Ay, Campanera
Foto: V2F| Unsplash

Sociedad

Ay, Campanera

por Inma Garrido

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Hoy quiero confesar que fui una niña adoctrinada en la copla. En la copla de la Pantoja, concretamente, porque mis abuelos maternos eran pantojeros. Pantojeros y anti Jurado, ojo. Que se puede ser muy de Isabel Pantoja y tolerar a Rocío Jurado, pero no era el caso. En casa de mis abuelos podías ser del Madrid o del Barça, de izquierdas o de derechas, de Colacao o Nesquik e incluso pelirrojo, pero en el asunto de tonadillas no había medias tintas: o eres de la Pantoja, o ahí tienes la puerta.

Siempre he creído que el amor que le tenían a la Pantoja era consecuencia del rechazo que les producía la Jurado, porque lo cierto es que a la de Chipiona no la soportaban. Ni a ella, ni su pose, ni su arte. “Ya sale la gritona”, decían cuando ‘La más grande’ aparecía en pantalla. Acto seguido cambiaban de canal. Y recordemos que estamos hablando de una época en la que para cambiar de canal había que levantarse del sofá, así que creo que con esto queda clara la aversión que le profesaban.

Como mi educación en asuntos folclóricos corría a cargo de mis abuelos, tuve vetada a la Jurado muchos años. Así que si alguna vez escuchaba un pasodoble de ella y me gustaba era algo similar a ser hija de veganos y comer jamón a escondidas. Sólo cuando ellos fallecieron la escuché sin remordimiento. Y sí, a mí sí me gusta Rocío Jurado, aunque cada vez que la oigo cantar con esa fuerza de los mares y ese ímpetu del viento no puedo olvidar aquello de “ya sale la gritona”.

Para no pocas generaciones en España, la copla es el género musical que asociamos a nuestra niñez. Copla, pasodobles, cuplés… Muchos pensamos en ellos y se nos viene a la cabeza la casa de los abuelos; o la vecina haciendo limpieza el sábado canturreando alguna copla de Carlos Cano; o la imagen de una plaza de pueblo llena de parejas mayores bailando pasodobles en la verbena.

Cuando se acercaba la feria del pueblo, empezaban los rumores de a quién iban a llevar a cantar ese año, y si el presupuesto lo permitía, había una actuación estelar de alguna coplera famosa. Un año vino María del Monte, cuando María del Monte estaba en pleno tirón de su temazo Cántame. Ese verano aprendí a bailar sevillanas y estaba convencida de que María haría girar un foco, me enfocaría a mí y me sacaría de entre el público a bailar Cántame con ella en el escenario. No ocurrió, desgraciadamente, así que Horcajo de Santiago se perdió a esta pequeña Miss Sunshine cañí.

Otro año, siendo yo ya un poco más mayor, vino a cantar a la feria María Jiménez. Mis amigas y yo habíamos quedado para ir a ver el cante y al pasar por el puesto de los pollos asados, allí estaba la gran María comiéndose un pollo con los rulos puestos. Llevaba los rulos tapados con un pañuelo en plan pitonisa, pero nos hizo mucha impresión verla porque eran rulos gordos y la cabeza que le hacía aquello no era ni medio normal. Así que ahora, que admiro mucho a María Jiménez, no puedo desligarla de aquella imagen en la feria de mi pueblo. Tampoco olvidaré el playback tan mal hecho que se marcó. Aunque eso sí, los rizos le quedaron preciosos.

No sé qué tienen la copla y los pasodobles que me provocan una nostalgia de esas malas, de las de querer llorar un poquito. Me pasa con Campanera, que no puedo escucharla sin ponerme contenta y triste a la vez. Aunque, en el tema pena y folclóricas, no hay pena más grande que la que me daba La Niña de la Puebla. La imagen de aquella mujer ciega cantando Los Campanilleros, con aquella melancolía, me ponía tristísima. Para colmo, no entendía por qué siendo una ancianita, le seguían llamando Niña. 

Me pregunto si las generaciones más jóvenes se están perdiendo estos referentes folclóricos o si están construyendo los suyos propios. A lo mejor C Tangana, ahora que ha vuelto a la tecno copla, es el Manolo Escobar de la muchachada. Así que hablando de versiones imposibles con el periodista David Gallardo, me pasó Cántame, o Mediterráneo, no sé muy bien, hecha por el grupo Calambres. Es un poco más complicada de bailar que la de María del Monte, pero ya estoy ensayando por si algún día hacen girar un foco y me sacan a bailar. 

Inma Garrido

Periodista y editora freelance. Ahora escribe en la Guía Repsol, El Comidista y The Objective. Le gusta el flamenco, el jerez, comer y hablar de lo que come.