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Las focas que ayudan a los científicos a salvar los glaciares antárticos

Foto: Alamy Foto de archivo | RGB Ventures/SuperStock

El cambio climático no es una conspiración de los ecologistas y el deshielo de la Antártida no es algo que solo pase en las películas americanas. Son una realidad tangible —sí, señor Trump, un hecho que se puede medir y estudiar—. Y en eso están decenas de equipos científicos que tratan de conseguir, por ejemplo, predicciones más precisas sobre la rapidez con la que se derrite la capa de hielo antártica. Uno de estos equipos, el de los investigadores ambientales de la Universidad de East Anglia (Reino Unido), ha incorporado unos colaboradores nuevos muy particulares: las focas y los elefantes marinos que viven en el mar de Amundsen, al oeste de la Antártida.

Estos animales bucean a más de 750 metros bajo el agua y pueden contener la respiración durante 30 minutos mientras nadan en las oscuras y frías profundidades oceánicas, por lo que son un aliado esencial para recopilar datos sobre la temperatura y la salinidad de las aguas alrededor de las capas de hielo que son más vulnerables en la Antártida Occidental.

En el continente blanco, algunos de los glaciares incluyen icebergs del tamaño de Manhattan y si estos se derritieran por completo elevarían el nivel del mar en más de tres metros, según los investigadores. Estos aseguran que gran parte del agua se derretirá de dos glaciares: el de Pine Island —del que ya se desprendió un iceberg el año pasado— y el de Thwaites. La NASA también confirmó recientemente que las pérdidas de hielo en la Antártida Occidental están aumentando “probablemente en respuesta al calentamiento global”.

 

Predicciones de la NASA sobre la velocidad a la que se derretirá la Antártida. | Gráfico: NASA

 

Las estimaciones del aumento del nivel del mar en el futuro varían mucho y los científicos necesitan observaciones durante todo el año para evaluar y mejorar los modelos de cambio climático. Por esta razón, comprender más acerca de cómo y por qué se está produciendo este deshielo es vital para combatirlo.

Sin embargo, estudiar esta parte del mundo es inmensamente difícil. Es una zona remota y muy profunda. Durante gran parte del año, el hielo en la superficie y los icebergs hacen imposible acercarse a los glaciares. Helen Mallett, la investigadora de la Universidad de East Anglia que dirigió el estudio, aseguró en una entrevista: “En invierno es inaccesible para los humanos“. Pero no para las focas y los elefantes marinos que no tienen problema en nadar y sumergirse alrededor de estos glaciares.

Así, en 2014 los científicos decidieron conectar sensores y dispositivos que pueden enviar información por satélite a las frentes de siete elefantes australes y siete focas de Weddell, que cazan peces en estas aguas profundas. Las focas comenzaron a medir el calor y la salinidad del agua mientras se desplazaban por la zona y se zambullían hasta el lecho marino en busca de alimento. En un período de nueve meses, durante todo el invierno antártico, el equipo recolectó datos de más de 11.000 inmersiones en un área de alrededor de 150.000 kilómetros cuadrados. Continuaron enviando señales hasta que mudaron de piel y los dispositivos se cayeron.

 

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Uno de los elefantes marinos con el sensor. | Foto: Lars Boehme/SMRU

 

La cantidad de información que aportaron no tiene precedentes. “Está a un mundo de distancia de lo que teníamos antes”, aseguró Mallett. Al analizar los hallazgos, publicados en Geophysical Research Letters, los investigadores descubrieron que no solo la capa de los glaciares es más gruesa en invierno, sino que también es más cálida y salada que durante los meses de verano. Esto sugiere que es probable que haya todavía más derretimiento de las capas de hielo durante los meses de invierno.

“Sabíamos muy poco acerca de qué esperar de esta investigación, ya que es la primera vez que se recopilan datos de esta manera en esta área”, dice Helen Mallett, quien dirigió el estudio. “Pudimos recolectar mucha más información de las focas que con todas las prospecciones de barcos anteriores juntas, y quedó claro que, al menos durante el tiempo que observamos, hubo diferencias sustanciales en la temperatura entre las estaciones”, señaló. “Aunque se necesitará medir estas diferencias durante varios años, está claro que alistar focas para recolectar este tipo de datos oceánicos ofrece información útil para predecir cómo de rápido subirá el nivel del mar“.

Estos datos también serán útiles para los biólogos marinos, ya que proporcionarán una nueva comprensión del comportamiento de las focas en el mar de Amundsen, y cómo podría verse afectado por el cambio climático, así como por las pesquerías comerciales. El equipo regresará al mar de Amundsen en 2019 para obtener la ayuda de otro grupo de focas con el fin de monitorear esta remota región.

 

Crédito: Yuriy Rzhemovskiy/Unsplash

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