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Ilaria Tuti: "Los cuentos son para contar el mal a los niños; los thrillers, para contárselo a los adultos"

Foto: Penguin Random House

Comenzaron a llamarlo novela negra porque los libros siempre venían en tapa negra. La historia se remonta a la revista Black Mask y, por supuesto, la colección especializada de Gallimard. Pero fue Raymond Chandler, maestro de maestros, quien terminó de acuñarle el apodo en un ensayo. Si los editores compraron el concepto fue porque sus personajes son los más oscuros. En la frontera entre el bien y el mal navega la novela negra. Ilaria Tuti es la última noticia feliz para el género con su primera novela –Flores sobre el infierno (Alfaguara)–, que ya tiene una adaptación cinematográfica en camino. Una historia que ocurre entre las montañas y cuenta con los atributos esenciales del género –todo parte del hallazgo de un cuerpo con el rostro devastado, las cuencas de los ojos vacías– y una sorpresa de peso: entre sus páginas hay musicalidad y palabras escogidas con mimo, hay un cuidado de la prosa más allá de la narración efectiva de los hechos.

Ilaria Tuti: "Los cuentos son para contar el mal a los niños; los thrillers, para contárselo a los adultos"

Cubierta de ‘Flores sobre el infierno’ (Alfaguara).

Leo en tu biografía que vives en la montaña. Nunca he visto precisado en la biografía de un autor que viva en la ciudad.

[Risas] Sí, al editor le interesaba que se supiera mi origen [Friuli, fronteriza con Austria y Eslovenia] para conectarlo o relacionarlo con el libro. De hecho mucha gente me dice que las montañas son un personaje del libro. Y era un poco para señalar que estas montañas existen de verdad. Creo que es un elemento interesante para el lector. No me he inventado ninguno de los lugares: el pueblo existe, la quebrada existe, la zona de los lagos existe. Solo tuve que cambiar los nombres. Fue el editor quien me pidió que lo hiciera por un tema jurídico. Como era una historia muy particular en una comunidad muy pequeña, se corría el riesgo de herir alguna sensibilidad. La historia, por supuesto, es totalmente inventada.

¿Hasta qué punto te influye en la construcción de los personajes?

El entorno en el que naces y creces modela tu forma de ser. Somos un pueblo de pocas palabras, hablamos poco, reflexionamos mucho, mantenemos un fuerte contacto con la naturaleza a diferencia del resto de Italia. Venimos de un pasado muy agrícola, menos comercial. Mira, hubo un acontecimiento, el terremoto de 1976, que arrasó por completo toda la región. Se nos conoce por el esfuerzo de reconstrucción que se hizo. Solo pasaron diez años y ya no quedaba huella. Recuerdo lo que me decían mis padres y los ancianos del lugar: “Se comenzó a reconstruir el lugar cuando todavía se contaban muertos”. Eso dice de lo importante que es para nosotros la tierra, la casa, las raíces.

También se alimenta mejor el misterio cuando todo se produce en una comunidad pequeña.

Sí, sí. Primero, la ambientación de la montaña me pareció perfecta para el thriller porque crea unas sugestiones muy particulares. Me daba un poco de miedo hablar de esta pequeña comunidad porque temía que alguien se ofendiera. Finalmente no fue así. Muchos me han preguntado si la novela es una crítica a las pequeñas comunidades, una denuncia a la ley del silencio que se suele producir cuando un extraño llega a sus valles. Lo que pretendía es expresar la naturaleza del alma humana.

Está claro que existen unos mecanismos de protección hacia el exterior que psicológicamente funcionan. Existen tanto en las pequeñas comunidades como en las grandes. Basta con leer las crónicas de sucesos de una ciudad. Se ve que la comunidad de vecinos o el portero dicen que no saben nada. No lo admiten porque sería admitir que somos partícipes o culpables. Si reconoces que algo sabías sobre el tema, la siguiente pregunta es evidente: ¿por qué no hiciste nada?

¿Por qué te acercaste a la novela negra para contar la historia?

Por una parte, siempre he sentido interés por la cultura gótica. Una de las novelas que más me gustó cuando era pequeña fue Drácula, de Bram Stoker. No me atraían las hadas, no me asustaban las brujas. Por otra, creo que los cuentos son una forma de contar el mal a los niños y los thrillers, para contarlo a los adultos. Permiten incluir muchos temas cotidianos: la violencia contra las mujeres, la violencia familiar, la infancia violada por los adultos, el impacto del turismo poco respetuoso sobre las pequeñas comunidades, la pérdida de las tradiciones, los recuerdos del pasado, las enfermedades. Además de otros temas de psicología criminal que me interesan mucho. Por eso me acerqué a Donato Carrisi [autor italiano de novela negra]. Con él descubrí que ese podía ser mi camino.

¿Cómo armas el rompecabezas?

El thriller es matemáticas y, al final, las cuentas tienen que salir. Al comienzo aparece como una visión. Buscaba un personaje fuera de los esquemas. No estamos acostumbrados a encontrar esta líder policial [la comisaria Teresa Battaglia] en un thriller. Fue muy fácil construir ese personaje. También quería que el lector comprendiera la mentalidad del asesino y que sintiera empatía con él.

Suelo escribir de manera muy precisa. Construyo una escaleta con cada capítulo y su contenido. Incluso a veces se me ocurren unos diálogos o el final y ya me lo apunto. No quiero perder nada de lo que va surgiendo en mi mente. Te diré que esa escaleta equivale a la tercera parte del libro. Solo cuando el esquema funciona, llega la que es para mí la parte más agradable: la escritura. Ahí te puedes dejar ir porque sabes que la estructura aguanta y te puedes divertir.

Luego está el arte de caer en los clichés necesarios, pero sin pasarse de largo.

Claro. El lector se siente normalmente tranquilizado cuando encuentra los elementos habituales en el thriller. Si los eliminas por completo, corres el riesgo de desorientarlo. Hay unos cánones que hay que incluir y al mismo tiempo limitar. Es un juego y una aventura. Aunque nunca imaginé que fuera a convertirse en este éxito. Era algo imposible de prever. Mi editor suele decir que puedes escribir la historia más bella de este mundo, invertir todas las energías en la promoción, pero siempre existe lo imponderable: el boca a boca. Si eso no se produce, el éxito no llega.

El género tiene muy mala prensa entre los intelectuales, especialmente en la literatura. Basta con revisar el listado de premiados en los Nobel.

Creo que es un problema relativamente reciente. Mira Leonardo Sciascia o Umberto Eco. Para mí existe el reto de que una escritura bonita y unos contenidos buenos puedan existir también en la novela negra. Desgraciadamente, la acogida no es fantástica en ciertos entornos. Pero me lo tomo como un reto.

El título es bastante sugerente: Flores sobre el infierno. Entre la oscuridad del cielo y las estrellas, ¿con qué nos quedamos?

Yo veo las estrellas más allá de los nubarrones. No me gustan los blancos y los negros: me interesan más los estados intermedios. El título, en mi opinión, es bonito por ser un oxímoron que no te esperas. Están las flores, que te hacen pensar en la musicalidad y el poema, y está el infierno, que refleja mi interés hacia la mente humana, hacia lo que el hombre es capaz de hacer. Este es el motivo por el que escribo thrillers. Me dan la oportunidad de hablar de la psicología del ser humano, de lo que puede haber sufrido. A veces llamamos monstruos a seres humanos que simplemente han sufrido.

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