Salir bien en las fotos

Sociedad

Salir bien en las fotos

El comportamiento delante de la cámara lo define, además de nuestro contexto cultural, nuestra generación

por Inma Garrido

Me siento en un limbo generacional cada vez que me pongo delante de una cámara para hacerme una foto. ¿Qué hago? ¿Sonrío? ¿Finjo que no me estoy dando cuenta de que me están haciendo una foto? ¿Miro al infinito con expresión de estar descifrando qué ingrediente secreto lleva el arroz con pollo? ¿Poso? ¿Me pongo de culo a la cámara y me marco un Pataky? 

El comportamiento delante de la cámara lo define, además de nuestro contexto cultural, nuestra generación. Mi abuela escuchaba «Abuela, foto» y se quitaba la bata con el brío de una stripper. Su única preocupación era no salir en bata. A mí me gustaba sacarla con bata porque era algo que siempre llevaba puesto, pero ella se negaba. Ahora la entiendo, también yo llevo siempre puesta la papada y no quiero que me la saquen en las fotos.

La generación de mi madre tiene maestría en las fotos grupales. ¡Lo que les gustará a las madres una foto con mucha gente! Nada de fotos de gente repartida en varias alturas tipo equipo de fútbol, no. Les gustan las fotos donde están todos de pie, cogiditos por la cintura y bien frontales. 

El álbum de juventud de una madre está lleno de fotos de este tipo: ella con sus amigas. Ella con las de los cursos de Extensión Agraria. Ella con sus primas. Ella con sus hermanas. Siempre en línea. Con sus pelos ahuecados y sus abrigos tres cuartos. Salir en las fotos solas, en cambio, les produce una especie de calambre. «Mamá, foto». Entonces dan un respingo. «¿A mí? Pues menuda hermosura. No me hagas fotos a mí». Y mientras dicen esto, ya están posando. A una madre no le gusta salir en fotos sola, salvo si hay una enredadera con flores grandes. Las flores tipo campanilla son su debilidad. Y siempre salen igual: Una mano en jaras, la otra sujetando una flor y mirada a cámara con una sonrisa triunfal como si la flor la hubiesen hecho ellas. 

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Nunca con la bata. | Museums Victoria | Unsplash.

Hay otra generación que no me fascina cómo salen ellos, sino cómo fotografiaron a sus vástagos. La gente que ronda los treinta ahora mismo seguro que tiene alguna foto de bebé peinado con el pelo de punta, gafas de sol y un cigarro en la boca. Supongo que los padres de esos niños, influenciados por una juventud que tuvo que esquivar la adicción a la heroína, tampoco veían tan raro fotografiar a su hijo como si volviese de un concierto de Eskorbuto. 

Nos reímos de la poca naturalidad de nuestros padres en las fotos, pero al menos saben cómo tienen que salir. Cero creatividad. Disparo seguro. Mi generación, perdón por el drama del primer mundo, siente mucha presión por la naturalidad que tienen los más jóvenes en las fotos, pero ¿qué le vamos a hacer? No hemos tenido una educación fotogénica. Lo más creativo que hacíamos cuando nos poníamos para una foto grupal era murmurar «Eeeeehhhh» como si esa bulla saliese en la foto. 

La versión cuqui del «Eeeeeh» era decir «Luís» o «Patata». ¿Patata? ¿A quién se le ocurrió esto? ¿Qué expresión bonita se que te queda en el rostro al articular los fonemas de PATATA? Otra cosa súper rompedora que hacíamos para posar en una foto era levantar un brazo como si estuviésemos preguntando algo en clase. Ese gesto en realidad significaba «En la foto no sale, pero está sonando un temazo». Y ya en mi tardoadolescencia se puso muy de moda saltar para salir flotando en el aire. Lo malo de esto era que le dabas al fotógrafo el poder de sacarte flotando en el aire, si hacía la foto a tiempo, o descuidarse y sacar a ocho o nueve personas con la pose de estar intentando mear entre dos coches. Un bello recuerdo para toda la vida. 

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¡Te-ma-zo! | Museums Victoria | Unsplash.

Se ha puesto de moda entre las muchachas jóvenes sacar muchísimo el culo, a lo Kim Kardashian. El mercado lo cotiza así: A más culo, más likes. Así que una pose recurrente es, con la braga del bikini subida hasta que duela, sacarse los cachetes para afuera y sentarse en el borde de la piscina. Miradita al suelo y melena hacia atrás. La vergüenza se puede ir de madre si la amiga fotógrafa no tiene mucha destreza y tarda demasiado en hacer las fotos. O si cuando la fotografiada las chequea, no se siente representada y le obliga a repetir, y repetir, y repetir…

Lo de que te toque un fotógrafo patán es una lacra. Los hay lentísimos y esos desesperan sobre todo a la gente que siente mucha vergüenza al ponerse delante de una cámara. Pones tu cara ensayada, el otro no dispara, y no dispara, y no dispara y tu expresión va cambiando de la felicidad de Espinete hasta ser Grumpy Cat. 

Luego están los fotógrafos fugaces. Estos están todos en los centros donde te hacen el psicotécnico para el carnet de conducir. Su herramienta de trabajo es la webcam. Llevas 10 años con la foto chunga en el carnet de conducir, deseando perderlo o que te lo roben solo para poder cambiar la foto, y nada. Por fin te toca renovarlo. Siempre llamo y pregunto si puedo llevar la foto ya hecha. La respuesta es «¡No! No te preocupes por nada, te la hacemos aquí mismo». Lo dicen con alegría de psicópata. Les da la vida sacarte con cara de culo. No me extrañaría nada que tuviesen un álbum con las fotos de sus clientes para echarse unas risas cuando tienen un mal día.

El caso es que lo del psicotécnico siempre lo afronto con mucha tensión y nerviosismo por el momento foto. «Esta vez no me pillan», pienso. Ensayo caras, me pongo una blusa que me favorezca, me pinto el ojo… Y de poco sirve. Cuando estás ahí desconcertada porque no encuentras el billete de 50 euros para pagar; cuando tienes cara como de estar aguantándote un bostezo; cuando te pilla con la guardia baja, esa persona de mediana edad parapetada tras un mostrador saca su webcam y «¡Mira aquí un momento! ¡Listo!». 

No hay posibilidad de recurso. Te fastidias con tu cara de haber comido mayonesa al sol 10 años más.

Inma Garrido

Periodista y editora freelance. Ahora escribe en la Guía Repsol, El Comidista y The Objective. Le gusta el flamenco, el jerez, comer y hablar de lo que come.