Humor, basura y gel hidroalcohólico: visita al Centro de Arte Dos de Mayo (CA2M)
Foto: Sue Ponce| CA2M

Cultura

Humor, basura y gel hidroalcohólico: visita al Centro de Arte Dos de Mayo (CA2M)

El CA2M se adapta a la realidad pospandémica con medidas de seguridad en sus dos exposiciones actuales, sobre el humor en España y sobre la comunicación y el poder

por Juanma del Olmo Piera

Si el medio es el mensaje, si existe correlación entre el continente y su contenido, el Centro de Arte Dos de Mayo de Móstoles (CA2M) es, esencialmente, periferia. Este museo atesora la colección de arte contemporáneo de la Comunidad de Madrid, y está a unos 22 kilómetros de distancia de la Puerta del Sol. Probablemente por esta razón, el museo no tiene el estatus célebre de los grandes del centro de la capital. De todos modos, célebre puede ser un sinónimo de popular, y popular, etimológicamente, se vincula con pueblo. Ahí, orgullosamente popular, el CA2M sobresale. Desde que Manuel Segade (A Coruña, 1977) llegó a la dirección en 2016, lo periférico ha sido central en el museo.

De algún modo, el CA2M ha funcionado como laboratorio de investigación de la contemporaneidad, con exposiciones que reflexionaban de forma crítica sobre la potencialidad política de los cuerpos, la teoría decolonial, la raza… Paralelamente, el centro ha tejido alianzas con asociaciones locales. Entre los frutos de esta colaboración está el huerto urbano de la azotea. Segade también ha puesto el foco en la pedagogía, con proyectos de formación como la Universidad Popular. Ahora, ante la pandemia de coronavirus, el CA2M ha tenido que evolucionar hacia otras direcciones.

Manuel Segade explica por correo a The Objective que, en el momento en el que el museo cerró sus puertas, la comunicación de la institución en las redes y en la página web se convirtió en programación. «Por eso hemos mantenido a todas nuestras trabajadoras y hemos inventado nuevos programas para poder retribuir por su trabajo a los agentes que participaban generando contenidos para nuestra programación», añade.

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Exterior del CA2M. | Foto: Estudio de Andrés Jaque | Office for Political Innovation

Cambios en el escenario

El museo mostoleño reabrió sus puertas el pasado 27 de mayo con las nuevas medidas de seguridad. En primer lugar, la restricción de visitantes a un máximo del 30%. Ahora, con la Comunidad de Madrid en fase 2, el máximo permitido se extiende al 50%. En cualquier caso, el centro es amplio y los espacios son diáfanos, así que el aforo no es un problema principal.

Una visita al museo pospandemia incluye cambios en el escenario: mascarillas, geles hidroalcohólicos, carteles con avisos... En el CA2M, las exposiciones que se programaron antes del estado de alarma continúan en su sitio, pero la atmósfera es más fría. No hay mamparas de cristal, pero la distancia de seguridad contrasta con el carácter cálido del centro.

El vestíbulo es un espacio de transición, inspirado en el antiguo zaguán de acceso a La Casona, el edificio del siglo XVII sobre el que se levanta el museo. Este espacio híbrido acoge las subversiones de El hematocrítico del arte, en las que el autor cambia el título a algunas obras clásicas y así las desacraliza. Es la carta de presentación de un museo que no se toma en serio la idea tradicional de museo.

A propósito de la misión de la institución, el centro ha publicado un texto titulado El CA2M después de la COVID-19. En el texto, Segade explica que uno de los objetivos de un museo de arte contemporáneo tiene que ver con captar el tempo del presente. Con este propósito apela a la heterogeneidad: “Un museo de arte contemporáneo –debido a su objeto cambiante, que atiende a un presente inmediato y que necesariamente ha de abrirse al futuro– está destinado a ser en sí mismo un proceso social. Un museo de arte contemporáneo no es una voz sino un coro de voces. No es un cuerpo, sino una forma coreográfica». Tras la pandemia, algunos profesionales han explicado, precisamente, la conveniencia de virar hacia un modelo de museo más social.

Lycamobile como paradigma

Una vez que se accede al museo propiamente dicho, dos carteles obligan al visitante a resituarse en la realidad. Uno es el cartel genérico de la Comunidad de Madrid, y el otro, específico, detalla las medidas que ha tomado el CA2M. Entre ellas está la retirada de auriculares en los vídeos de las exposiciones. En su lugar, se pide a los visitantes que traigan los suyos. El sonido del personal de limpieza afanándose con los ascensores funciona como banda sonora de este escenario de ausencias. Completa el bodegón un bote de gel hidroalcohólico, que preside las mesas de la recepción a modo de tótem.

En cuanto a las exposiciones temporales, ambas mantienen su duración (hasta octubre de este año). Una de ellas es Francesc Ruiz. PANAL, una muestra que gira en torno al estudio de procesos comunicativos. Hay quioscos, cómics y anuncios publicitarios. Con este tipo de elementos, el artista reproduce códigos globales de representación. Su mirada inspecciona el poder y el consumo a través de disciplinas como la psicogeografía, la sexualidad o la sociología urbanística. En el quiosco, las revistas no se pueden tocar por la COVID-19. Otra de las obras presentes consiste en la reproducción de un locutorio donde el logo de un operador móvil virtual, Lycamobile, se expande en serie. Lycamobile, con toda su banalidad, se reproduce como si fuese la célebre sopa Campbell reeditada, generando un horror vacui hipermoderno.

