Fran Lebowitz: vida y obra de la más famosa de las desconocidas
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Cultura

Fran Lebowitz: vida y obra de la más famosa de las desconocidas

Ahora que la has escuchado hablar sin parar durante los siete episodios de 'Supongamos que Nueva York es una ciudad', te retamos a que conozcas de verdad a la más famosa de las desconocidas

por Cecilia de la Serna

Es probable que hasta hace poco no hubieras oído hablar en tu vida de Fran Lebowitz. La escritora y humorista –y alguna que otra cosa más– está ahora en boca de todos gracias a la maquinaria de un imbatible del mainstream: Netflix. Una miniserie documental del gigante del streaming ha hecho que nuestras redes –qué curioso, algo que ella no tiene y que encima rechaza– se inunden de citas y fragmentos de lo que dice Fran en la serie que le ha dedicado su amigo eterno: Martin Scorsese.

Si bien es probable que hasta hace poco no hubieras oído hablar en tu vida de Fran Lebowitz, ella es todo un icono desde hace mucho tiempo. Menos conocida en Europa –sobre todo en España–, la autora es todo un monumento vivo de la ciudad de Nueva York. O de una manera muy neoyorquina de entender Nueva York. Ahora que la has escuchado hablar sin parar durante los siete episodios de Pretend it’s a City –regular traducido a Supongamos que Nueva York es una ciudad–, te retamos a que conozcas de verdad a la más famosa de las desconocidas.

Fran Lebowitz es neoyorquina, pero no de nacimiento. Se mudó a la Gran Manzana desde Morristown, un pueblo de Nueva Jersey, a principios de los años 70. Básicamente, se mudó en el momento en el que legalmente podía hacerlo. Su vocación neoyorquina fue, por tanto, muy temprana. Tal vez como la de Dorothy Parker, que décadas antes había hecho ese viaje desde Nueva Jersey y que se convertiría, gracias a su pluma afilada y su sarcasmo, en la comparativa constante de Lebowitz. O Lebowitz se convertiría la comparativa de Parker, más bien.

Los Lebowitz eran la típica familia inmigrante judía de clase media de la época. Los padres eran vendedores de muebles, tal vez de ahí venga ese amor de la escritora por las cosas bonitas –que no por el dinero–. Fran Lebowitz fue expulsada de su instituto por su mala actitud, algo que ni ella misma niega. Para qué hacerlo. Y enseguida, como decíamos, hizo las maletas para buscarse la vida en Nueva York. Lo de buscarse la vida fue literal: como cuenta en el documental, hizo lo que buenamente pudo: taxista, chófer, limpiadora. Más tarde dio con quien le cambiaría, en parte, la vida: Andy Warhol, de quien no guarda un buen recuerdo –y ningún cuadro–.

En el documental Public Speaking, también de Martin Scorsese pero rodado en 2010 para HBO, Fran Lebowitz exponía con todavía más detalle cómo fueron esos primeros años, en los que trabajaba de lo que fuera con tal de poder pagar el alquiler. Pero solo para pagar el alquiler. No buscaba hacerse rica, no tenía planeado ahorrar. Quería poder pagar el alquiler y dedicar el resto de su tiempo a «no hacer nada». Porque para «tener ideas», decía, «es muy importante no hacer nada, simplemente estar por ahí con otra gente, hablando, sentados en bares y fumando cigarrillos». «Esa es la historia del arte», sentenciaba.

Claro que Fran Lebowitz no tiene filtros. Ninguno. Ni corrección política. Por eso opina de todo sin tapujos. Esto mismo es lo que llamó la atención de Andy Warhol cuando la contrató como columnista de la revista Interview y es lo que, con el tiempo, la ha convertido en una de las figuras de opinión más relevantes e influyentes del panorama sociopolítico estadounidense. De esa columna semanal en la que comentaba la vida diaria del Nueva York de la época hasta las películas que le dedica su amigo Marty ya entrado el siglo XXI han pasado varias décadas, aunque oyéndola hablar da la sensación de que no ha pasado el tiempo por ella.

Algo más o menos conocido de Fran Lebowitz es que es abiertamente lesbiana, aunque sus comentarios sobre la lucha de los derechos LGTBI no dan a entender que sea, precisamente, una activista al uso. De hecho, siempre ha rechazado el ser etiquetada de esto mismo, de «activista».

En este vídeo comentaba con ironía que el hecho de que las parejas del mismo sexo no pudieran casarse legalmente «era una de las buenas cosas de ser gay». «Dos de las instituciones que más oprimen son el matrimonio y el Ejército», decía, asegurando que no entendía por qué los colectivos de liberación LGTBI en Estados Unidos insistían tanto en estas dos cuestiones. «Una lucha por la libertad es una lucha por la libertad, estas dos cosas son lo contrario a la libertad».

Y alguien que opina tanto, lo normal es que odie cosas y que lo diga sin freno. En esta entrevista de 1978 en la CBC, Lebowitz repasaba algunas de las cosas que odia: los relojes digitales, las calculadoras o las noticias, por ejemplo. Aunque, según avanza en sus planteamientos, hay en alguna cosa que, cuarenta y pico años después, parece toda una visionaria. «La gente solo está interesada en las cosas que están a su alrededor», esgrimía, por lo que las noticias no tienen sentido si no son personalizadas. Décadas después llegaría el microtargeting y, al final –como siempre–, Fran Lebowitz tenía razón. Y en lo que le encanta, en lugar de odiar, también puede que lleve toda la razón: fumar y dormir. No hay mucho más. Nada de trabajar, nada de tener hijos –pregunta que, como es de esperar, le hacían a toda hembra con patas en 1978–. Tan solo fumar y dormir.

Este reciente vídeo de The Cut en la casa del director creativo Marc Balet, amigo suyo desde los tiempos en los que trabajaban juntos en Interview, es la expresión pura de la ternura. Ternura desprovista de todo cliché. Ella dice que nunca le ha gustado la casa de Balet –un envidiable loft de varias plantas en el corazón de Manhattan–, pero la forma en la que lo describe denota, con agravio incluido, un sentimiento de amistad pura. Y es que, aunque sea considerada –por algunos, la vasta mayoría– una cascarrabias y una esnob, a Fran Lebowitz nunca le han faltado amigos.

De la vida de la escritora se ha dicho mucho. La expone a través del ingenio de sus ideas, de sus convicciones. Sentencia a muerte con solo mirar al de enfrente. Empieza una frase y sabes que ya está todo dicho. Sobre su obra, tampoco hay demasiado que añadir: en 1978 publicó su primer recopilatorio de artículos, Metropolitan Life; en 1981 publicó su segundo recopilatorio, Social Studies; ya en los 90 publicó un recopilatorio de los recopilatorios, The Fran Lebowitz Reader, y poco después –en 1994– publicaba su último libro, el infantil Mr. Chas and Lisa Sue Meet the Pandas. Por lo que lleva más de 25 años sin publicar nada nuevo, y sumando. Sobre ese «bloqueo del escritor» ha hablado mucho, porque tendrá el bloqueo del escritor, pero no del hablador. De hecho, su vida ahora se sustenta sobre conferencias, programas de televisión y cameos en películas. Sobre charlas, en definitiva.

Estas son, en resumen, la vida y la obra de un icono de Nueva York, del mejor descubrimiento para los que vivimos lejos de ese bullicio, de la más famosa de las desconocidas.

Cecilia de la Serna

Escribe sobre energía y medioambiente pero también sobre cultura, tecnología, y cualquier tema del que pueda aprender. Además, edita las newsletters del medio y coordina el contenido creativo.