Gigantes y cabezudos, la historia detrás del pasacalles más icónico de Madrid
Foto: Ayuntamiento de Madrid

Cultura

Gigantes y cabezudos, la historia detrás del pasacalles más icónico de Madrid

Los gigantes y cabezudos llevan 50 años consecutivos recorriendo las calles de la capital –medio siglo, se dice pronto- y despertando un interés y un entusiasmo como pocas festividades locales lo hacen.

por The Objective

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Son enormes y aparentemente torpes y salen únicamente unos días al año, en fechas muy señaladas, para recordar que Madrid, como ciudad centenaria, tiene tradiciones que la hacen especial. Los gigantes y cabezudos llevan 50 años consecutivos recorriendo las calles de la capital –medio siglo, se dice pronto- y despertando un interés y un entusiasmo como pocas festividades lo hacen.

Sin embargo, esta etapa de reconocimiento y estima tiene una historia muy corta. Porque, si echamos la mirada atrás, este pregón de muñecos de cartón-piedra y madera que a veces llegan a pesar 80 kilos y que miden entre cuatro y cinco metros pasó muchas décadas en el olvido, quemados en las iglesias, marginados entre humedades y ratas en los almacenes, abandonados y con polillas. Aunque la tradición se remonta al siglo XIV, supuestamente inspirada en las celebraciones celtas, no existía una fiesta anual, ni siquiera una rutina marcada y continuada.

Gigantes y cabezudos, la historia detrás del pasacalles que recorre las huellas de Madrid

Los gigantes y cabezudos, durante el pregón de San Isidro de 2015. | Fuente: Ayuntamiento de Madrid

 

Es cierto que en aquellos tiempos, en la Baja Edad Media, los gigantes y cabezudos comenzaron a moverse a ritmo de dulzainas y tambores, protagonizando pregones y desfiles que reunían a miles de personas. Pero no ha sido hasta el último siglo que se ha producido una voluntad real y ambiciosa de recuperar la tradición, de volver a un rasgo de identidad que cada vez es más admirado en el resto del país.

Fue Arias Navarro, político franquista y alcalde de Madrid entre 1965 y 1973, cargo que abandonó para ser ministro de Gobernación, quien decidió traer de vuelta la festividad aprovechando el pregón de San Isidro de 1967. Para ello, contactó con el maestro fallero Regino Mas, bien conocido por sus trabajos en Valencia, para modelar las nuevas figuras y dotarlas de una belleza similar a las Fallas levantinas. Los trajes, por su parte, se encargaron a Manuel Comba.

Los personajes son representaciones de figuras de la historia madrileña y española que son recordados con facilidad por los ciudadanos, como el pintor Francisco de Goya o el rey Alfonso VI. Visten las ropas de su tiempo y guardan gestos faciales similares; en otras palabras, sus autores se esforzaron por conservar en sus obras la esencia de su carácter y de su época. Este recorrido trata, de este modo, de acoger el espíritu del país desde el siglo IX y hasta los primeros años del XX.

Entre los otros gigantes, se encuentran Manolita Malasaña -ejecutada por las fuerzas de Napoleón por portar unas tijeras de modistilla, lo cual fue interpretado como un arma por el ejército francés- o el propio San Isidro –patrón de Madrid y de los agricultores, el santo más querido-, en cuyo nombre se celebran estas fiestas. En las fiestas patronales, que comienzan este viernes, la Comparsa de Gigantes y Cabezudos desfilará a partir de las seis por las calles del centro de la capital, partiendo de la plaza de Santo Domingo, cerca de la Gran Vía, y terminando en la Plaza de la Villa, donde se encontraba antiguamente el ayuntamiento. Allí, a las ocho, tendrá lugar la lectura del pregón por parte del humorista Juan Luis Cano.

Además, también estarán en las mañanas del sábado y el domingo en el festival de danzas madrileñas de la Plaza Mayor y en los jardines de las Vistillas, en un evento destinado a los niños. Todo por preservar una tradición que se constituye como el pasacalles más icónico del folclore madrileño.