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De Greta Gerwig a David Simon: cuando los creadores retratan sus lugares de nacimiento

Foto: IMDB

Greta Gerwig planea tres películas más sobre su ciudad natal. La tradición de autores hablando de sus lugares de origen es histórica y ocupa cine, literatura o televisión.

 

“-¿De dónde eres?

 -Sacramento

 -¿Qué?

 -San Francisco”

 

Lady Bird puede no estar orgullosa de haber nacido y crecido en Sacramento, en “el lado equivocado de las vías”, pero su creadora, Greta Gerwig, sí lo está. Su ópera prima tiene mucho de autobiográfica y se desarrolla en su ciudad de origen, a la que, aunque su protagonista la deteste, le escribe una oda de admiración, un retrato de belleza simple pero cautivadora. No es casual que las últimas líneas mencionen la ciudad y su encanto. Pero Gerwig no se ha quedado satisfecha con hacer una película en Sacramento, de hecho ha anunciado que se plantea hacer otras tres en su ciudad natal. Lady Bird es una parte de Sacramento. Pero hay muchas partes diferentes que me gustaría explorar también. Siento que tengo el privilegio de ser de ese lugar. Soy realmente de ese lugar -mi familia nunca se mudó, aún viven allí, mis amigos aún viven allí- y siento que puedo hablar de ella con verdadero sentimiento”, dijo Gerwig a Vulture.

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Lady Bird refleja un Sacramento con cierta luz mágica que el espectador ve, pero su protagonista odia. | Imagen vía IMDB

Su inspiración para cuatro cintas proviene de la trilogía napolitana de Elena Ferrante (esas cuatro novelas sobre dos amigas que revolucionaron hace nada la industria literaria). Y es que Gerwig no es la única creadora que ha sentido el llamado de contar a otros su ciudad, su pueblo, su espacio. De hecho, aunque no se sepa con absoluta seguridad quién es Ferrante o se rumoree al respecto, si las investigaciones con ciertas (se rastreó su identidad a partir de eventos autobiográficos en el libro a una profesora universitaria), Ferrante es napolitana y en sus cuatro novelas la ciudad y su aire, su espíritu, su caos, son tan protagónicos como las dos mujeres en el centro de la historia.

Nápoles es en las novelas de Ferrante casi un monstruoso ser vivo, un elemento que marca eternamente la vida de sus personajes por haber nacido allí, como ha marcado el de su autora. Sacramento es en Lady Bird un sitio bañado de sol, de vida, de detalles hermosos que su protagonista no ve. Para ella haber nacido allí también es una marca, una negativa, y parte de su arco dramático incluye su reconocimiento de su ciudad, su origen y su identidad como algo válido y valioso.

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The Chi es el esfuerzo de Lena Waithe de hablar de su Chicago natal como nadie lo ha hecho antes | Imagen vía IMDB

Escribir, retratar, pintar los lugares de origen es algo que ha marcado las carreras de más de un autor, sea del ámbito que sea; implica una relación cercana con el sujeto de su relato, un conocimiento extenso, una honestidad clara. Hace poco se estrenó, por ejemplo, la serie The Chi, en que Lena Waithe (la co-guionista y actriz que interpreta a la mejor amiga de Dev en Master of None) relata la vida en un barrio del sur de Chicago. “Sentí que mucha gente que escribía sobre la ciudad nunca había vivido allí”. Y por ello se lanzó a escribir e inspirarse en su propia vida. “Que me digan que se siente como Chicago es muy importante”, dijo Waithe en el podcast Remote Controlled. En The New York Times Gary Levine, presidente de Showtime -donde se emite The Chi, dijo: “Era sobre la ciudad, pero realmente era sobre estos personajes . Sentí que iluminaba un mundo que no vemos normalmente en televisión y un mundo que es muy personal para Lena. Eso estaba muy claro”.

