Jorge Carrión: “La nueva normalidad es un nuevo subgénero del terror”
Foto: Pedro Madueño| Cedida por el autor

Cultura

Jorge Carrión: “La nueva normalidad es un nuevo subgénero del terror”

por María Jesús Espinosa de los Monteros

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El último año y medio ha sido la etapa más fecunda y creativa de su vida. Así lo confiesa el escritor barcelonés que combina la preparación de sus clases en la universidad con la escritura de sus artículos en The New York Times y La Vanguardia, la creación de una novela de ciencia ficción y la narración de su podcast Solaris sobre cultura contemporánea. Durante el confinamiento, por supuesto, ha vivido como cualquier humano sobre la faz de la tierra la tremenda sacudida que estamos experimentando. A diferencia de la mayoría de nosotros, este tiempo le ha servido para analizar minuciosamente un cambio de paradigma que ya se ha instalado entre otros de forma casi imperceptible. Lo viral (Galaxia Gutenberg), su último libro, ayuda a iluminar algunas zonas oscuras.

 

Dices que Lo viral es un ensayo fragmentado o un falso diario pero sincero. ¿Cómo abordaste la forma del libro y, necesariamente, debía ser híbrido?

La verdad es que no sé escribir en géneros puros y no sé ni siquiera si eso es posible. Empecé escribiendo un diario más o menos clásico pero rápidamente empezó a coger formas ajenas al diario como, por ejemplo, el artículo periodístico. Empecé a escribir mis artículos para The New York Times o La Vanguardia dentro de ese mismo documento de Word y en algún momento me di cuenta de que el presente no era tan interesante porque era un presente que estábamos viviendo millones de personas de un modo muy parecido y que lo interesante sería llevar a cabo una reconstrucción. Ahí es cuando el diario -honesto, sincero y real- se vuelve un diario con un componente fake, porque empiezo a reconstruir mis días y los días de la pandemia desde noviembre hasta marzo y aunque prácticamente no incluyo nada que no sea documental -sólo hay una pequeña entrada de ciencia ficción- sí que es cierto que hay una dimensión de imaginación porque, como digo, esas entradas de noviembre, diciembre y enero las escribí en marzo, abril y mayo.

Sí, de hecho, el diario tiene una estructura cronológica desde noviembre de 2019 hasta mayo de 2020 pero te permites algunas entradas del pasado y algunas del futuro, como comentas.

Me interesa el ritmo narrativo de los libros y, por tanto, recurro a las estrategias de la novela. Creo que Lo viral se puede leer como una novela corta y de pronto, supongo que porque he leído obras maestras como Aquí de Richard McGuire o porque el flashback y el flashforward están muy normalizados en las series de televisión, se me ocurrió que un modo de mantener al lector atento, implicado y hacerle guiños era dar saltos en el tiempo e ir, de repente, a los años 50 o a un día de la vida de Kafka o de mi propia juventud. Así, el lector que un diario tiende a saltarse la fecha tuviera que despertar, reaccionar y atender a las fechas y descubrir la particular estructura temporal del libro.

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Imagen vía Galaxia Gutemberg.

Háblame también de esa dicotomía que haces entre lo viral y lo clásico en el libro.

Hace ya tiempo que dejé de interesarme por el desarrollo teórico y exhaustivo de un concepto. Creo que me interesa más lo que hacen con los conceptos autores como Walter Benjamin o Susan Sontag que es trabajarlos en un texto breve y de un modo fragmentario sin intentar generar a partir de ellos ningún tipo de “gran texto académico”. Cada vez me interesa menos el discurso académico y prefiero más el ensayo creativo, libre, literario, metafórico, abierto. En ese sentido, Lo viral trabajó de un modo muy parcial y muy queridamente esquemático la oposición entre un modo de lectura clásico -que llegaría hasta el siglo XX y que todavía está vigente, aunque cada vez menos- y que cree en la profundidad, la memoria, en el concepto ‘obra completa’ y un modo de lectura algorítmica y que, en vez de ser cualitativa como la clásica, es eminentemente cuantitativa y que llamo ‘lo viral’. Es un concepto muy amplio y casi imposible de definir. En el libro me fijo en algunas de sus manifestaciones como, por ejemplo, las redes sociales, Youtube o algunas de sus encarnaciones más comunes como los memes o los fenómenos virales de series o de otro tipo. En el diálogo entre el storytelling y el big data, entre lo clásico y lo viral, está la zona más interesante de la lectura en nuestra época.

También dedicas espacio al periodismo y dices que el periodismo no trata sobre la velocidad, sino sobre la verdad. E incluso, afirmas que vivimos en la mayor época de alfabetización de la historia y que, sin embargo, es la época en la que menos nos preocupamos de discernir lo verdadero de lo falso. ¿Por qué?

