Guadalupe Nettel: “Las etiquetas en el rol de la mujer son un auténtico lastre”
Foto: Mely Ávila| Editorial Anagrama

Cultura

Guadalupe Nettel: “Las etiquetas en el rol de la mujer son un auténtico lastre”

La narradora mexicana pone en cuarentena el concepto de maternidad para explorar nuevas posibilidades en los roles de la mujer moderna

por Ariana Basciani

Una mujer decide que se va a ligar porque no desea tener hijos. Otra se embaraza y a los meses de gestación se le comunica una terrible noticia. Una mujer está sola criando a su hijo. Estos son perfiles de la maternidad y sus multiplicidades, sus variantes más allá de la madre feliz y abnegada.

La anterior descripción de personajes los relata La hija única (Anagrama, 2020), la más reciente novela de la escritora mexicana Guadalupe Nettel, una historia que se escapa del relato hegemónico de la maternidad. Nettel encumbra esas preguntas a mujeres que se hacen en la intimidad y que poco salen en los titulares: ¿Cuál es el problema de ligarse en plena edad reproductiva? ¿Cuál es el nombre que se le da a las madres que pierden a sus hijos? ¿Cómo se llevan de la mano los proyectos personales y la maternidad sin deprimirse en el proceso? ¿Cómo se cría en el siglo XXI? ¿No tener hijos implica una tara social? ¿Debo sentir culpa si mi madre o mi vecina cuidan a mi hijo cuando yo no puedo?

La hija única explora en la vida de Laura, Alina y Doris, en sus decisiones y sus consecuencias. Las figuras masculinas son satelitales y el relato se centra en ellas, en cómo se ayudan entre ellas, ya sea emocionalmente o a nivel de cuidados, cómo se generan las problemáticas que surgen entre ellas y las demás mujeres de su entorno. Guadalupe Nettel vuelve a hablar de lo que anteriormente se ha planteado en series como Six Feet Under, en ensayos de Lina Meruane o en las ilustraciones de Paula Bonet.

La hija única sigue la senda reivindicativa de hacer visible lo invisible dentro del discurso feminista en la sociedad actual. Guadalupe Nettel me atiende desde México para seguir encendiendo los bombillos a estas interrogantes.

¿Cómo surgió la escritura de La hija única?

De una historia real. Le ocurrió a una de mis amigas más cercanas. Fue una vivencia que de la que fui testigo y que me cimbró y me conmovió por completo, al punto que sentí la necesidad de escribirla para entenderla y compartirla con otros.

Un libro que claramente reflexiona sobre la maternidad, sin embargo, también hay un elemento que hila la vida de las tres mujeres de esta historia. ¿Podríamos decir que es un libro sobre la empatía y la paciencia?

Sí. Es un libro sobre cómo a veces, cuando menos lo esperas, tu vida cambia de rumbo y te da la sensación de que el suelo se abre por debajo de ti sin que entiendas de qué manera podrás recuperarte o reconstruirte. Pero tienes razón, la empatía juega un papel fundamental en esta historia.

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Imagen vía Editorial Anagrama

Una de las grandes frases del libro tiene que ver con el personaje de Alina y la ausencia de la palabra: ¿Por qué crees que no hemos creado una palabra para etiquetar a las mujeres que pierden a sus hijos si la muerte infantil era un hecho sumamente normalizado antes del siglo XXI?

Supongo que porque se trata de uno de los peores duelos que uno puede atravesar y que quienes no lo hemos vivido no queremos ni siquiera imaginarlo. Al nombrar creamos realidades y esta es una realidad que nadie quisiera enfrentar. Conseguimos erradicarla de nuestra vida cotidiana y preferimos olvidar que existe.

El personaje de Laura decide muy joven ligarse para no tener hijos. ¿Las mujeres que deciden no tener hijos desean “no preocuparse por alguien todo el tiempo»?

Hay miles de razones por las cuales una mujer puede decidir no ser madre. A veces ni siquiera se decide, sino que ocurre naturalmente. Una mujer puede simplemente no encontrar el momento adecuado. Laura en cambio toma esta decisión racionalmente porque sabe que en esta sociedad la maternidad se atribuye de manera desigual a las mujeres y que tener un hijo en esas condiciones es una carga que ella no quiere tener. No sólo no desea ser madre sino que quisiera que ninguna mujer cayera en eso que considera una trampa del patriarcado. Ella no desea tener esa responsabilidad y esa atadura, no lo siente compatible con la vida que imagina.

Al nombrar creamos realidades y esta es una realidad que nadie quisiera enfrentar.

Laura se convierte en una madre sustituta. ¿Intentas romper con ese mito que afirma que ‘madre solo hay una’?

