Mundo ethos

Hellen, superviviente de la mutilación genital femenina: «Me quitaron algo necesario para mi cuerpo»

A Hellen le realizaron la MGF cuando era un bebé. Ahora, desde Madrid, lucha por erradicar esta práctica que cada año sufren tres millones de mujeres y niñas

por Lidia Ramírez

Apenas tenía un año cuando Hellen sufrió la «peor» forma de violencia de género –si es que hay una mejor que otra– que puede haber. Su tía la mutiló genitalmente, es decir, le arrancó su clítoris. Ella era solo una bebé, sin capacidad de decisión; nadie le advirtió de las consecuencias que esa práctica iba a tener en su cuerpo y en su salud mental y sexual. Pero, ¿acaso importa la opinión de una niña en un mundo donde más de 20 millones de mujeres y menores –según la OMS– ya han sufrido la mutilación genital femenina? ¿En un mundo donde, a día de hoy, cada año, más de tres millones de mujeres y menores corren el riesgo de sufrirla? ¿En un mundo donde a decenas de miles de mujeres y menores le arrebatan de la forma más cruel y dolorosa sus órganos genitales por motivos no médicos, es decir, por tradición y cultura?

 

Hellen es una mujer bellísima, y no solo por fuera, a los pocos minutos de conversación me doy cuenta que también lo es por dentro. No pierde la sonrisa en ningún momento de la entrevista a pesar de lo duro del relato, porque, hace hincapié, «lo importante es que lo he superado». Tiene 35 años y desde hace 10 se encuentra en España por eso del «sueño europeo».

Hellen es de Uganda, de una comunidad de la que su tía – la hermana de su padre– es la «responsable» de que todas las niñas que nazcan sean mutiladas. En Uganda, al igual que en la mayoría de países (28, según la OMS) donde esta práctica es endémica, está prohibida; sin embargo, esta aberración se sigue realizando en varias partes del país de forma clandestina –o no– a sabiendas de que inflige daño a las niñas. Consideran que los beneficios sociales son más altos que sus desventajas. Es más, cualquiera que se aparte de la norma puede enfrentarse a la condena, el acoso y el ostracismo. «En mi país se ve como algo normal, todo el mundo lo hace», relata la joven, que ahora en España y junto a Médicos del Mundo trabaja como mediadora concienciando e informando a otras mujeres africanas de las consecuencias de esta práctica. «Es algo que nunca voy a olvidar. Me quitaron algo que yo sé que es necesario para mi cuerpo y nunca lo voy a tener», lamenta.

Víctima de la mutilación genital femenina: «Me quitaron algo necesario para mi cuerpo» 1

Imagen cedida por Hellen

«Desde que naces, pueden hacer lo que les dé la gana contigo»

Aunque depende del país, cultura o comunidad con la que topes, la mutilación genital femenina (MGF) se realiza a niñas de entre 0 y 15 años. «Desde que naces, pueden hacer lo que les dé la gana contigo si eres niña», denuncia Hellen. Las consecuencias físicas, psicológicas y sexuales son devastadoras. A continuación, hablaremos de ellas, pero primero vamos a explicar los tipos de MGF que existen y, seguro, que sin mucha dilación, comprenderás y te imaginarás las terribles consecuencias que esta práctica puede causar a cualquier niña, adolescente o mujer que sufra esta aberración. Aída González Ruiz, enfermera, antropóloga social y cultural, sexóloga y voluntaride Médicos del Mundo Madrid en la lucha contra de la mutilación genital nos explica qué casos de ablación existen:

  • Tipo I, también denominado clitoridectomía: resección parcial o total del clítoris y/o el prepucio.
  • Tipo II, también denominado escisión: resección parcial o total del clítoris y los labios menores, con o sin escisión de los labios mayores. La cantidad de tejido que se extirpa varía en gran medida dependiendo de la comunidad.
  • Tipo III, también denominado infibulación: resección parcial o total del clítoris y los labios menores y mayores, además de un estrechamiento de la abertura vaginal y la creación de un sello dejando un orificio por el cual sale la orina, la menstruación y mantienen relaciones sexuales. El sello se forma al cortar y recolocar los labios menores y/o los labios mayores. Cuando van a dar a luz, este sello se abre para coserlo de nuevo. A las niñas que se les realiza este tipo de ablación les atan las piernas para inmovilizárselas durante 10 o 14 días y permitir así la formación de tejido cicatricial.
  • Tipo IV: todos los demás procedimientos lesivos de los genitales femeninos con fines no médicos, por ejemplo: la perforación, la incisión, el raspado o la cauterización.
Víctima de la mutilación genital femenina: «Me quitaron algo necesario para mi cuerpo» 2

