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Jorge Comensal: “Si no pudiéramos reírnos de todos los detalles absurdos que salpican nuestra vida, la existencia sería insoportable”

El escritor publica en España 'Las mutaciones', una novela que define desde el humor, cómo una mutación genética no solo cambia el destino de nuestros cuerpos sino también de la vida a nuestro alrededor

Foto: Lola Estudio | Editorial Seix Barral

Despertarse un día sin poder pronunciar palabra, sin poder volver a alzar un vaso tequilero para exclamar ¡Salud! o comerse un taco de cochinita pibil junto a toda la felicidad que puede desarrollarse en un bar. Así es como empieza la primera novela del escritor mexicano Jorge Comensal (México, 1987).

En Las mutaciones (Seix Barral, 2019), el autor se introduce en la vida familiar de Ramón Martínez, un hombre que un día se quedó sin habla al ser diagnosticado con cáncer en la lengua. Pero Las mutaciones no es una novela sobre la enfermedad, es una narración activa en clave humorística sobre cómo entender las cosas que nos pasan, donde el azar se convierte en hilo conductor de lo comprensible o lo incompresible de la vida.

La clave de la novela de Jorge Comensal radica en una prosa limpia y en la cantidad de personajes que enriquecen la historia de Ramón Martínez: su familia; los rezos de Elodia, esa señora que limpia su hogar; el alma melancólica de su oncólogo, el doctor Aldama; y, por su puesto, Benito, un loro que dice una cantidad de frases incorrectas que cualquiera en el mundo quisiera decir pero que no se atreve, ese álter ego de un hombre que padece de un cáncer de lengua. “No mames”, le dice Benito al ver a Ramón vestido con un poncho de lana de colores que lo asemejan a Chavela Vargas.

Las mutaciones está escrita en clave humorística, pero entregándose a lo agridulce que puede ser el azar con la palabra cáncer.


Partiendo del título de la novela: ¿Mutamos para ser peores? ¿necesitamos mutar?

El título de la novela tiene dos sentidos: uno de ellos estrictamente científico, genético, relacionado con las “mutaciones” azarosas que sufren nuestros genes y que determinan el destino de nuestro organismo; el otro sentido es metafórico: se trata de una historia de mutaciones familiares, psicológicas, laborales, financieras. Cambios imprevistos que ponen todo de cabeza, y que dan lugar a situaciones imprevistas como la llegada de un loro grosero al hogar de Ramón, el protagonista. Muchos cambios en nuestra vida carecen de explicación y de propósito; suceden por accidente, al azar, sin necesidad; esos cambios carecen de porqué. Tienen causas físicas, pero no tienen propósitos humanos. Esas son las mutaciones.


Es un libro coral con mucha información médica, más allá de la ficción, ¿cómo investigaste para este libro?

Leí muchísimos libros y artículos sobre medicina, genética, evolución, oncología, cirugía, psicoterapia; escribir esta novela fue una forma de satisfacer mi enorme curiosidad sobre esos temas científicos. Para mí, el saber científico es una herramienta para lidiar con la incertidumbre y apaciguar la angustia de no entender por qué pasan las cosas. Dediqué mucho tiempo a documentar cada aspecto científico de la novela, con el propósito de enriquecer la ficción con relatos apasionantes como la historia milenaria de ciertas mutaciones genéticas.

El cáncer como forma de mutación del cuerpo. ¿Por qué quisiste escribir acerca del cáncer en clave humorística?

Quise explorar los aspectos cómicos de la vida que ni siquiera una enfermedad tan desafiante como el cáncer puede opacar. Si no pudiéramos reírnos de todos los detalles absurdos que salpican nuestra vida, la existencia sería insoportable. Para soportar el cáncer, para desafiar sus efectos ominosos sobre nuestra mente, propongo que nos acerquemos a él con seriedad, pero también con irreverencia.

Jorge Comensal: “Si no pudiéramos reírnos de todos los detalles absurdos que salpican nuestra vida, la existencia sería insoportable”. 1

Imagen vía Editorial Seix Barral


¿Es el humor la única forma que tenemos de abordar una enfermedad tan abrupta y sin cura?

No creo que sea la única, pero sí la más saludable. El humor permite apaciguar el miedo, y enfrentar la enfermedad con mejor ánimo. El estado de ánimo puede ayudar muchísimo a sobrellevar un padecimiento como el cáncer, e incluso nos puede ayudar a superarlo.

Los personajes que padecen cáncer son humillados por su cuerpo y por eso se diferencian cuerpo/mente. “El cuerpo es mío pero no soy yo” afirma Eduardo, por ejemplo. También los demás personajes reflexionan sobre sus propios cuerpos, tabúes y cómo nos vinculamos con él. ¿La novela plantea un cambio de pensamiento con respecto a nuestra obsesión con el cuerpo? ¿Cómo vemos la como la vida y la muerte a partir de allí?

En la novela me interesaba desafiar el dualismo que separa cuerpo y mente. Ramón, el abogado que protagoniza la historia, experimenta numerosos cambios “mentales” a partir de ese cambio corporal que significa perder la lengua. La lengua tiene un doble sentido inextricable: es órgano y discurso al mismo tiempo, carne y verbo, músculo y discurso. También me interesa la forma en que nuestra cultura moraliza el cuerpo: le otorga valores de bondad o maldad a sus partes y sus enfermedades. La ciencia nos ayuda a desafiar también esa forma de relacionarnos con nosotros mismos. No hay partes buenas ni malas del cuerpo, no hay células “malignas” sino defectuosas.

A pesar de ser una novela que se sitúa en México, varios personajes temen a la muerte. A nivel mundial se piensa que los mexicanos son mucho más elevados para entender la muerte o el duelo. ¿Es un mito?

Es cierto que en México existe una tradición festiva alrededor de la muerte, una forma irreverente, bulliciosa y colorida de recordar a los seres queridos, e incluso de anticipar nuestra propia muerte con calaveras sonrientes y poemas ingeniosos. Yo quería dialogar con esa tradición popular a través de una novela que abordara la muerte sin tanta solemnidad. El temor a la muerte es humano y universal, lo que me parece singular de la cultura mexicana es la forma en que se manifiesta, a través del canto y la broma.

La clave humorística también te permite hacer una crítica al sistema sanitario, siendo el capital lo que prevalece ante la humanidad de un enfermo. ¿Por qué era necesaria la crítica? ¿La corrupción impregna los sistemas gubernamentales como las mutaciones al cuerpo?

Me interesaba contar en la novela las formas de la angustia producida por la dimensión financiera e inhumana del tratamiento médico, tanto en el ámbito público como en el privado. Hay algo perverso en el hecho de que la medicina funcione como un negocio, y de que la posición económica de una persona determine la calidad de la atención médica que reciba. Se trata de una desigualdad oprobiosa que las personas vivimos con mucha angustia. Endeudarse para salvar la vida, o padecer la precariedad del sistema sanitario público, son experiencias que también me interesaba abordar literariamente.

Has tenido muy buenas críticas en México con esta primera novela y ha llegado tres años después a España. ¿Qué esperas del lector español a diferencia del lector mexicano?

Sólo espero que en España puedan apreciarse también la naturaleza escandalosa de las groserías que grita el loro Benito. Habrá una mayor distancia con respecto a las costumbres mexicanas retratadas en la novela, y eso seguramente, propiciará lecturas novedosas que me encantaría conocer.

 

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