios que estaba plagado de buenos profesores.

 

Conocí la escuela de baile flamenco Amor de Dios en el 2010. En las mañanas había muchísimas clases y los pasillos estaban abarrotados de estudiantes. Hoy, 8 años más tarde, aunque hay buenas opciones hay menos cantidad de clases y de estudiantes. ¿Qué ha pasado? ¿Es solo una impresión personal?

 

BL: Había grandes como el maestro Azorín. Que me perdonen muchos porque tenemos que incluirnos todos en esta reflexión ya que yo también doy clases hoy en día en Amor de Dios, pero hubo una época de maestros, no de profesores, de maestros que se te metían en tu esencia, ya no en el paso. Venían a hablarte de una manera que te impactaba. Quizá no te llevabas el paso pero te llevabas la información que necesitabas para poder hacer el paso. Ahora estamos en una época diferente.

“El Internet a nosotros nos ha quitado la pureza”

 

¿Cómo es de diferente?

 

BL: Hay mucha gente que hoy en día lo hace por hobby y antes había mucha más ansia. Claro, ahora también existe YouTube. Antes mucha gente solo venía a clases a ver al profesor. Había menos información pública. El Internet a nosotros nos ha quitado la pureza. Antes tenías que ir a ver los espectáculos aunque te gastaras todo tu dinero del mes porque no salía en ningún lado. Aunque lo bueno del internet es que pone todo al alcance de más gente y tienes más seguidores.

NP: Tiene sus pros y contras.

BL: Pero se pierde las ganas de estar con la gente. Yo hacía cursillos que me costaban 30.000 pesetas y te dolían pero hoy en día la gente se piensa mucho si pagarse o no un cursillo. Le dices que son 100 o 200 euros y te responden que no. Insisto en el tema, es que es arte.

 

¿El flamenco se cuenta distinto? ¿Cómo describirían la diferencia entre el flamenco y otras artes?

 

NP: Viene de la represión social, artística, machista, racial… La gente cantaba pa’ desahogarse de lo que no se podía cantar a través de metáforas. Es muy profundo.

BL: El martinete por ejemplo es un cante que hacían los mineros mientras trabajaban. Al igual que las mineras. El martinete también lo cantaban mientras forjaban el hierro.

NP: La Alegría de Cádiz, por ejemplo, surge en plena guerra napoleónica. Por eso hay letras que mencionan a Napoleón. Tiene esas dos cosas: la profundidad del dolor y la de la alegría van juntas. Es el yin y yang de la vida.

BL: Es un idioma. Hoy se está haciendo otro flamenco pero porque nosotros estamos viviendo otras cosas. Nuestros antepasados vivieron metidos en las guerras, algo que a nosotros no nos está tocando tan de cerca. Aunque eso está en la esencia, estamos en otro momento. Yo siempre que subo en el escenario cuento lo que vivo. Cuento las fatigas que yo he pasado, que me sobran.

NP: Las fatigas son diferentes pero las emociones son las mismas. Yo no le quiero quitar valor a aquellos que han estado metidos en una guerra pues hay una herencia pero también están las fatigas de uno.

 

Hay una sensibilidad especial en los flamencos, como si fuesen un callo abierto siempre…

 

NP: Algunos dicen que los grandes artistas tienen un dolor muy profundo para poder transmitir así. Como incluso lo tenía Michael Jackson. Yo comparto esa visión. Los flamencos somos gente con el corazón roto.

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