Lamentablemente, tal y como se está configurando la dimensión digital del mundo, lo verdadero tendría que ver con la lectura clásica y el paradigma clásico y no con lo viral o algorítmico. Es posible que esto cambie. En estos momentos, por ejemplo, Facebook ha cambiado su algoritmo para privilegiar la visibilidad de los trabajos periodísticos que tengan reportería e investigación y datos contrastados. Pero durante los últimos años, Facebook privilegió la información compartida por amigos, familiares y círculos de confianza y eso, evidentemente, ha significado la proliferación de memes, noticias falsas y mensajes diseñados para apelar a los sentimientos y emociones y no a los hechos. Esto lo explica muy bien Alessandro Baricco en The Game; en el nuevo contexto de Internet, lo que más se comparte e influye no es aquello que ha sido contrastado o tiene densidad, es aquello que es ligero y leve y puede surfear por los píxeles a gran velocidad. Esto, por desgracia, tal y como está configurado el sistema no es compatible con el link que te lleva fuera de una web o del meme que estás consumiendo para verificar y formar tu propia opinión.

Durante el confinamiento leí Respiración artificial, la obra de Ricardo Piglia que cumple justo 40 años. Él la escribió pensando en la dictadura argentina pero no sé si ahora podemos leerlo pensando en la dictadura digital.

No lo había pensado así, la verdad. Piglia trabajó directamente con cuestiones vinculadas con la inteligencia artificial y la ciencia ficción en La ciudad ausente, a través de máquinas retrofuturistas, pero Respiración artificial -que es su obra maestra de ficción; los diarios serían su obra maestra de no ficción- es un libro que él escribe en plena persecución de la dictadura militar y que consigue, a través de juegos de diálogos del siglo XIX y con el memorable capítulo entre Kafka y Hitler, convertirlo en un relato universal que habla de las relaciones entre la cultura y el poder en todas las épocas. Si la dictadura digital fuese el equivalente a las dictaduras estatales de los siglos pasados, en ese sentido, en efecto, en Respiración artificial podemos encontrar claves de resistencia ante esa nuevo orden global.

Háblame de esa idea que repites tanto en el libro y que creo que es absolutamente cierta: la ciencia ficción como nuevo realismo.

Creo que fue viendo Black Mirror hace años cuando empecé a pensar en esta idea: Black Mirror me estaba contando mejor la segunda década del siglo XXI que las películas de Ken Loach o las novelas realistas. Ahí se me ocurrió que la realidad de hoy sólo puede contarse contando con la pantalla, incluyendo la pantalla y, de algún modo, pensando en la verdad que hay detrás de la máscara de la pantalla. En el libro hay una especie de curva emocional e intelectual que lleva de esa noción a la idea de la nueva normalidad como un subgénero del terror.

En el libro hay otra idea que se ha repetido durante estos meses: la enfermedad no es fruto del azar sino de nuestras decisiones como seres humanos, ¿Crees que es un proceso reversible?

Viendo las noticias estos días en donde todo el foco está puesto en la negociación de ayudas millonarias para la recuperación económica hay pocos datos para la esperanza porque supongo que el problema de fondo tiene que ver con nuestra salvaje explotación de los recursos del planeta. Es por ello que los virus se han descontrolado y lo que sería urgente es un pacto internacional para controlar las salvajes acciones que llevamos a cabo en el mundo natural. Mucha esperanza no albergo. Pero en los libros de David Quammen sobre los virus o de Donna Haraway sobre el Chthuluceno o de Bruno Latour sobre el nuevo orden climático hay pistas sobre qué deberíamos hacer para poder controlar ese caos brutal en el que nos encontramos pero, como digo, no veo en las acciones políticas demasiadas razones para la esperanza.

Por último, la Covid-19 es el primer virus viral, valga la redundancia: biológico y tecnológico. ¿Qué supone esto si lo comparamos con otros virus de la historia?

Esa fue la primera idea que provocó todo el libro porque conforme avanzaba la epidemia, los temas de mis artículos se volvían inválidos y tenía que pensar rápidamente en otros temas. Ahí llegué a la intuición de que un virus -la biología- iba a acelerar la digitalización del mundo. Vi cómo todo el mundo estaba utilizando muchísimo Netflix, Zoom, WhatsApp, Skype, etc. Junto con esa intuición llegó otra complementaria: se trata de la primera pandemia en tiempos de internet y redes sociales. El ébola no llegó a pandemia y para hablar de algo similar hemos de irnos al sida que fue previo a redes sociales. Así que vi claramente que era un fenómeno que viajaba a la misma velocidad por el mundo físico que por el virtual y, por ejemplo, hablo de esa cuenta de Twitter de humor en el que el virus habla en primera persona, sobre vídeos de Youtube o lo que denomino la estética Zoom que representa bien el núcleo conceptual de lo que estamos viviendo.

María Jesús Espinosa de los Monteros

Apasionada de la radio, los podcasts, la literatura y el cine. Una vez hice una tesis doctoral sobre R. W. Fassbinder. También tengo dos Premios Ondas.