Política y conflictos

Jéssica Albiach: «Es el momento de que Junts per Catalunya se quede fuera del Gobierno»

por Rodrigo Isasi Arce

Con algunos de los líderes del procés aún en prisión, el independentismo dividido como nunca antes, y la desmovilización del voto constitucionalista, las elecciones catalanas de este año van a ser las elecciones de los pactos. Hablamos con Jéssica Albiach, la candidata de Catalunya en Comú Podem a la presidencia de la Generalitat, que tiene claro que «es el momento de que Junts per Catalunya se quede fuera del Gobierno y de que seamos capaces de entendernos entre todas aquellas fuerzas que queremos darle una salida progresista a Cataluña».

¿Cómo calificas la gestión del coronavirus por el Govern?

Lo que hemos visto es que la gestión que ha hecho el Gobierno de la Generalitat de la pandemia no es nada nuevo, desgraciadamente, a lo que llevamos viendo en la época prepandemia. Hemos visto peleas, batallas partidistas en el seno del Gobierno por ver quién ocupa la hegemonía del espacio independentista, y esto nos ha llevado a situaciones absurdas, como por ejemplo, a una falta de liderazgo evidente. Cuando estuvimos un mes y medio sin secretario de Salud Pública, cuando es el máximo responsable en epidemias y pandemias. Hemos visto una dejación de funciones o incompetencia.

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Foto: Enric Fontcuberta| EFE

Hemos visto el desastre de la gestión de las ayudas para los trabajadores autónomos y hemos visto también situaciones tan pintorescas como, por ejemplo, la rave de final de año de Nochevieja en Llinars del Vallès  cuando se tiraban los trastos a la cabeza el Departamento de Interior con el Departamento de Salud para ver quién atajaba aquello. La consecuencia fue más de 40 horas, centenares de personas sin ningún tipo de medidas y que además se fueron de allí sin ningún tipo de prueba para comprobar si tenían COVID. Por tanto, para mí ha sido una muestra más de dejación de funciones y de la incapacidad de este Gobierno por resolver las cuestiones cotidianas, entendiendo además la complejidad que supone la gestión de la pandemia, que es difícil.

Pero lo que no puede ser es esta falta de liderazgo que está acompañando durante toda la legislatura, que todavía se ha hecho más evidente durante la gestión de la pandemia y donde hemos visto que, desgraciadamente, no han cesado las batallas partidistas.

¿Qué papel juega Catalunya en Comú Podem en los posibles pactos postelectorales?

Los gobiernos de partido único, las mayorías absolutas, ya forman parte del pasado. Estamos viendo que esto no va de ganar las elecciones, no va de quedar primero, va de quién es capaz de tejer alianzas y de sumar con otras fuerzas. Lo vimos, por ejemplo, en las anteriores catalanas de 2017, en las que Inés Arrimadas, Ciudadanos, sacó 36 escaños que, realmente, durante toda la legislatura para poca cosa han servido, porque fue incapaz de plantear ninguna alternativa, ni siquiera de llegar a acuerdos con el resto de grupos parlamentarios.

Nosotras ya hemos dicho que no pactaremos con la derecha, ni con la derecha españolista de Ciudadanos y el Partido Popular, ni con la derecha catalana de Junts per Catalunya, que aunque a veces se quiera disfrazar de fuerza progresista, pues ya vemos en sus reacciones y sus hechos una fuerza de derechas.

Jéssica Albiach 1

Jessica Albiach habla con el vicepresidente del Govern, Pere Aragonés. | Foto: Quique García/EFE.

Por un lado está dando por enterrada la Mesa de Diálogo, que para nosotros es fundamental para poder resolver el conflicto político. Hemos visto durante la gestión de la negociación de los presupuestos, cómo nos costó arrancarle aquella reforma fiscal que es redistributiva, que va en el camino de apuntalar un horizonte verde, que es justa. Porque si al final hemos visto que los servicios públicos son imprescindibles y no pueden ser recortados, tienen que estar además bien financiados y la única manera de financiarlo es a través de los impuestos. En Cataluña, durante mucho tiempo, quien ha estado sosteniendo los servicios públicos han sido las clases trabajadoras.

Cuando se hablaba de que en Cataluña había una presión fiscal muy alta, era en las rentas que estaban centradas alrededor de los 30.000 euros. No estamos hablando de la gente que recibía herencias de más de un millón de euros. Por tanto, lo que pensábamos es que los ricos tienen que colaborar en el mantenimiento de los servicios públicos. Hemos visto posiciones conservadoras, también, incluso para negociar determinadas partidas del presupuesto, como la rebaja del 30% de las tasas universitarias o incrementar en 900 millones la partida de sanidad.