Personal, ese el adjetivo clave. Para autores como Woody Allen (acusado actualmente y, realmente, durante décadas, de abusos a sus hijos) su ciudad es no sólo un lugar, es un reflejo de sí mismo, casi tanto como sus propios personajes. Tomemos Manhattan, por ejemplo. En esta película el director neoyorquino fotografía con adoración la Gran Manzana (además de escribirse como un protagonista que mantiene una relación con una menor de edad…) y la hace su protagonista. Su personaje escribe sobre la ciudad, de hecho sus primeras palabras son variadas descripciones sobre Manhattan, visiones diferentes de un lugar que ha generado su existencia. Con el monólogo inicial que vuelve siempre a “Capítulo 1: Él adoraba Nueva York…” y luego reinventa descripciones de la ciudad como romántica, decadente, oscura o hermosa, Allen explora sus propios sentimientos sobre la ciudad sin la que su cine y sus particulares personajes no tendrían hogar. Lo mismo, esa mirada crítica pero llena de cariño inmenso, esta vez bañada de nostalgia, marca otra de sus odas a un lugar. En Días de radio, un compendio de anécdotas de su infancia, su familia y su propia niñez compiten en importancia con su barrio, Queens, ese suburbio de Nueva York en que nació.

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Woody Allen ha escrito muchas cartas de amor a Nueva York, pero ninguna prueba más su devoción por la ciudad y su importancia como personaje que Manhattan | Imagen vía IMDB

Un lugar mucho más pequeño, pero no por ello menos repleto de historias es Monroeville, Alabama. Puede que este lugar no diga mucho por sí mismo, pero todo lector amante de Matar un ruiseñor sabrá que el Maycomb en que se desarrolla la historia es sin duda este pueblo del Sur de Estados Unidos, lugar de nacimiento de la autora del libro, Harper Lee. Ejemplo de esa inmensa nostalgia que significa revisitar los sitios que se conocen y se quieren desde la memoria, Matar un ruiseñor pinta no sólo a los Finch y ese intenso verano, sino las tardes polvorientas y calurosas, las calles llenas de árboles y la vida del pueblo que siempre fuera hogar de Lee y que es hoy hogar del museo en su memoria.

Existe el relato del lugar de origen como un ejercicio de recuerdo, como un esfuerzo de mantener con vida un momento que ya se fue. Pero esa no es la única manera de hacer de un espacio el protagonista de una narrativa. También está otra manera. David Simon lo demostró con The Wire. Aunque naciera en D.C., Simon vivió en Baltimore tras salir de la universidad (de todas maneras queda muy cerca de la suya) y tras años de trabajar en un periódico decidió retratar esa que se había convertido en su ciudad, ese lugar complejo, corrupto y de conexiones profundas llamado Baltimore. Lo hizo con una serie que, en cinco temporadas, retrata como pocas obras de ficción los entresijos del crimen, el orden, la ley, la educación, los medios, la justicia y toda la burocracia, corrupción e intereses que los entretejen sin ser vistos. ¿La razón? Simon conocía Baltimore a fondo.

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The Wire se las arregló para mostrar la totalidad del complejo sistema que hace funcionar a Baltimore | Imagen vía IMDB

Trabajos sobre lugares de origen habrá siempre -de hecho quedan por nombrar decenas en este texto- porque la memoria es parte fundamental del ejercicio de un autor, así como lo es su identidad. No es casual que tantas primeras novelas, películas o series sean autobiográficas. Son un intento de entender y entenderse, a ellos mismos y a su lugar, su identidad, tan mezclada con el lugar en que se nace. “Cuando conoces algo íntimamente y lo amas sientes que puedes mostrar algo que alguien ajeno no podría. Sacramento es un lugar vivido y con vida. No es rural, pero tampoco es Nueva York o san Francisco, está en la mitad”. Eso dijo Gerwig al San Francisco Chronicle. Y si se piensa tiene toda la razón.

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