Hongos alucinógenos para tratar la depresión: así funciona la psilocibina
Foto: Marco Allegretti| Unsplash

Sociedad

Hongos alucinógenos para tratar la depresión: así funciona la psilocibina

Los efectos de la psilocibina se investigan para determinar si puede ser un tratamiento para personas con depresión resistente a la medicación 

por María Hernández Solana

Si hablamos de hongos alucinógenos, nos vienen a la cabeza risas con amigos, ‘viajes’ que han salido regular e historias que a veces es mejor no contar. Pero estas sustancias sirven para mucho más que para pasar un buen (a veces mal) rato y sus propiedades pueden ayudar a personas con problemas de salud mental.

La psilocibina, una sustancia alucinógena que procede de un hongo, se estudió durante años como un posible tratamiento para pacientes con depresión y ahora, décadas después, se ha rescatado esta investigación para determinar si puede ser un tratamiento para personas con depresión resistente a la medicación.

Hablamos con Óscar Álvarez, psiquiatra de la Red de Salud Mental del Parc Sanitari Sant Joan de Déu, y Sergio Pérez, médico y co-fundador de la Clínica OVID en Berlín, que nos explican cómo funciona este tratamiento en investigación y cómo podría ayudar a los pacientes con este tipo de problema.

¿Qué es la psilocibina?

Es una sustancia psicodélica que procede de las setas, pero también se puede crear en laboratorio, puntualiza Pérez. «Puede causar una alteración de la percepción que hace que veamos el mundo de una manera distinta a la que se ve de forma habitual», explica Álvarez, pero «esto es un poco simplificar las cosas, porque tiene muchos otros efectos además de este, es una sustancia muy potente que tiene unos efectos muy profundos en la psique de las personas», añade.

Hongos alucinógenos para tratar la depresión: así funciona la psilocibina 1

Foto: Wikimedia Commons

«También hay teorías que plantean que además de este efecto sobre la mente, sobre la subjetividad, también puede haber un efecto químico o bioquímico sobre ciertos receptores, ciertas conexiones neuronales sobre las que actúa la psilocibina», añade Álvarez.

La posibilidad de utilizarla como tratamiento se comenzó a estudiar hace décadas, explica Álvarez, pero en los años 60-70 «se cortó de raíz por temas políticos, por temas de estigma en la población general, todo lo que era asociado con el mundo de drogas se puso todo en el mismo saco y todos los gobiernos, sobre todo los americanos en su momento, hicieron una prohibición». Ahora, esta investigación se ha retomado con más conocimientos y medios y se espera que tenga resultados en pacientes con depresión resistente al tratamiento habitual.

¿En qué consiste el tratamiento?

Con la psilocibina, además de «cambiar la percepción de lo que vemos habitualmente, hay una ampliación de la conciencia, hay una mayor capacidad de acceder a recuerdos, emociones, pensamientos, ideas… de las que tenemos en un estado habitual», explica Álvarez. «A través de esta profundización en nuestra capacidad de ver cosas dentro de nosotros mismos, logramos modificar ciertos aspectos de nuestra personalidad o de nuestra forma de sentir o de pensar que nos pueden estar manteniendo atrapados en un pensamiento depresivo», amplía.

Para alcanzar esta profundidad y que afecte al paciente de la manera deseada, se hacen «varias sesiones de psicoterapia acompañadas», explica Pérez, que insiste en la importancia de las sesiones de preparación antes de la administración de la dosis. «De este modo, al llegar la sesión de psicoterapia aumentada con psilocibina, el paciente tiene una mejor idea de qué esperar y está preparado para explorar de mejor forma la experiencia».

Tras la sesión con la sustancia, «siguen una o más sesiones de terapia de integración, es decir, para recordar lo experimentado, crear asociaciones en la vida cotidiana y trabajar con el contenido de la experiencia de tal manera que este lleve a cambios profundos a largo plazo e induzca la motivación para uno cambiar», añade.

«La gran diferencia con los fármacos convencionales es que no es una sustancia que en principio planteamos de uso diario, ni crónico como los antidepresivos, sino que son usos puntuales», explica Álvarez. «La idea es que sea un tratamiento más puntual y que en todo caso ocasionalmente se pueda repetir si fuera necesario».

