Cumpleaños feliz
Foto: Sergei Solo| Unsplash

Sociedad

Cumpleaños feliz

por Inma Garrido

Mañana es mi cumpleaños. También es el día del pepino, pero hoy no quiero hablar de pepinos. De hecho, me parece fatal que el día de mi cumpleaños sea el día del pepino y no del churro, puesto que hace 39 años, por hoy, una mujer a pocas horas de romper aguas se metió entre pecho y espalda una cantidad ingente de churros en la verbena de San Antonio. Esa mujer no era el protagonista de Sin noticias de Gurb sino mi señora madre. Y así, después de los dolores y un empacho de churros, nací yo.

Me sigue haciendo ilusión que llegue este día. Esto no tiene ningún mérito porque lo digo desde la salud, la juventud —o eso creo— y la tranquilidad que da celebrarlo en casa con la familia más cercana o tomando unas cervezas con unos pocos amigos. No me las prometería tan felices si la celebración de mi cumpleaños fuese como la de los niños de ahora, que los padres contratan empresas que les organizan el evento. 

Me tranquilizaría pensar que sólo la jet set es capaz de pagarle a alguien para que le monte en casa un Disneyland de globos de helio. Ya sabemos que la gente que tiene más dinero del que es capaz de gastar siempre ha sido pionera en ser imbécil. Pero en este caso, lo peor es que cada vez más gente normal celebra el cumpleaños de los niños así, por todo lo alto, contratando a alguien para que les monte un cumpleaños inolvidable. Y mejor y más divertido que el de su mejor amiguito, no sea que vaya a pensar el niño que no lo queremos.

Ver a gente corriente hacer esto es una cosa que me angustia un poco, porque me proyecto en ellos y no me cabe la menor duda de que si yo tuviera hijos, también estaría celebrando el cumpleaños de mis churumbeles con una vajilla desechable a precio de oro y brochetas de chuches metidas en botes con las iniciales de mi niño escritas en tipografía hortera. Estoy segura de ello porque he visto caer en estas dinámicas del mal a personas sensatas, y yo tengo algunas virtudes, pero no está entre ellas ser invencible a la estupidez.

Hay gente a la que le deprime cumplir años porque la vida no le va como había planeado. A mí, en cambio, no haber hecho muchas cosas de las que me había propuesto me alienta. Seré un año más vieja, pero al menos no me ha ido como planeé, porque vaya futuro tristón me deseaba.

A veces pienso a qué edad te deja de hacer ilusión tu cumpleaños y me da miedo que este día empiece a molestarme, porque eso significará que hay algo que no va bien. Lo pienso porque ya empieza a rozar un poquito cuando acaba la celebración, se han contestado los cientos de mensajes y aún quedan llamadas pendientes por atender. Porque como ocurre cuando la vida tiene cierto rodaje, las celebraciones pasan lista. Y aquí hace algunos años que empezaron las ausencias.

Mientras tanto, como dice la canción B-day song de Madonna, El ritmo sigue / Soy una chica feliz / Es mi canción de cumple / En mi mundo feliz.

Inma Garrido

Periodista y editora freelance. Ahora escribe en la Guía Repsol, El Comidista y The Objective. Le gusta el flamenco, el jerez, comer y hablar de lo que come.