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Ben Prunty: de las estrellas al océano

Respiramos hondo, nos acomodamos en el asiento del piloto. Sentimos el temor reverencial frente a la inmensidad del cosmos. Apretamos el botón, y de nuevo el salto al hiperespacio, la opresión, la incertidumbre… y la melancolía que nos arropa. La añoranza de encontrar, quizás, un hogar inesperado en una estrella oculta.

Pero no podemos relajarnos. De repente los tonos oníricos que nos arrullan se vuelven imperiosos, apremiantes; nos trasladan a la batalla. Desde el interior de nuestro robot todo se vuelve difuso, una confusión de humo y explosiones. Hemos perdido de vista a nuestros compañeros y solo ellos nos rodean; los intrusos, la aberración. El mal encarnado en monstruos que cayeron sobre la Tierra, procedentes de aquellas mismas estrellas perfiladas de promesa. Se acabó el ensueño. Ahora solo queda la batalla, las vidas que dependen de nuestra habilidad a la hora de calcular cada disparo.

Entre el primer juego, Faster Than Light, y el segundo, Into the Breach, han transcurrido seis años. La compañía responsable de ambos, Subset Games, fue una de las abanderadas de la gran explosión indie de 2012; el Kickstarter con el que consiguió financiar Faster Than Light recaudó algo más de 200.000 dólares.

Suena un tanto irrisorio hoy en día, a la luz de tantas y tantas campañas millonarias, pero estamos hablando de un momento en el que esto de lanzarse a crear videojuegos de modo independiente era poco menos que una excentricidad. Aunque el panorama del indie cambió radicalmente durante esos seis años, Subset Games decidió ser fiel a su filosofía creativa: tanto Faster Than Light como Into the Breach son juegos de estrategia que no conceden tregua al jugador, que nos obligan a planificar nuestra estrategia al milímetro… y a contemplar, sumisos, cómo la fatalidad se impone a causa de un único movimiento mal planteado.

En el caso de Faster Than Light, nuestro objetivo es recorrer el universo saltando de galaxia en galaxia, empleando sabiamente, como buenos capitanes, los recursos de nuestra nave y nuestra tripulación para hacer frente a las adversidades. Into the Breach, en cambio, nos pone a los mandos de un equipo de robots gigantes o mechas en una lucha por impedir que una invasión de kaijus del espacio se haga con el control de la Tierra, al más puro estilo Pacific Rim.

Ben Prunty: de las estrellas al océano 1

Foto vía benpruntymusic.com

La estrategia y la estética pixel-art no son los únicos vínculos entre ambos juegos, no obstante. En ambos repite también el compositor musical Ben Prunty. El nombre al que está dedicada la primera de nuestras secciones musicales, y un habitual de la escena indie al que no podemos pasar por alto.

Si alguien todavía alberga alguna duda sobre el poder de la música para completar la inmersión en un juego, no tiene más que escuchar las bandas sonoras de los dos que mencionamos. Nos hablan directamente de aquello que tenemos a nuestro alrededor y no nos paramos a contemplar, centrados como estamos en planificar nuestra táctica o en tratar de adivinar la del enemigo. Los sintetizadores oníricos y la reverberación sonora en Faster Than Light nos muestran la inmensidad del espacio, convierten su omnipresencia en algo tangible. A ratos tranquilizador, a ratos ominoso.

En Into the Breach, en cambio, la clave son los bajos, los cellos y las guitarras que transmiten la sensación de urgencia, del tiempo que se agota. De la tragedia a nuestro alrededor: aunque nuestra vista permanece fija en el campo de batalla y los kaijus que debemos aniquilar, el verdadero peligro se encuentra en las ciudades que hemos de proteger. No en vano nuestros puntos de vida están ligadas a ellas: la muerte de ciudadanos inocentes equivale a perder nuestra propia energía. Durante la lucha nos llegan sus exclamaciones de apoyo, sus gritos de terror. Siempre en la periferia, siempre observando. Y juzgándonos.

Ben Prunty vive en San Francisco, California, y aunque su interés por crear música para videojuegos le viene de sus años universitarios, fue Faster Than Light, en 2012, el que le abrió las puertas de la industria. Siete años más tarde, consolidado como trabajador autónomo, se dedica en exclusiva a la composición de bandas sonoras, casi siempre de videojuegos, aunque también ha trabajado en otros medios; una muestra es el documental Banking on Bitcoin.

Los sintetizadores, el lo-fi y el chiptune son las líneas de fuerza en la obra de Prunty, a quien ya se disputan los estudios indie, a juzgar por el gran número de colaboraciones hasta la fecha. Si os apetece un poco de misterio, podéis optar por la banda sonora de The Darkside Detective: un homenaje en clave retro a las historias de misterios paranormales que nos han acompañado en series y películas, donde también hay espacio para el humor.

O por la banda sonora más reciente que nos ha obsequiado, la de Photographs. Un juego cuyo diseño artístico corre a cargo de Octavi Navarro, más conocido como Pixels Huh; artista patrio ampliamente reconocido en la comunidad pixel-art a nivel mundial. La combinación de la estética minimalista y minuciosa del juego, que nos invita a detenernos en los detalles para revelar la historia, casa a la perfección con el sonido sosegado de Prunty.

Ben Prunty ha publicado 14 álbumes desde 2012, con más de 226 piezas musicales en total. No todos son bandas sonoras; entre los trabajos independientes de su carrera destacan Chromatic T-Rex y Color Sky como los mejores exponentes de su estilo evocador.

«Pasé diez años trabajando para procurarme una carrera sostenible en la música de videojuegos, y ahora me dedico a ayudar a otros a conseguir esta meta», explica Ben. En su página web y sus redes sociales no duda en compartir información acerca del equipo que utiliza para componer, e incluso de su propio método de trabajo. Emite un programa regular en Twitch, Music Workbench, donde aconseja a músicos y muestra su actividad; recientemente ha estado compartiendo en vivo su progreso en la banda sonora de Subnautica: Below Zero, en la que se encuentra inmerso ahora mismo. En esta ocasión, nos propone un paseo por las profundidades marinas: otro universo que recorrer, muy diferente al que nos mostrara en Faster Than Light pero sin duda también plagado de detalles por descubrir gracias a sus acordes. Como siempre, estaremos encantados de explorar a su lado.

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