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Revistas en la exposición de Francesc Ruiz. | Foto: Sue Ponce | Cortesía del CA2M

La joya de la exposición de Ruiz es Three Streets, Three colors, la instalación de Ruiz diseñada específicamente para el atrio del museo. El atrio es un cuadrado de varios metros de altura donde el abigarramiento de anuncios y colores zarandea al visitante: letreros sobre servicios de mensajería, locales de comida rápida, cines porno, algún grafiti, centenares de flyers en el suelo que recrean la basura… El sentimiento es de vorágine, el espacio, trivialmente monumental.

Problemas en el paraíso de la digitalización y parches financieros

De este modo, Frances Ruiz examina el babel de la economía digitalizada con Amazon y Glovo como máximos exponentes. Durante el confinamiento, Internet también se ha revelado como un gran aliado de los museos. Muchas pinacotecas se han esforzado en llevar su arte a las pantallas y han permitido navegar por las salas, han publicado vídeos, catálogos online… Este éxito de la virtualización obliga a preguntarse en qué lugar quedará la experiencia física, aurática, de la visita a un museo.

Manuel Segade no cree que sea positivo que Internet engulla al museo: «Sin duda, lo virtual nos ha ayudado a seguir trabajando y a reinventar las formas de entender la programación. Pero necesitamos volver a poner los cuerpos en el mismo espacio, necesitamos una paulatina analogización de la experiencia, desautomatizar el proceso de digitalización de la experiencia de los museos».

Para que el sector de las artes plásticas y visuales vuelva a tomar impulso tras meses de parálisis también hace falta financiación. Preguntamos al director del CA2M sobre las medidas anunciadas por el ministro de Cultura, que causaron cierto revuelto en el sector: «Pertenezco a la junta de ADACE, la Asociación de Directoras y Directores de Arte Contemporáneo en España: como asociación nos hemos pronunciado duramente ante las medidas del Ministerio de Cultura. En el preámbulo del Decreto ministerial, el BOE hablaba de cómo el sector de las Artes Plásticas representa el 14,8% de la aportación al PIB del sector cultural. Ese es un dato incontestable. Las ayudas propuestas no responden ni de lejos a esa proporción».

Ante las exiguos apoyos anunciados por el ministro de Cultura, la Comunidad de Madrid anunció un plan de estímulo que incluirá 500.000 euros destinados a la compra de obras de arte. Segade sí aplaude la actuación de la Comunidad: «Formo parte de la asesoría de sus decisiones en cuanto a arte contemporáneo se refiere, así que por supuesto me parece que han actuado bien y rápido, que ha servido como efecto llamada para otras administraciones».

Risa y ritmo

La segunda exposición temporal en el CA2M lleva por título Humor absurdo: Una constelación del disparate en España. La idea es trazar una cronología del humor y el desvarío en nuestro país, desde las declaraciones locas de Dalí a la crítica corrosiva del semanario de los 70 Hermano lobo; desde el léxico trastocado de Mariano Ozores a lo performático en Chiquito de la Calzada. Y aquí, poca broma: la camisa de Chiquito se expone.

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Camisa de Chiquito de la Calzada en la inauguración de la exposición. | Foto: Sue Ponce y Patricia Nieto | Cortesía del CA2M

En esta muestra, el humor adopta muchos registros. Los orígenes grotescos se pueden rastrear en los aguafuertes de Goya o en el tenebrismo lúgubre de Gutiérrez Solana. De estas oscuridades se pasa a la inventiva de Ramón Gómez de la Serna. El collage es otra de las técnicas presentes en la exposición. En este terreno destaca Amparo Segarra, con obras que beben del arte pop.

Más cercano a la actualidad está el costumbrismo absurdo de figuras como Miguel Noguera. Hay también alguna viñeta de Forges y vídeos de Faemino y Cansado, sketchs de José Mota u Hora Chanante, así como un fragmento de Amanece que no es poco, la película en la que José Luis Cuerda se sirve del entorno rural para construir el disparate.

En definitiva, el humor sirve para evadirse de la realidad o hacerla más soportable, aunque sea retorciéndola. Una realidad que será distinta (no sabemos si exactamente retorcida) a la que conocíamos en todos los terrenos, también en las ferias de arte. Manuel Segade fue comisario de un programa público en la edición de ARCO de 2019. Preguntado sobre el futuro de este tipo de ferias masivas, opina que ARCO tiene ventajas sobre otras: «Su velocidad es lenta y está pensada para descubrir artistas. Quizá ahí está su mejor apuesta de futuro, atender a otro ritmo que no sea solamente la velocidad del mercado».

El ritmo. Probablemente será uno distinto en el arte contemporáneo en general. En cualquier caso, en la nueva normalidad lo crucial será que el arte continúe emocionando, agitando y suscitando la reflexión. En esta desaceleración, el CA2M puede funcionar como modelo, con varias líneas maestras de las que aprender: atención a lo local, interés social, formación e investigación con las colecciones, descenso de las exposiciones blockbuster… En definitiva, hacer del museo un ágora, y no un templo.