Además, hemos visto una deriva por la cual a personas que están en sus propias filas y que van en la lista parece que les sobran la mitad de los catalanes y las catalanas, básicamente, todas aquellas que no somos independentistas. Por tanto, yo creo que es el momento de que Junts per Catalunya se quede fuera del Gobierno y que seamos capaces de entendernos entre todas aquellas fuerzas que queremos darle una salida progresista a Cataluña y que además apostamos por la vía del diálogo.

¿Un posible pacto con ERC?

Somos los que somos, no nos podemos inventar otras fuerzas políticas que no existen. Si nosotras no estamos en el Gobierno, no hay cambio. Esquerra Republicana ha sido incapaz de hacer políticas de izquierdas con Junts per Catalunya al lado, o no se ha atrevido o no ha querido. Desde Esquerra Republicana la gestión de los presupuestos tampoco ha sido sencilla. Y por otro lado, vemos al Partido Socialista obsesionado en la busca y captura del voto de Ciudadanos.

Esquerra Republicana, por un lado, se acomoda con Junts per Catalunya y, el Partido Socialista en la búsqueda del voto de Ciudadanos, se acomoda también con políticas más conservadoras.

¿Qué significa ser de izquierdas en Cataluña?

En Cataluña, donde el eje ideológico está más a la izquierda que en el resto del Estado, parece que todo el mundo quiera ser de izquierdas. Para mí, sencillamente, ser de izquierdas es defender los intereses de las mayorías sociales, y aquí, una cosa es el discurso y otra cosa acaban siendo los hechos. Por ejemplo, para mí un hecho fundamental es que el Ayuntamiento de Barcelona ha puesto en marcha un operador energético público que es el más grande de todo el estado y que además, durante estos días de temporal, no sube los precios a las personas que lo tienen contratado. Para mí esto de ser de izquierdas, es decir, es entender por un lado, que de los bienes comunes no se puede hacer negocio, que hay que garantizar derechos básicos, no solamente la alimentación, el trabajo, un techo, pero además un techo digno, que además necesitamos igualdad de oportunidades.

En Cataluña, por ejemplo, tenemos un grave problema de segregación escolar, no solamente entre la pública y la privada, también dentro de la misma pública, porque hay publicas de primera y publicas de segunda. Estamos hablando también, por ejemplo, de blindar los servicios públicos y en concreto me estoy refiriendo a la sanidad. Tenemos un sistema sanitario que fue recortado salvajemente hace 10 años y buena parte de estos recortes fueron a parar a la primaria. De hecho, tres de cada cinco euros que se recortaron fue en primaria, cuando en realidad tendría que ser el corazón del sistema, porque no solamente tenemos que tratar la enfermedad una vez ya estás hospitalizado, sino que tenemos que trabajar en la medicina preventiva y también en la medicina comunitaria. Tenemos a unos profesionales sanitarios que directamente prefieren no venir a Cataluña porque cobran 700 euros menos que en Aragón, ya por no compararlos con el doble que cobran en Reino Unido.

Por tanto, para mí ser de izquierdas es eso, y también entender que los problemas políticos se tienen que resolver desde la política y en ningún caso se pueden judicializar, que también es un problema que estamos viviendo desde hace años.

¿Qué grandes cambios necesita Cataluña?

Necesitamos un Gobierno de la Generalitat que crea en la Mesa de Diálogo. Hemos visto como por un lado conseguimos que el Partido Socialista reconociese que había no un conflicto de convivencia entre catalanes, como decían ellos, sino un conflicto político entre Cataluña y España.

Necesitamos también un cambio en el modelo productivo. Estamos sufriendo un desmantelamiento industrial que es brutal, con la pérdida de miles de puestos de trabajo. Nuestra economía no está equilibrada.

Necesitamos basar una economía también en los cuidados. La economía del bienestar. Necesitamos, por ejemplo, transformar el modelo residencial, que ahora es más parecido al fordismo, cuando lo que necesitamos son instalaciones más pequeñas, con un trato personalizado a nuestros abuelos y a nuestras abuelas.

Necesitamos también sectores productivos que tengan un alto valor añadido. Yo creo que este también sería un cambio fundamental y sobre todo también enganchar con la transición ecológica y la transición energética. Igual que en el primer tripartito, con el president Maragall, que llevó adelante una ley de barrios para las necesidades de aquellos momentos, ahora lo que necesitamos es una nueva ley de barrios verdes, adecuada al siglo XXI.

¿Qué decir sobre los políticos catalanes en prisión y el planteamiento de una amnistía?

