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Lo que nuestros gemidos en el sexo dicen sobre nosotros

Foto: Emiliano Vittoriosi | Unsplash

Muchas personas se preguntan si hacer pocos sonidos durante el sexo significa que algo va mal. No necesariamente es así, pero lo cierto es que el gemido es “una respuesta fisiológica al esfuerzo” que a veces ayuda a un mejor rendimiento, escribe el neurocientífico Barry Komisaruk y autor de La ciencia del orgasmo.

Sucede como en el tenis. No es raro ver a jugadores y jugadoras haciendo sonidos que nos recuerdan momentos de intimidad. De modo que no, no estas loco, ni eres un pervertido por pensar en que el sonido que hacen los atletas son como los del sexo. De hecho, son gemidos similares que cumplen funciones similares.

Un artículo de la revista Time escrito por Mara Altam, también autora del ensayo Gross Anatomy, compara los gemidos sexuales a los sonidos que hacen los tenistas.

Altam se basa en algunos estudios hechos por Lorraine McCune quien ha hecho desde 1987 investigaciones en la Universidad de Rutgers (Nueva Jersey) sobre los gruñidos y el lenguaje.

“El gruñido es una respuesta fisiológica al ejercicio, un epifenómeno que ocurre cuando el cuerpo necesita más oxígeno”, explica. (Un epifenómeno es un fenómeno secundario que acompaña o sigue a uno primario sin constituir parte esencial de él y sin que aparentemente ejerza influencia).

McCune da un significado –un tanto complejo– de ‘gruñido’: “En condiciones de demanda metabólica, la activación de los músculos intercostales para mantener la inflación pulmonar durante la espiración se basa en la contracción que se refleja en el movimiento de los músculos laríngeos, creando un sistema bajo presión que alarga la fase de expiración de la respiración y mejora la oxigenación de la sangre. La caducidad contra la glotis constreñida produce sonidos”. Esto también sucede con los gemidos sexuales.

Para que quede más claro Altam señala: “Si no estás haciendo sonidos, entonces probablemente no estás respirando mucho, y la respiración es absolutamente crítica para una experiencia orgásmica expandida (…) en las circunstancias correctas, el sonido simplemente sucede”.

Si un tenista intenta acallar el sonido que emite al golpear la pelota podría arruinar su jugada ya que para aplacar la vocalización, necesitaría usar la energía que podría haber aplicado en su golpe. Investigadores de la Universidad de Nebraska Omaha encontraron que los jugadores profesionales de tenis aumentan la velocidad de la pelota en un 3,8% si gimen mientras golpean con la raqueta. La misma mecánica se da al momento de una relación sexual.

La metáfora de la gaviota

El neurocientífico Barry Komisaruk para explicar el rol de los gemidos en el sexo utiliza la metáfora de una gaviota cuando aprende a volar. Relata que comienza moviendo sus alas para despegar y cada vez que las bate hace un ruido. “La vocalización se sincroniza con el movimiento porque el esfuerzo crea un sonido”. Poco después, lo que era tan solo un sonido graznante, evoluciona en algo más. Termina convirtiéndose en una señal para sus compañeros de que está volando. Se vuelve un mensaje. Comienza a ser comunicación.

Lo mismo ocurre con los sonidos sexuales, explica. Pueden haber comenzado como una serie de pequeñas liberaciones respiratorias, pero se han adaptado a una forma de comunicación entre la pareja. Cuando una persona deja salir sus gemidos, por ejemplo, informa a su pareja sobre su nivel de placer y de disfrute. “El sonido es una representación de la intensidad de la excitación”, acota Komisaruk.

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Foto: Melanie Dretvic | Unsplash

Decir que las mujeres fingen acerca del placer es una hipótesis muy compartida. ¿Por qué lo hacen? Gayle Brewer, profesora de psicología en la Universidad de Central Lancashire, coautora de un estudio sobre sonidos sexuales femeninos falsos señala que el 80% de las 71 mujeres encuestadas simulaba placer con gemidos durante el 50% del tiempo de la relación. (Debe tomarse en cuenta que para esta conclusión –como en la mayoría de los estudios sobre sexo– se ha recogido únicamente la opinión de mujeres heterosexuales, no de las homosexuales por lo que nos resulta bastante sesgado).

El estudio, cuyo título no tiene pérdida: “La evidencia sugiere que las vocalizaciones copulatorias en las mujeres no son una consecuencia reflexiva del orgasmo”, concluye específicamente:

“Un examen más detallado de las respuestas durante el coito reveló que, aunque los orgasmos femeninos solían experimentarse durante el juego previo, las vocalizaciones copulatorias se realizaban con mayor frecuencia antes y simultáneamente con la eyaculación masculina. Estos datos juntos demuestran claramente una disociación del momento en que las mujeres experimentan el orgasmo y hacen las vocalizaciones copulatorias e indican que hay al menos un elemento de estas respuestas que están bajo control consciente lo que le permite las mujeres la oportunidad de manipular el comportamiento masculino en su beneficio”.

En el caso de los hombres, pueden fingir placer pero no el orgasmo. Las dos principales razones que llevan a las personas a simular placer es para que termine pronto la relación sexual o para darle un boost de ego a la pareja.

Una mejor experiencia erótica

Entonces, volviendo al comienzo del texto, no hacer sonidos durante el sexo no es grave pero añaden mucho a la experiencia erótica. Además de que evitarlos puede suponer algún tipo represión emocional.

El psicoanalista Luis Chiozza, ganador del Premio Konex en 1996 y conocido por sus investigaciones sobre medicina psicosomática, en una entrevista con The Objective explicó que si se reprime la experiencia sexual la persona puede derivar esa energía realizando otras actividades en exceso como comer o hacer deporte.

“Hay que disipar malentendidos. Cuando Freud habla de sexualidad no solo habla de genitalidad, sino que intenta explicar que lo que no se descarga en una actividad genital se descarga por otros órganos. La misma energía pasa de un órgano a otro”. Esa energía es la llamada: energía de la ‘líbido’.

“Una persona que se frustra mucho en el aspecto genital lo puede compensar comiendo. A través de un placer sustituto se descarga esta necesidad de gratificación. Esto no significa que es lo mismo comer que tener relaciones genitales sino que una misma excitación orgánica puede viajar de un órgano a otro”, añade Chiozza. De modo que, a pesar de que el mundo afronte, en la teoría, menos tabúes sexuales, la complejidad sigue vigente en el inconsciente y para evitar desvíos es bueno hacer terapia.

Los gemidos tienen mucho que ver con la confianza que se tenga la pareja pero también con la confianza hacia uno mismo. Se trata de encontrar una “voz” personal y verdadera en ese arte, como pasa con la mayoría de las artes.

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