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Foto: National Cancer Institute | Unsplash

¿Hay riesgo de adicción?

La asociación que tendemos a hacer entre los hongos alucinógenos y las drogas lleva a hacerse la pregunta de si estas sustancias pueden ser adictivas. Ambos expertos coinciden en que la adicción no es un riesgo de este tratamiento.

«La psilocibina no es una sustancia que tenga capacidad adictiva, no es como otro tipo de sustancias como pueden ser la heroína, la cocaína, las anfetaminas, que tienen claro efecto adictivo», afirma Álvarez. «No hay ninguna evidencia en todo el tiempo que conocemos esta sustancia de que la psilocibina sea adictiva, es decir, no produce una necesidad de volverla a consumir en las personas, ni en los animales en los que se ha estudiado tampoco», añade.

«Otro punto importante es que las sustancias clásicas psicodélicas llevan a esas experiencias que duran horas y pueden ser tan fuertes que las personas no sienten la necesidad de volver a revisitar estas experiencias», apunta por su parte Pérez.

Coincide Álvarez, que señala que «la experiencia bajo la psilocibina es muy profunda y muy removedora y no es necesariamente una experiencia que las personas quieran inmediatamente volver a repetir, porque es tan profunda que te deja bastante impactado».

¿Es seguro hacerlo sin un médico?

El uso de hongos alucinógenos, entre ellos la psilocibina, no es algo exclusivo de la medicina actual, sino que se ha utilizado durante mucho tiempo por chamanes en diferentes culturas del mundo.¿Es seguro tomar esta sustancia de esa manera y sin la supervisión de un médico?

«Es bastante controvertido, encontrarás gente que te diga que los chamanes llevan muchísimo más tiempo trabajando con este tipo de sustancias, las conocen bien y lo saben hacer bien, y encontrarás gente que te diga que se ha aprendido mucho a lo largo de los años con la psicología sobre la psique humana y que estas cosas a lo mejor los chamanes no están familiarizados con ellas al no tener una formación médica o una formación psicológica», explica Álvarez.

En su opinión, «es importante estar lo más formado posible a la hora de trabajar con este tipo de cosas, lo ideal sería alguien que es médico, psicólogo, y que al mismo tiempo tenga conocimientos de medicina tradicional para que pueda beneficiarse de los saberes que están ahí, porque es cierto que son sustancias que llevan trabajándose muchísimos años en la medicina tradicional».

«Lo ideal en cierta forma es poder combinar», como hacen en el estudio que se está llevando a cabo, en el que «se usa la música como un elemento muy importante de la terapia y esto no viene del mundo de la medicina, viene del mundo de las tradiciones chamánicas que empezaron usando la música, el canto, para ir guiando estas experiencias», explica.

Otro punto importante a tener en cuenta, apunta Pérez, es que «uno de los problemas del consumo de psicodélicos fuera del cuidado médico es la incertidumbre en cuanto a la sustancia y su dosis», porque «en un centro médico especializado en terapia aumentada con psicodélicos, la pureza y la cantidad que se va a administrar se conoce con seguridad», mientras que «en la calle, en retiros, las sustancias normalmente son analizadas de la misma forma».

Por último, Álvarez señala que es mejor «hacerlo dentro de un ámbito seguro con un conocimiento de los posibles riesgos, porque como todo tipo de medicina tiene sus riesgos, sus posibles efectos secundarios y no se puede jugar con ello». Además, «si eres psiquiatra, puedes también entender un poco el tipo de enfermedades que la persona pueda tener, que puedan hacer que en vez de mejorar esté peor con la toma de psilocibina».

Por eso, opina que hay que «valorar los saberes que vienen de cada campo e intentar ser lo más razonable y no olvidar que es una sustancia muy potente, que tiene sus riesgos y que esto se haga en el ámbito de las personas que más preparadas estén».

María Hernández Solana

De Murcia y madrileña de adopción. Escribo a menudo sobre derechos humanos e inmigración. También estudié Publicidad, pero lo mío es el periodismo. Y los viajes.