Historias sin pantallas ni papel para desarrollar la imaginación de los más pequeños
Foto: Sikii

Sociedad

Historias sin pantallas ni papel para desarrollar la imaginación de los más pequeños

Con el objetivo de ofrecerles un rato de desconexión de una manera no del todo analógica nació Sikii, «una editorial para niños diferente al resto: sin papel y sin pantalla»

por The Objective

Que las pantallas se han convertido en una parte imprescindible de nuestra vida es un debate que ya hemos superado. Hoy en día se hace muy difícil imaginar a alguien que no vea la televisión o use un teléfono móvil o un ordenador. Y si los adultos no sabemos vivir sin pantallas, los niños, que casi han nacido con ellas, menos aún.

Con el objetivo de ofrecerles un rato de desconexión de una manera no del todo analógica nació Sikii, «una editorial para niños diferente al resto: sin papel y sin pantalla». Mi Fábrica de Historias es el juguete que Sikii ofrece a los pequeños de la casa, una especie de audiolibro sin pantalla y sin conexión con el que pueden desarrollar su imaginación ayudando a crear las historias que escuchan.

Fue precisamente la preocupación por la imaginación lo que llevó a Maëlle Chassard, la creadora de esta idea, a desarrollar este juguete. «La imaginación y la creatividad se desarrollan entre los tres y los ocho años de edad y por eso Mi Fábrica de Historias está adaptada para desarrollarlas en los niños», explica Chassard, que ha centrado su carrera profesional en la innovación y el diseño.

«Lo que me interesa de la innovación es ser capaz de imaginar soluciones a problemas de la vida real y ayudar en lo que pueda a la gente que pueda necesitarlo», cuenta a The Objective.

«La idea de Sikii vino de mi tesis de la universidad sobre la imaginación. Descubrí que estaba en declive debido a un uso excesivo de las pantallas», cuenta la creadora del proyecto. Por eso decidió juntarse con Igor Krinbarg, con experiencia comercial;  Eric Le Bot, arquitecto, y Thomas Krinbarg con su experiencia en el mundo multimedia para desarrollar el proyecto que dio vida a Sikii «con la ambición de encontrar una alternativa al tiempo que los niños dedican a las pantallas».

«Creo que la sobreexposición a las pantallas es un problema que viene de lejos, que existe desde que llegó la televisión», opina Chassard. «Con el crecimiento de los medios digitales, los smartphones y las tabletas, el problema no ha hecho más que crecer y es contra lo que queremos luchar en Sikii».

Historias sin pantallas ni papel para desarrollar la imaginación de los más pequeños 1

Foto: cedida por Sikii

Tras probar varios prototipos y gracias a una campaña de crowdfunding en Francia lograron sacar adelante Mi Fábrica de Historias, un dispositivo que recuerda a la forma de un antiguo transistor, con colores suaves y atractivos y de tamaño pequeño para que sea cómodo para los niños.

Con este juguete, que cuenta con 48 historias, además de las que se pueden descargar en la Sikii store, los niños pueden elegir quién será el protagonista de su historia, dónde ocurrirá y un objeto que aparecerá en ella, lo que «ayuda al desarrollo» y potencia su creatividad.

Además de cuentos, Sikii ofrece canciones infantiles, rompecabezas y acertijos e incluso ejercicios de meditación e historias preparadas para dormir con ejercicios de relajación incluidos.

«Los niños que escuchan historias las interiorizan y crean sus propias imágenes de manera intuitiva», afirma Chassard. «A través de Sikii se transmiten valores y se despiertan en ellos inquietudes que otros dispositivos con pantallas no pueden», defiende la creadora del proyecto.

Por eso, Chassard y sus socios quieren expandir esta idea y llevarla a otros sectores, especialmente al de la educación, así como ampliar sus historias a niños de más edad. «Tenemos muchas ideas nuevas y proyectos para el futuro», avanza Chassard. «Queremos desarrollar Mi Fábrica de Historias en sectores diferentes, como el de la salud y el de la educación».

Además, Chassard considera que la desconexión de las pantallas también es importante cuando se deja de ser niño. «Tendremos que imaginar también soluciones para adultos, ¿por qué no adaptar un cuentacuentos para ellos?», plantea.