El problema nacional, por decirlo así, no solamente se reduce a la prisión de los políticos independentistas. Yo creo que hay que entender que solamente con la libertad de los presos no solucionaremos un conflicto de fondo enquistado durante muchísimos años. Por eso necesitamos una Mesa de Diálogo, un acuerdo que sea votado por catalanas y por catalanes y que este diálogo sea real y ya no solamente por causas humanitarias o por motivos jurídicos. Pensamos que se ha retorcido el Código Penal para poder acusarlos de sedición.

La libertad de los dirigentes independentistas se necesita desde diversos puntos. Hay tres vías encima de la mesa: están los indultos, la amnistía y la reforma del Código Penal para reformar el delito de sedición. En concreto, para llevar el delito de sedición a los estándares de otros países europeos. Es un delito de siglos pasados que ya no se ajusta y, además, la reforma también consistiría en que para que haya sedición tenga que haber violencia. De manera que esto permitiría de forma retroactiva la libertad de los dirigentes independentistas, pero que además también no solamente serviría para ello, sino que garantizaría derechos y uno de ellos es el derecho de manifestación, que también se ve amenazado por la interpretación tan restrictiva y tan retorcida que han hecho del tipo penal.

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Foto: Francisco Seco| AP.

Luego tenemos la parte de la amnistía. Para nosotras las tres vías son complementarias, pero sí que somos muy conscientes que la amnistía ahora mismo no suma los suficientes apoyos, no tiene suficientes cuotas.

Quedarnos solamente en la amnistía no nos solucionaría de manera inmediata la libertad de los dirigentes independentistas. Por eso estamos trabajando en las dos otras vías. Estamos viendo que aquí el Partido Socialista se está haciendo el remolón, no sé como decirlo. Digamos que no está agilizando todo lo que debería los trámites para poder llevar adelante los indultos y la reforma del Código Penal en el caso de los indultos.

¿La justicia en España es independiente? 

Yo creo que teóricamente hay separación de poderes, pero en la práctica lo que vemos es que tienen un sesgo. No todos los jueces, ojo, creo que hay de primera instancia, de instrucción, que hacen su trabajo fenomenal. Creo que tenemos un problema con la cúpula judicial. La cúpula judicial tiene claramente un sesgo reaccionario y conservador, y creo que durante demasiado tiempo ha intentado influir en las decisiones que se toman.

Pero creo que si alguien piensa que desde el Ejecutivo se puede influir en las decisiones judiciales, se equivocaría porque seguramente nos hubieran dado algunas investigaciones hacia el PP, por ejemplo, de casos que hemos visto. Aquí lo que vemos es que el Partido Popular está incumpliendo la Constitución, impidiendo esta renovación de la cúpula judicial que tiene a sus miembros con el mandato caducado. Tendría que ser una cuestión de democracia básica que no pueden seguir sin ser reemplazados por otras personas que respondan a los equilibrios nuevos que hay en el país.

¿Qué es para ti ser patriota?

Tenemos un lema que a mí me gusta mucho y que es: la patria es la gente. Cuando tú defiendes y trabajas por los intereses de las mayorías, cuando tú luchas y te dejas la piel, para transformar y blindar la sanidad pública, cuando tú quieres que todo el mundo, de Cataluña o de donde sea, pueda acceder a las mejores oportunidades.

Para mí ser patriota es defender que nuestros abuelos y nuestras abuelas, que hicieron posible el estado del bienestar que nosotros hemos sido dilapidando durante años, acaben los últimos años de su vida en unas condiciones no solamente básicas, sino dignas. Tienen derecho a la felicidad, no puede ser que estén como aparcados. 

Ser patriota es entender que si queremos unas instituciones, porque las necesitamos como país, no podemos degradarlas. Yo tengo claro que antes de entrar en política podía ser activista, pero es que ahora me pagan y me votan para que haga una función desde las instituciones. Es importante que como políticos entendamos que ser patriotas también es ser ejemplares en lo que hacemos diariamente, porque además la gente está harta de los políticos y no me extraña, si es que al final muchas veces les damos más problemas de los que ya tienen, cuando en realidad nos votan y nos pagan para justamente lo contrario, para acompañarles y ofrecerles soluciones.

¿Y qué decir sobre la posible entrada de Vox en el Parlament?