Imagen: James Akena | Reuters

¿Las consecuencias? Desde infecciones y fuertes dolores hasta la muerte. «Las infecciones, los fuertes dolores y las malformaciones son las consecuencias con las que la mayoría de chicas acuden a nuestra consulta», explica la sexóloga. «Al no haber un orificio claro de salida, la orina se puede quedar retenida, siendo este un campo de cultivo para bacterias», matiza la experta, que agrega que también puede producirse «graves consecuencias» durante el parto, ya que el canal del parto se ve reducido y esto les crea «muchísimo dolor» al estar la zona «mal cicatrizada».

Además, a las consecuencia físicas hay que añadir las psicológicas y sexuales, y es que, según nos explica la sexóloga, la mayoría de las mujeres que han sido sometidas a esta práctica «rechazan» el sexo al haber una falta de placer, sumado a la presencia de dolor al sufrir vaginismo o dispareunia. Además, en este punto, hay que tener en cuenta el tabú que supone para muchas de estas mujeres hablar de sexo: «En consulta, para el 90% de las chicas, es la primera vez que hablan de sexo con alguien en su vida. Nadie les ha hablado de eso nunca, es algo muy intimo para ellas. Nosotras les explicamos el tipo de mutilación que tienen y, muchas, no quieren hablar del tema», cuenta Aída González.

«Ahora eres una mujer completa y limpia»

Cuchillos especiales, tijeras, bisturíes, trozos de cristal, cuchillas o piedras. Sin anestésicos ni antisépticos. Así se realiza la ablación en la mayoría de países donde se practica, siendo más habitual en África (29), Asia y Oriente Medio. Y, si bien es perseguida y está prohibida en la mayoría de estos países, en seis, en los que residen 16 millones de niñas (Chad, Liberia, Malí, Sierra Leona, Somalia y Sudán), ni siquiera ha sido criminalizada.

Mi madre «estaba contentísima –cuando me practicaron la ablación–», y es que se considera que cuando una mujer ha sido mutilada genitalmente es «una mujer completa, una mujer limpia que ya se ha quitado los demonios». «A partir de ese momento, cualquier hombre te puede llevar, ahora sí puedes estar en una sociedad como ‘alguien’», explica Hellen que, admite que, ahora, su madre ha reconocido que «no era necesario». 

Víctima de la mutilación genital femenina: «Me quitaron algo necesario para mi cuerpo» 3

Imagen: James Akena | Reuters

En cada una de las sociedades en las que se practica la mutilación genital femenina, esta es reflejo de una manifestación muy enraizada de la desigualdad de género. Allí donde su práctica está muy extendida, la MGF cuenta con el apoyo tanto de hombres como de mujeres, que, por lo general, no la cuestionan, y cualquiera que se aparte de la norma puede enfrentarse al repudio social.  A las familias les resulta difícil abandonar la práctica sin el apoyo del resto de la comunidad. De esta forma, según explica Naciones Unidas, las razones por las que se realiza son varias:

  • Razones psicosexuales: la MGF se realiza como una forma de controlar la sexualidad de la mujer, que a veces se cree que es insaciable si parte de los genitales, sobre todo el clítoris, no se extirpa. Se piensa que asegura la virginidad antes del matrimonio y la fidelidad después, y que aumenta el placer sexual masculino.
  • Razones sociológicas y culturales: la MGF es vista como parte del rito de iniciación que marca la transición de niña a mujer y como una parte intrínseca de la herencia cultural de una comunidad. A veces los mitos sobre los genitales femeninos (por ejemplo, que un clítoris no extirpado crecerá hasta alcanzar el tamaño de un pene, o que la MGF aumentará la fertilidad o ayudará a la supervivencia del hijo) perpetúan la práctica.
  • Razones higiénicas y estéticas: en algunas comunidades, los genitales femeninos externos se consideran sucios y feos y se extirpan ostensiblemente para promover la higiene y el atractivo estético.
  • Razones de tipo religioso: aunque ni el islam ni el cristianismo aprueban la MGF, suele utilizarse una supuesta doctrina religiosa para justificar la práctica.
  • Factores socioeconómicos: en muchas comunidades, la MGF es un requisito previo al matrimonio. Allí donde la mujer depende en gran medida del hombre, la necesidad económica puede ser un potente impulsor del procedimiento. A veces es un requisito previo para obtener el derecho de herencia.
Víctima de la mutilación genital femenina: «Me quitaron algo necesario para mi cuerpo» 6

Mujeres activistas contra la mutilación genital femenina de Médicos del Mundo Madrid. | Imagen: Camila Espinel | Médicos del Mundo

«Las mujeres nos tenemos que levantar, nos tenemos que empoderar»

En España, en 2021, más de 15.500 niñas de entre 0 y 14 años procedentes de países donde se practica la ablación –la mayoría de ellas de nacionalidad española- corren riesgo de iniciar un viaje en el que arranquen su clítoris y cosan su derecho a ser mujer, según el último informe de la Delegación del Gobierno contra la violencia de género ‘La mutilación genital femenina en España‘. De hecho, de esas 15.500 niñas, se estima que algo más de 3.600 están en riesgo inminente de sufrirla. Barcelona es la provincia con el número de niñas en riesgo más elevado; con 746 niñas, le sigue Girona (504) y Madrid (335), según dicho informe.

Por ello, mujeres como Hellen, a través de organizaciones como Médicos del Mundo, luchan para que esta práctica deje de realizarse. Además, Hellen ayuda a aquella mujeres que la han sufrido y están «calladas» porque es tema «tabú», a que hablen y se desahoguen. De ahí la importancia de la mediadora, nos cuenta Aída González: «Son comunidades muy cerradas, grupos sociales que les dan mucha importancia a los suyos. Gracias a la figura de la mediadora social pudimos entrar en estas comunidades. Al ser también chicas africanas, negras, se sienten identificadas con ellas», explica la experta, que ha atendido a 46 mujeres en consulta, y agrega: «Lo más importante es crear confianza para que ellas se empoderen y se hagan mediadoras. El boca a boca es muy importante».

Víctima de la mutilación genital femenina: «Me quitaron algo necesario para mi cuerpo» 5

Imagen: Carola Melguizo | The Objective

Así es que, desde Médicos del Mundo piden a las administraciones que garanticen la asistencia integral a mujeres supervivientes de esta práctica y la inclusión de la reconstrucción genital dentro de la cartera de servicios del sistema sanitario, así como la promoción de la investigación y la gestión del conocimiento de mutilación genital femenina. «Médicos del Mundo alienta a las instituciones a dejar de ignorar este problema. Necesitamos servicios especializados que las atiendan y que estos servicios (ginecólogas, sexólogas, psicólogas) estén integrados en el servicio público de salud. Que el acceso a recursos sanitarios de calidad se adapte a las necesidades específicas de estas mujeres es clave para la integración de una comunidad en una sociedad cada vez más diversa», denuncian desde el organismo.

Así, mientras tanto, mientras estas ayudas llegan –o no– y las instituciones y gobiernos miran de soslayo al problema, Hellen lo tiene claro, porque la salud y vida de muchas mujeres y niñas está en juego para seguir perdiendo el tiempo en burocracia y en papeles de oficina: «Tenemos que luchar hasta el final, tenemos que salir de esto. Las mujeres nos tenemos que levantar, empoderar y ayudar».

Víctima de la mutilación genital femenina: «Me quitaron algo necesario para mi cuerpo» 4

Mujeres activistas contra la mutilación genital femenina de Médicos del Mundo Madrid. | Imagen: Camila Espinel | Médicos del Mundo

Lidia Ramírez

De la tierra de los cinco Califas. Tras años viviendo en directo en la pequeña pantalla, ahora escribo sobre derechos humanos y progreso en The Objective. Siempre a compás.