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Clubhouse, desde dentro: así es la exclusiva red social de moda en la que escuchar es la clave

Entramos en la red social que más ha crecido en los últimos meses para contarte desde dentro cómo es la experiencia

Clubhouse, desde dentro: así es la exclusiva red social de moda en la que escuchar es la clave

William Krause | Unsplash

Conseguir una invitación para entrar en Clubhouse no es fácil. De entrada, todos los usuarios tienen tan solo dos, y esas dos invitaciones no son ampliables a menos que el usuario en cuestión sea muy activo en la aplicación. Y así, de dos en dos, la nueva red social de moda ha crecido de forma espectacular. Los números hablan por sí solos: desde que fuera fundada en abril de 2020, en pleno confinamiento, Clubhouse ya ha tenido más de seis millones de descargas a nivel mundial. Y suma y sigue. Esta red de social basada únicamente en la voz es el último grito de la red.

En Clubhouse, donde se premia la exclusividad, el buen tono y la identidad real de sus usuarios, están algunas de las personalidades más importantes del mundillo celebrity y tecnológico. Hace poco, el fundador de SpaceX y Tesla se apuntaba también a esta nueva ola. Y ya sabemos que todo lo que toca Elon Musk es un must –al menos últimamente–. Entramos en Clubhouse para desgranar, desde dentro, cómo es la nueva red social de moda.

Lo primero: para conocer Clubhouse hay que entrar en Clubhouse. Y para entrar, como comentábamos, necesitas una invitación. Antes de conseguirla, eso sí, puedes registrar tu nombre de usuario para que nadie te lo quite, aunque todavía no hayas logrado tu invitación. Esto también sirve para que quien esté en Clubhouse y te tenga en su lista de contactos pueda saber de tu interés en pertenecer a este club y, quien sabe, enviarte la preciada invitación para entrar.

«Cualquiera puede unirse con una invitación de un usuario existente. Regístrate para ver si tienes amigos en Clubhouse que puedan dejarte entrar. ¡Estamos deseando que te unas!». Este es el mensaje –en inglés– que muestra la aplicación al realizar dicho registro, además de solicitarte que pongas tu nombre real. Con esto último, buscan que la plataforma no se llene de bots, trolls y otros indeseables de la red.

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¿Qué te interesa? Esa es la primera pregunta que te hace Clubhouse y lo único que importa en esta experiencia. | Imagen: The Objective

De momento, Clubhouse solo está disponible para dispositivos iOS, por lo que la tecnología con la que cuentes también es un factor determinante para entrar en este (por ahora) exclusivo club. Y hablamos de exclusividad –aunque sus responsables no quieren ni oír hablar de este concepto ya que están en una fase de crecimiento importante– porque, en resumidas cuentas, todos estos elementos hacen que la experiencia en esta red social sea única y codiciada, tanto que, cuando Musk anunció que estaría dando una charla en Clubhouse en un tuit, hubo usuarios que pusieron a la venta sus invitaciones; otros tantos las compraron.

Una vez consigues entrar, la aplicación te pregunta por tus intereses, tu estilo de vida o tu identidad para recomendarte salas a las que acudir a escuchar lo que se cuece y, si te apetece, participar en ellas. Lo que más sorprende al entrar es el buen tono generalizado que habita esta red social, especialmente si lo comparamos a otras que, como Twitter, están plagadas de insulto y controversia continuada. Esto sin duda lo favorece el hecho de que la conversación sea en tiempo real –nada queda grabado– y que sea completamente por voz. Básicamente, Clubhouse funciona como una llamada de grupo entre los usuarios que participan en una misma sala. Dentro de las salas, hay una jerarquía: los moderadores; los oradores; los usuarios seguidos por moderadores u oradores y los demás. Todos pueden hablar, siempre y cuando levanten la mano y pidan la palabra. De esta manera, quien solo esté escuchando la conversación, puede participar de ella siempre y cuando un moderador la dé la palabra, por lo que el diálogo y el buen tono están casi asegurados. Además, los moderadores tienen el poder para expulsar a cualquier participante si su objetivo es romper este buen tono.

Cuando entramos en Clubhouse, al principio, nos encontraremos con un sinfín de salas de voz con distintas temáticas. Reinan, especialmente, aquellas dirigidas al sector del marketing. Depende de la hora del día, también, ya que en horario laboral predominan más las salas profesionales, en las que usuarios de un mismo sector se reúnen a discutir sus temáticas particulares; y en horario de ocio predominan más las salas de entretenimiento, donde se habla de temas más livianos –«mamarracheo»– e incluso proliferan salas románticas en las que hacer una suerte de speed dating. A veces, entra un personaje famoso –en mi corta experiencia ya he estado en salas con Iván Ferreiro o Anne Igartiburu, entre los españoles– y entonces la sala se llena de gente ávida de preguntar a la celebrity de turno.

Una vez vamos ganando experiencia, seguimos a personas y empezamos a pertenecer a clubes –comunidades con intereses específicos en la aplicación–, veremos cada vez más salas afines con nuestros gustos, nuestro idioma o las personas a las que seguimos. Lo bueno es que la aplicación no aplica el famoso filtro burbuja, por lo que es bastante fácil caer en salas donde estén hablando personalidades con las que no necesariamente tienes que estar de acuerdo, lo que alimenta el diálogo y el intercambio sosegado de ideas.

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Puedes encontrar la sala que más te convenga por la temática o simplemente explorar entre todas ellas. | Imagen: The Objective

Hablar o no hablar es decisión tuya. Lo que realmente prioriza la experiencia Clubhouse es la escucha, y eso es lo que está enamorando a cada vez más usuarios. Acostumbrados como estamos muchos a mirar el móvil en el momento justo después de cerrar un libro y justo antes de acostarnos –los médicos no lo recomiendan–, en lugar de revisar en un infinito scroll down en Twitter o Instagram, podemos simplemente cerrar los ojos y escuchar alguna sala que nos parezca interesante. Escuchar y hablar cuando tengamos algo que decir: voz en lugar de ruido, que hacía falta.

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