Aquí hay que ver por qué. Es importante ver las causas y luego ver qué hacemos. Lo hemos visto muy bien en Estados Unidos, un asalto al Capitolio. Es decir, si la extrema derecha de Estados Unidos se ha lanzado al Capitolio es porque el Partido Republicano, en general, ha sido condescendiente y le ha dejado hacer. Por tanto, y esto traducido a nuestro país, creo que el Partido Popular y Ciudadanos hacen daño al país, no solamente a sus propios partidos, porque al final ellos mismos son devorados por sus propios monstruos, sino que le han hecho un flaco favor a la democracia pactando con fuerzas de extrema derecha y naturalizando su existencia, con pactos, por ejemplo, como podemos ver en Andalucía, en Madrid o en Murcia.

Tenemos que ser realistas. Cuando Vox tiene 54 diputados y diputadas en el Congreso, yo no creo que haya tanta gente de extrema derecha en España. Es decir, que nosotros, como fuerzas democráticas, no hemos sido capaces de ofrecer una alternativa suficientemente atractiva para que la gente nos vote y que se haya generado este clima de antipolítica que ha acabado favoreciendo a la extrema derecha.

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Foto: QUIQUE GARCIA| EFE

¿A partir de ahora qué hacemos? Creo que es importante lo que está haciendo el Gobierno central con el escudo social. Creo que esta crisis necesitaba respuestas progresistas para dar una respuesta distinta a la de 2008 y por tanto, que la gente se sintiese protegida y que no hubiese una lucha del último contra el penúltimo. Pero más allá de eso, creo que también es interesante y necesario ofrecer un horizonte frente a la España rancia, conservadora, reaccionaria que ellos ofrecen.

Yo creo que, si finalmente vemos que Vox entra en el Parlament de Cataluña, lo ideal es un alianza democrática para no darles ni agua, para no llegar ni a un pacto con ellos. Tiene que ser básico, porque son los negacionistas de las violencias machistas, son los negacionistas del de la emergencia climática. Son los que quieren poner el pin parental. Son los que se niegan a que haya educación afectiva y sexual en nuestras escuelas. Son los que quieren seguir manteniendo los privilegios de los de siempre. Que la gente en ningún momento se piense que van a defender los intereses de las clases trabajadoras. 

Yo creo que además aquí el feminismo tiene mucho que decir. Para mí es uno de los principales movimientos democratizadores que tenemos ahora mismo y, ahora, discursivamente todo el mundo dice que es feminista, pero yo creo que hay que hacer feminismos no solamente desde lo discursivo, sino también en la práctica.

¿Y sobre el papel actual de la monarquía y Felipe VI?

A Felipe VI le he llamado el rey de los silencios. Por ejemplo, sobre los grupos que hablaban de fusilar a 26 millones de españoles, o incluso algunos saludos preocupantes que vemos en algunos actos, yo creo que él, como jefe de las Fuerzas Armadas, tendría que haber hecho referencia al tema. Tampoco fue justo en la Navidad de 2017, después de las cargas policiales que hubo en el 1 de octubre en Cataluña.

Yo creo que no representa a un cambio en lo que supone la monarquía. No estoy hablando en términos de corrupción. Hablando en términos de lo que representa. De hecho, me atrevería a decir que casi es más conservador que lo que era su padre. Pero en cualquier caso, yo creo que ahora mismo cuestionar la monarquía ya no va tanto de ser republicana o no, sino porque creo que es una cuestión de transparencia y ejemplaridad y de lo que le pedimos a nuestras instituciones.

Felipe VI elogia la "lealtad" del ejército a la Constitución en la Pascua Militar

El rey Felipe VI en la Pascua Militar de 2020. | Foto: EFE

La única manera que tendría la monarquía de recuperar una cierta legitimidad sería pasando por un referéndum. Y aquí lo que estamos viendo es que una cerrazón, un bloqueo en sí mismo o un aislamiento y una resistencia a lo que es la democracia. Creo que ha llegado a tal punto de cuestionamiento que no hay manera de recuperarlo si no es pasando por las urnas. Creo que aquí el CIS también le hace un flaco favor, no consultando a la ciudadanía y que tengan que ser los medios los que consulten o pregunten a la gente sobre cuál sería su modelo de jefe de Estado.

Por primera vez en la mesa del Congreso, los letrados han aceptado una comisión de investigación por las tarjetas black de la Casa Real y hemos visto como el Partido Socialista se ha aliado con el Partido Popular y con Ciudadanos para bloquearle. Me parece muy bien que el Partido Socialista sea monárquico, pero es que lo que está impidiendo es que se investigue un caso de corrupción. El rey Juan Carlos es un delincuente confeso. 

Rodrigo Isasi Arce

Periodista especializado en Defensa, conflictos armados, mundo arabo islámico y cooperación internacional. Viajero empedernido y fotógrafo aficionado.