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Hope Jahren: “Condenamos la idea del cambio climático como si el hecho de condenar sirviese de algo”

Foto: Miquel Taverna | CCCB

Hope Jahren ha visitado Barcelona para reflexionar sobre botánica, cambio climático, literatura y, principalmente, sobre lo que la motiva a crear. Esta geobióloga fue invitada al Festival Kosmopolis como uno de los científicos que mezclan literatura y ciencia en sus obras, y nos ha quedado claro cuando afirma que a pesar de estar en una soleada y espectacular Barcelona, a ella le encantaría estar investigando en su oscuro laboratorio en Oslo.

Esas ganas de seguir investigando es una de las razones por las cuales ha sido catalogada como la Marie Curie de la botánica actual y una de las personas más influyentes según la revista TIME. A pesar de la pomposidad de los títulos que se le atribuyen, esta tejana nos comenta desde la sencillez, que su intención es mostrar la vida de un científico y la vida de las mujeres, por eso ha escrito el libro La memoria secreta de las hojas (Paidós).

“Mi imagen no tenía nada que ver con la vida de un científico, al escribir el libro, mi vida cobró sentido”, afirma Jahren. Este ensayo autobiográfico, seleccionado por el NY Times como libro notable, representa la mezcla de pensamientos entre su vida personal y su vida como científico: “yo voy al laboratorio y luego a casa con mi familia y pienso sobre problemas científicos, salgo un momento fuera, voy al laboratorio y cuando estoy en el laboratorio pienso en cosas de casa y así. Esto es lo que es la vida. Mi idea con el libro era representar realmente lo que es la vida de un científico porque esto es algo que yo había visto antes. Además, era representar la vida de las mujeres, porque nuestras vidas no son lineales, aunque puedan parecerlo en un libro.”

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Hope Jahren © CCCB, 2017. Foto: Miquel Taverna

 

La memoria secreta de las hojas no solo cuenta la vida no lineal de una científica, desde su prólogo la narración invita a observar la naturaleza y a las plantas que nos rodean, esas que están allí aunque nunca te percates realmente de que están. “Ver las diferencias de las plantas te hace crecer, cuando más sabes del mundo, más lo sientes como una parte de ti. Mi objetivo es facilitar esa observación” afirma Jahren.

 

Cambio climático, hipocresía y noticias falsas

A partir de esa relación con el conocimiento desde la responsabilidad, a la autora le parece curioso que la gente tenga una posición con respecto al cambio climático. “No importa la posición que uno tenga porque el clima simplemente está cambiando. Condenamos la idea del cambio climático como si el hecho de condenar sirviese de algo, pero ya ha quedado muy claro que de la condena a la acción hay una gran diferencia”.

El discurso moral sobre la destrucción del planeta no tiene sentido para ella, la incomoda y le parece hipócrita. Condenar el cambio climático “no nos hace buenos o malos al respecto”, afirma. De hecho el verdadero reto es vivir dentro de las contradicciones: “no tenemos la opción de vivir en un planeta limpio y virgen, pero eso no significa que tengamos que talar todos los árboles que hay por el camino”.

 

“Las personas que tienen ese discurso en muchos casos son las que tienen una mayor huella de carbono en el mundo”.

 

Esta geobióloga va más allá de los discursos y explica que las cifras no cierran. Existen contradicciones entre los derechos de los seres humanos y los derechos del planeta, no van de la mano: desde la energía necesaria para que cada mujer pueda tener derecho a procrear cuántos hijos quiera, hasta poder tener luz para leer en la oscuridad o un refugio para vivir, no es fácilmente manejable si queremos que el planeta subsista de la mejor manera. Debemos comprometernos: “hay que ser más realistas con la energía que necesitamos y para qué la necesitamos” dice Jahren.

 

¿Hay esperanza?

 A pesar de la hipocresía, y de los datos acerca del calentamiento global y las huellas de carbono que se han discutido a lo largo de nuestro encuentro, Hope  opina -tal vez haciéndole honor a su nombre- que sí, hay esperanza. “Tenemos buenas vidas. Somos las personas que más suerte tienen en el mundo. Si miramos la historia, todas las generaciones tienen la labor de luchar. Están condenadas a la lucha y tienen que enfrentar grandes pruebas y retos. Este es nuestro reto y no hay que reducirlo a si es bueno o malo, porque quizás no sobrevivamos, pero alguien debería sobrevivir, esa es la lucha, esa es la esperanza”, concluye Jahren.

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