La novela habla de una maternidad “permeable” o colectiva porque desde tiempos inmemoriales muchas mujeres han cuidado de los hijos de otras: nietos, sobrinos, hijos de amigas o de empleadoras. “Para criar a un niño hace falta todo un pueblo” dice un refrán en inglés. Yo veo la maternidad o lo materno como una figura mítica o arquetípica, una función que todos, hombres y mujeres, podemos ejercer en algún momento determinado de la vida con alguien que no necesariamente comparte nuestros genes. Existen miles de variantes para la crianza y la naturaleza nos da ejemplos de todas esas posibilidades. Hay pájaros que ponen huevos en los nidos de otra especie y estas otras aves los cuidan como si fueran suyos. Los delfines crían en colectivo. Los elefantes y los lobos también. ¿Por qué entonces limitarnos al modelo normativo de la familia biológica? ¿Realmente funciona tan bien? ¿Qué alternativas tienen las personas que se ven solas al frente de una familia? Yo creo que es necesario imaginar otras configuraciones. En la novela Laura no comparte ningún lazo sanguíneo con sus vecinos, pero cuida de Nicolás durante unos días porque comprende que ese niño y su madre están extremadamente solos, y que si no lo hace ella es probable que nadie los ayude.

¿Laura decide no tener hijos como un acto egoísta u honesto? ¿Doris decide criar a un hijo sola es un acto de valentía? ¿Qué crees que significan todas estas etiquetas en el rol de la mujer? ¿Son positivas?

Laura decide no tener hijos con total honestidad, sin culpa, con naturalidad, como debería sentirse cualquier mujer sin hijos. Sabe que debe enfrentarse a un prejuicio social y lo hace con valentía. Doris en cambio no decidió criar a un hijo sola. Lo que pasa es que su vida dio un vuelco inesperado que ella no sabe cómo manejar. Está deprimida, y con total honestidad y valentía dice: “no estoy en condiciones de cuidar a mi hijo. No puedo.” Y esto también es válido. Las etiquetas en el rol de la mujer son un auténtico lastre. El mismo “rol de la mujer” es un lastre porque cada mujer es distinta y también lo son sus condiciones existenciales.

La hija única también cuestiona la crianza. ¿A la llamada generación X los criaron con menos preocupaciones que a los millennials? ¿Los padres y madres de la actualidad se han vuelto más cuidadosos, más miedosos o es que el mundo es más peligroso?

En México definitivamente sí lo es. Cuando yo era niña podía salir a jugar a la plaza con mis amigos sin que hubiera ningún adulto supervisando. Eso ahora es impensable. Aquí secuestran personas con mucha frecuencia, y lo que es peor: se matan niñas y adolescentes todos los días. Se habla de un promedio de diez crímenes diarios por razones de género. Me parece normal que los padres tengan cautela. El problema es cuando ese miedo se vuelve omnipresente y los padres se vuelven sobreprotectores; cuando se asustan de todo, hasta de las vacunas.

Laura decide no tener hijos con total honestidad, sin culpa, con naturalidad, como debería sentirse cualquier mujer sin hijos.

Con el personaje de Doris se desvela que la maternidad es un acto de soledad para los sueños de la mujer. Yo no tengo hijos, pero ¿crees que las mujeres están conscientes de que pierden cierta identidad personal al tener que volcarse en la crianza de un niño? ¿Es un sacrificio o realmente se ve como parte de un proceso natural?

Desgraciadamente, por la forma en que está configurada la sociedad en este momento, y por la manera tan desigual en que muchas veces se nos atribuye la crianza de los hijos, para una gran cantidad de mujeres, la maternidad implica una total anulación de los proyectos personales. No se puede ser madre de tiempo completo y además tener una carrera profesional o artística satisfactoria. Es una hazaña, y quien lo logra termina extenuada. Lina Meruane lo explica muy bien en su ensayo Contra los hijos. Por eso es tan necesario inventar otras configuraciones.

¿Qué crees que diferencia la maternidad de la paternidad?

Creo que La hija única habla de esto. A Alina y a su marido les anuncian que su hija no está en condiciones fisiológicas para sobrevivir al parto. Los médicos les aconsejan incluso adelantar los trámites funerarios, pero él no puede hacerlo porque mientras la niña no esté registrada, es decir hasta que él no la reconozca como su hija, la niña es responsabilidad única de la madre. La gente le pregunta a él si se va a quedar en esa situación tan dolorosa y complicada que vive su familia, mientras que nadie se plantea la posibilidad de que sea ella la que salga huyendo. En resumen, las madres tienen una inmensa carga de responsabilidad moral que no tienen los padres. Para la sociedad un hombre tiene el derecho a ser un mal padre. En algunas sociedades se ve incluso con admiración a los hombres que tienen varias familias y que sólo se aparecen de cuando en cuando sus distintas casas para que les rindan pleitesía. Hay una escena muy graciosa e indignante en la novela más reciente de Alejandro Zambra que describe muy bien esta situación.

Dos de los personajes critican que se vea “la feminidad como estado mental” pero ¿cómo podemos no encasillar este libro como literatura para mujeres? ¿El mercado actual no está encasillando más a las escritoras?

Buena pregunta. Yo creo que sí se nos encasilla. Lo que ocurre es que en los últimos años las autoras han resultado tener una escritura mucho más poderosa, contestataria y original que los hombres, y tanto los lectores como los críticos lo reconocen. Por otro lado, en los últimos años las escritoras hemos denunciado sistemáticamente las dinámicas de desigualdad y abuso frecuentes en nuestro gremio que antes se toleraban silenciosamente. Hemos sostenido una lucha por los espacios de visibilidad

Ariana Basciani

Caraqueña del 83. Tiene una doble vida: de día hace consultoría y estrategia de productos digitales y, de noche, transcribe entrevistas de gente interesante, lee libros y ve series. Tiene una web llamada Culturetas.